jueves, diciembre 23, 2010

La Nueva España del Partido Popular

Como buen partido de la oposición que se ve ganando las próximas elecciones, el Partido Popular de España ha decidido que hay que reformar la Constitución de 1978. Como digo, no es novedad, pues ya en 1995 el Partido Popular exigía al último gobierno de Felipe González una reforma de esta norma por haberse "quedado obsoleta". Obviamente, en cuanto subió al gobierno se olvidó de todo. Justo en el mismo momento en que vio los esfuerzos que cualquier gobierno ha de hacer para liderar un cambio constitucional, incluida la disolución de las cortes tras un referéndum sobre la reforma.

Este tic no es exclusivo del Partido Popular. El Partido Socialista Obrero Español también llevaba en su discurso de 2003-2004, cuando era oposición, el cambio constitucional. Eran momentos entonces en los que, quién los había visto, el PP se oponía a cualquier retoque en la norma fundamental del derecho español, alegando que tocar la Constitución era romper España y utilizándola en su estrategia de arrinconamiento político de los nacionalismos vasco, catalán y gallego. José Luis Rodríguez Zapatero proponía una revisión de la Constitución para, entre otras cosas, cambiar los derechos de sucesión de la corona que priman al varón. Cambiar la Constitución para darle la corona a la hija primogénita de unos señores, bisnietos y nietos de reyes que apoyaron y legitimaron dictadores e hijos de otro señor que fue colocado por un régimen dictatorial era, entonces, de izquierda y feminista. Por supuesto, una vez entró en la Moncloa, Zapatero se olvidó del asunto y el PSOE dejó de promulgar su supuesto izquierdismo y feminismo constitucional.

Ahora el PP huele a triunfo. Las elecciones generales de 2012 están, como quien dice, a la vuelta de la esquina. Y, por tanto, es hora de proponer reformas constitucionales que apoyen su visión de España. En estas está el laboratorio de ideas del PP, la FