lunes, octubre 07, 2013

La Rambla, los dibujantes y el modelo de opresión de Barcelona

Foto de Ivano Schiavinato
La creciente turistificación en Barcelona, unida a la política de privatización del espacio público seguida por el Ayuntamiento de la ciudad, están provocando la estandarización de los rincones barceloneses y encorsetando las vidas de los ciudadanos, hacia quienes debería crecer la ciudad.

Hubo un día en que Barcelona era esa ciudad de ricos señoritos industriales que todo país industrializado creaba tras de sí. La ciudad se ponía guapa para sus señores ricos, pero en realidad pertenecía a la gente de sus calles. Los comercios estaban dirigidos hacia la gente que allí vivía y el transporte público, escaso aunque de masas, se extendía como una red hacia las necesidades de quienes vivían en la ciudad. Como en cualquier otra urbe, en definitiva. Una Barcelona a la que una huelga de tranvías podía paralizar.

domingo, septiembre 15, 2013

La magnitud de la tragedia: desahucios y números

Foto de Juanedc
Desde que la burbuja inmobiliaria estallara a finales de 2007, y con ella se iniciara la crisis de legitimidad sistémica que estamos viviendo hoy, se está visualizando el problema de la vivienda como un hecho transversal a todos los estratos de la sociedad. A este cambio en la mentalidad social, que antes veía la vivienda principalmente como un problema de acceso de determinados colectivos -jóvenes, familias monoparentales, etc.- ha contribuido indudablemente la acción llevada a cabo por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, un movimiento social surgido de los alrededores del Observatorio DESC de Catalunya y que ha encontrado en los colectivos 15M las sinergias para maximizar su acción. 

martes, septiembre 10, 2013

Cinco libros sociales y una extraordinaria recomendación

Resulta que Oscar Mateos, admirado africanista y muy interesante bloguero, anima al que suscribe a compartir cinco libros sociales que me hayan gustado últimamente. Si alguien tiene verdadera vocación de librero es aquel exlibrero que ve ya muy lejos sus años rodeado de estanterías mientras intentaba estudiar y trabajar al mismo tiempo. Es decir, yo mismo.

Por eso, aquí van cinco libros muy recomendables sobre cuestiones sociales de gran actualidad. Cosas que uno no debería perderse si tiene la oportunidad de acceder a ellos:

martes, marzo 26, 2013

La III República vive en mi armario


Foto de Sophoco
Cuando era estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, un grupo de compañeros y yo decidimos organizar un debate monarquía/República en el salón de grados de la facultad. Organizábamos bastantes debates y conferencias a lo largo del año, y aquél parecía tan fácil de montar como cualquier otro. Normalmente los ponentes que escogíamos estaban encantados con la oportunidad de hablar en una Facultad que tenía fama por lo activa y lo movida que siempre estaba. Nadie jamás nos llegó a pedir cobrar dinero por venir, excepto un editor que, obviamente, se quedó en su casa.

A la hora de escoger ponente que pudiera defender el bando republicano tuvimos que ser muy cuidadosos. No queríamos a alguien anclado en los conceptos de la II República, un guerracivilista más, que nos replicara los eternos –y necesarios- debates de vencidos y vencedores. Terminamos por contactar al ponente que consideramos más adecuado, quien aceptó sin ningún tipo de duda, y rechazando los múltiples ofrecimientos que recibimos cuando buscábamos nombres adecuados.

Pensábamos que el escoger a un ponente monárquico sería sencillo. Al fin y al cabo, el orden constitucional no hacía tanto que se había establecido, y muchos de los excompañeros de política de profesores nuestros habían estado metidos de lleno en la restauración borbónica del 78. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que, uno a uno, los ponentes iban rechazando la invitación de debatir sobre el tema. Incluso rehusaban simplemente defender la monarquía borbónica sin necesidad de establecer un diálogo con el defensor de la república. Ni tan siquiera la que luego sería ministra y que venía de una de las familias más afectas al régimen osó situarse en esa posición. Llegamos, a la desesperada, a llamar por teléfono a la casa real, indicando nuestra solicitud de un ponente. La respuesta aún fue más esperpéntica: “Eso tendrá que hacerlo… un duque o un conde… pero aquí no podemos ayudar”.

Tal fue nuestro bochorno ante la situación que suspendimos el acto y declaramos el debate ganado por los republicanos por incomparecencia del rival. 3 a 0 y nuevo orden político, vamos.

La reflexión que tuvimos en aquellos días es que aunque la monarquía borbónica es nuestro régimen político actual, no existían verdaderos defensores de ella desde el punto de vista politológico moderno. Debe ser difícil defender un régimen donde lo importante es de dónde saliste, no de dónde viniste. Todo lo contrario que la República que, más allá del debate histórico y guerracivilista, encuentra defensores en las diversas áreas de la Ciencia Política o la Economía. Pero, si miramos al ámbito público, a la agenda del debate político de nuestro país, ¿está el régimen borbónico en entredicho?

El Caso Noos y otros casos judiciales de corrupción política han sacado a la luz los tejemanejes de la familia real para la obtención de prebendas económicas y la asignación sin concurso de contratos públicos. A raíz de este tipo de corruptelas se está poniendo en cuestión cualquier acción de Juan Carlos que hasta ahora pasaba desapercibida. Ya sea la caza de elefantes en Botsuana, la voluntad de llevarse consigo a una persona íntima a los viajes oficiales, o incluso se cuestiona su papel como embajador económico del país –curiosamente nunca hablaba de servicios públicos y Estado del Bienestar cuando iba de visita oficial, ni se llevaba a los gerentes de las empresas públicas españolas para que pudieran aprender y enseñar en otras empresas públicas de otros países.

El Caso Noos ha sido paradigma de la defensa de la restauración borbónica que han realizado todos los medios y personajes públicos de este país. Notable fue que todos los suplementos dominicales de un domingo de noviembre de 2011 –en el primer momento bajo del juancarlismo- llevaran monográficos de diversos tipos alabando la figura de Juan Carlos y, tangencialmente, de Sofía. Como notable está siendo ahora la nomenclatura que utilizan los diarios del régimen borbónico para referirse a las acusaciones o insinuaciones de Diego Torres en el tribunal. Mientras que los correos de Torres apuntan claramente a Juan Carlos, los titulares periodísticos le refugian en el nombre más genérico de casa real.

Con todo, a pesar de que el sentir general de la ciudadanía está en la indignación para con el régimen borbónico, el debate público comienza a girar en torno a la figura de la abdicación o la sucesión, y no en torno a la figura del cambio de régimen. Tal es así que cuanto menos lo esperemos Juan Carlos firmará la abdicación o fallecerá y el debate público –de inagotable luto- terminará coronando a su hijo Felipe, quien heredará un país y unas prebendas políticas y económicas como quien hereda un huerto.

Es momento, por tanto, de configurar un espacio público republicano en España. De que comiencen a surgir figuras públicas de –hasta ahora- privado republicanismo y que se posicionen públicamente a favor de un cambio de régimen. De que giremos el debate público monárquico, centrado en la figura del juancarlismo, y comencemos a realizar ese debate monarquía/República que nunca fuimos capaces de organizar. Los monárquicos están en los medios de comunicación de masas, y los republicanos estamos metidos en el armario.

En esta estrategia las redes sociales han de poder romper el medio de comunicación tradicional. Por eso, desde aquí, se ofrece una propuesta centralizada y otra descentralizada para realizar una acción que, suficientemente grande, incida en los medios tradicionales. Ambas consisten en la realización de vídeos de menos de 1 minuto, colgados en YouTube y difundidos en las redes sociales (#YoSoyRepublicano) donde la persona en cuestión afirme “Yo soy republicano”. Por el lado descentralizado, consiste en que todos los ciudadanos que se quieran sumar cuelguen su vídeo y lo difundan por sus redes sociales, utilizando el hashtag antes mencionado. Sería bueno establecer un día concreto de subida de estos vídeos, para aumentar el impacto. Por el lado centralizado, necesitamos a alguien que sea capaz de recoger las grabaciones de diversos personajes públicos, gente del mundo de la política, la cultura, el deporte, el periodismo, etc. que se sienta republicano y quiera salir del armario.

Con esta acción se podría iniciar a romper el muro del debate público que se ha creado en torno al republicanismo. A partir de aquí surge la necesidad de estructurar un argumentario republicano actual, dejando atrás el debate sobre la II República que ha capitalizado la derecha monárquica. 

jueves, febrero 14, 2013

¿Afecta la corrupción a nuestro nivel de participación política?


Foto de Daquella Manera
Presionar la tecla F5 para recargar la página web del diario elegido se está convirtiendo en ejercicio de obligado cumplimiento en España. A cada golpe de falange, el lector descubre un nuevo escándalo de corrupción en sus instituciones políticas. Los titulares impactan, por mucho que a Mariano Rajoy le tengan sin cuidado, y el clima del todo vale está  dando paso, poco a poco, a un clima de indefensión de la ciudadanía, ayudado por los conflictos bancarios con las hipotecas –que afectan principalmente a las extintas clases medias. Vivimos en sociedades dependientes de su gobierno político, y si no existe el imaginario puente de autocontrol entre gobernantes y gobernados, la relación se rompe dejando paso al desamparo.

Acompañando a los titulares sobre corrupción política últimamente vemos en los medios de comunicación diversas expresiones de movilización. Desde los movimientos sociales de cariz político hasta las iniciativas solidarias de bocadillo callejero. Todos juntos, con un aspecto positivo pero también negativo, nos harían pensar que tras la corrupción viene la tempestad de la movilización y la tan ansiada –por muchos- sociedad comprometida con su política. Esta relación que percibimos entre a mayor corrupción mayor movilización política ¿es realidad o es fruto del efecto altavoz de los medios de comunicación y las redes sociales?

A la hora de participar políticamente, la única manera de contabilizar dicha participación consiste en los votos electorales. La participación electoral, la posibilidad real de que una sociedad cambie de gobierno –con las limitaciones que cada ley electoral pueda tener- es real, y es aquí, digamos, donde uno se juega el partido –en el más amplio sentido de la palabra.

En el ejemplar de Enero de 2013 de la Revista Internacional de Ciencia Política (International Political ScienceReview), editada por la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA), se publica un artículo de los investigadores Daniel Stockermer, Bernadette LaMontagne y Lyle Scruggs, de la Universidad de Ottawa en Canadá, titulado Los sobornos y los votos: Elimpacto de la corrupción sobre la participación electoral en las democracias

Estos investigadores han realizado un modelo de análisis basado en datos de participación electoral e índices de corrupción realizados por diversas instituciones. Pretenden resolver la pregunta antes planteada: El electorado, ¿se moviliza para expulsar (o para apoyar a los corruptos) o la abstención y la desmotivación se acentúan con la corrupción?

Definen la palabra corrupción como malas acciones privadas entre la política y los intereses económicos. Lo que abarca el clientelismo, el nepotismo, la financiación secreta de partidos y los vínculos abiertos y públicos entre dirigentes políticos o funcionarios y el ámbito privado. Interpretan el hecho corrupto como una brusca interrupción de la democracia y la consiguiente pérdida de legitimidad del sistema político.

El estudio observa variables tanto de carácter institucional –leyes de voto obligatorio, tipo de sistema electoral, grado de importancia de la elección-, como de carácter socioeconómico y contextuales –tamaño del Estado, grado de competencia del sistema electoral. Y tiene como variable dependiente el porcentaje de adultos que vota en cada elección nacional, la participación.

Desde este punto de partida, los autores han observado 343 casos, con sobrerrepresentación de países occidentales, pero donde han tenido cabida desde países con un índice muy elevado de corrupción –como Honduras- hasta países con un grado de control de la corrupción muy elevado, como los nórdicos.

Los resultados del modelo, que en mi opinión están bien fundamentados, son claros. Existe un impacto negativo, significativo y substancialmente relevante de la corrupción en la participación electoral. Hasta el punto de que cada punto ganado en el control de la corrupción hace aumentar en otros seis puntos la participación.

El estudio tiene en cuenta el caso de España, desde 1986 hasta 2008. Pero entre esos 343, España aparece desapercibida y diluida. ¿Se reflejan estas conclusiones en los datos particulares para España?



No se tiene aquí ni el tiempo, ni seguramente capacidad, para replicar el complejo modelo de los autores exclusivamente para España. Y por otro lado éstos sólo ofrecen resultados globales de su modelo. Sin embargo, si analizamos los porcentajes de participación electoral en las elecciones al Congreso de los Diputados y la percepción de la corrupción como un problema primordial para los españoles(en la figura), vemos dos cosas interesantes.

La primera, que la percepción de una situación análoga en cuanto a la corrupción y su coincidencia en el tiempo con unas elecciones generales trajo consecuencias en la participación muy diferentes. En 1996 los índices de percepción de la corrupción eran muy similares a los de 2011, pero la participación se incrementó –ni siquiera un punto- respecto a las elecciones de 1993. Sin embargo en 2011 la participación bajó hasta niveles que no se conocían en los últimos diez años.

La segunda, que los dos declives más pronunciados en la curva de la participación vienen asociados a momentos en donde la percepción de la corrupción era bien diferente. Si en 2000 la corrupción no era vista como un problema, en 2011 la cosa cambió hasta niveles de percepción de 1996.

En ambos periodos electorales -2000 y 2011- donde la corrupción fue interpretada como un problema, el PP logró victorias que ya se podían prever durante las campañas electorales. Son momentos en los que el PSOE no logró convencer al electorado para lograr la responsabilidad de gobierno. Se podría decir entonces que la movilización política de izquierdas se ve atenazada e incapaz de resolver los problemas con la percepción de la corrupción entre su potencial electorado.

Si asumimos, como parece evidente, que las movilizaciones sociales que a día de hoy existen son primordialmente de carácter izquierdista, podemos presuponer que el efecto altavoz y el clima de la necesidad del cambio político en la dirección del país están muy relacionados. Y que a diferencia de los titulares de los diarios, la realidad es que la sociedad está desmovilizada y desarticulada políticamente ante el desamparo al que las instituciones políticas le han sometido. Importantes lecciones para cualquier movimiento político de izquierdas que pretenda en un corto plazo ser protagonista del cambio de dirección política de España. Tanto el modelo canadiense, como las observaciones más sencillas de nuestro pasado reciente, invitan a no fiarse del tamaño de letra del titular periodístico o la cantidad de Trending Topics semanales y a hacer más hincapié en el color de la papeleta que se tire a la urna. Toquen cuando toquen las próximas elecciones.

miércoles, enero 30, 2013

Los círculos de seguridad y la reforma de la sanidad


Foto CC de phalinn
En su libro, La doctrina del Shock, la periodista de investigación Naomi Klein hace un símil entre la organización de la Bagdad ocupada y el sistema de protección que las políticas neoliberales están organizando tanto a escala global como local.

La llamada Zona Verde, consistía en un una ciudad bunkerizada, construida dentro de la ciudad de Bagdad, en donde se alojaban y trabajaban los empleados de las grandes corporaciones invitadas a gobernar Iraq tras la invasión estadounidense de 2003. Alrededor de este bunker, un sistema de seguridad privada y pública se encargaba de controlar los accesos y las incidencias. Más allá del muro sólo había bárbaros.

Los bárbaros, en realidad, eran los ciudadanos y ciudadanas de Iraq. Los mismos a quienes pertenecía ese petróleo, ese servicio de aguas, esa sanidad, ese sistema educativo, y todos los demás elementos estatales que en la Zona Verde se encargaban de comprar, vender y negociar en bares con aire acondicionado y whiskeys de más de doce años. Se creaba así un círculo de seguridad entre los ciudadanos y ciudadanas normales y aquellos gestores encargados de la administración.

En estos diez años el proyecto neoliberal ha logrado provocar la caída de otros países que ni siquiera imaginaba. Grecia, Portugal, Irlanda, España o Italia. En lo que constituye sin duda el avance geopolítico más importante, todos estos países han sido abiertos en canal por la factoría friedmanita, quien ha logrado imponer sus tesis frente a las peticiones keynesianas de más control que se hicieron al inicio de la crisis.

Una de las consecuencias de esta venta al mejor postor de todo lo público ha sido el caramelo de la Sanidad Pública. En España existía desde hace ya tiempo un sistema de cobertura universal, por el que todo el mundo –con residencia legal o no, con empleo remunerado o no-tenía derecho a ser atendido en toda la estructura sanitaria española. Pero utilizando la táctica clásica de comunicación política que podríamos llamar el aprovechao, el gobierno de Mariano Rajoy ha logrado tirar los muros de la sanidad universal y construir otros.
En nombre de una supuesta racionalización y control del aprovechao, se ha roto la universalidad en pos de la creación de diferentes niveles de acceso. Simplificando el decreto ley, en España sólo tendrán acceso a la sanidad pública los ciudadanos españoles y aquellos extranjeros que tengan residencia legal.
Ante estos hechos algunas Comunidades Autónomas han decidido dar un paso al frente y anunciar que ellos sí que atenderán a todo el mundo. Fue el caso de Cataluña, que en plena orgía de amputaciones al presupuesto de su sanidad pública –con escándalo de corrupción incluido- afirmó que en su jurisdicción todo seguiría igual. La realidad es que no.

En Cataluña la reforma sanitaria no ha provocado el mantenimiento de la universalidad, sino la construcción de dos círculos de seguridad más que se añaden a los dos círculos dentro/fuera que ya creaba el Decreto Ley de Rajoy. Se tiene que advertir que una Comunidad Autónoma no es competente para decidir sobre la universalidad, rota por un Decreto Ley. El sistema catalán, como veremos, es un avance respecto a la denigrante legislación española, pero un retroceso si miramos de dónde venimos. También aquí encontramos la implantación de la cultura del aprovechao para justificar la estructura en círculos de seguridad.

El objetivo de la reforma no es otro que mantener atendidas al mayor número de personas posibles. Sin embargo, y dado que no existen controles fronterizos entre Cataluña y sus comunidades vecinas, lo que se impuso aquí fue el miedo a que el no residente en Cataluña tenga como hobby venirse a Barcelona –por ejemplo- a operarse de todo aquello que no le operan en Zaragoza.

Elaboración propia
Por eso, como se puede ver en el gráfico, la reforma sanitaria catalana crea dos círculos más de inclusión/exclusión. Por un lado aquellos migrantes que no trabajan –porque estén ilegales o porque no se han dado de alta en el INSS- pero que tienen un empadronamiento continuado en Cataluña de tres meses tendrán una tarjeta sanitaria catalana que les dará acceso a una asistencia primaria. En caso de que necesiten pasar a la especializada, un comité decidirá sobre su caso.

El siguiente nivel de seguridad consiste en aquellos migrantes que no trabajan, igual que los anteriores, pero que pueden demostrar un empadronamiento continuado en Cataluña de un año. Estos tendrán una tarjeta sanitaria que les permitirá acceder a la atención primaria y a la especializada.

Podría parecer un mero trámite administrativo. Pero el empadronamiento de los migrantes, sobre todo en situaciones de no regularidad, es un camino de difícil recorrido. Los cambios de casa son constante, los abusos que sufren por parte de sus caseros o de quienes le alquilan una habitación, las dificultades que les ponen los propietarios de las casas para realizar el trámite del padrón, los desempadronamientos sin su conocimiento… todo esto hace que la presentación de un padrón continuado de tres meses sea en muchas ocasiones complicado. No digamos ya de un año.

En caso de pérdida del empadronamiento continuado, el migrante tiene que volver a empezar su recorrido desde la casilla de salida. Esto es, volver a empadronarse –periplo que puede tardar unos tres meses en muchos casos-, esperar a estar tres meses empadronado y, sólo entonces, solicitar la tarjeta de atención primaria, esperando a tener un año para conseguir la tarjeta de atención especializada.

Este volcado de energías y recursos en controlar quién tiene o no tiene acceso al sistema sanitario se realiza, precisamente, en un momento en que la estructura de la Administración pública está en retroceso. Parece poco o nada lógico, en términos de eficiencia, emplear las energías del sistema en controlar su acceso y no a controlar otros aspectos del sistema que podrían tener un impacto más profundo en su mantenimiento.

Nos dedicamos a transformar el exiguo Estado de Bienestar que teníamos en un Estado del control. Un sistema burocrático encargado de controlar puertas de acceso que beneficia en última instancia, o al menos no perjudica, a un pequeño grupo de ciudadanos que se encuentran en el centro de los círculos concéntricos y que mantienen su posibilidad de escape frente a la catástrofe –social, económica, política, sanitaria, educativa, etc.- perfectamente intacta.

Los caminos están marcados, y hoy la construcción de la ciudadanía se realiza desde la pertenencia a diferentes círculos de seguridad. Uno puede estar en el primer círculo sanitario, pero en el tercer círculo educativo y en el segundo círculo de ciudadanía política. Se construyen diferentes productos políticos dirigidos al público preeminente, aquel que se encuentra más en el centro de todos los círculos concéntricos de seguridad. Aquel que, en el fondo compra los productos políticos a través de las elecciones y la participación política, tan culpable como el decisor político de este Estado del Apartheid invisible que estamos viendo construir hoy día.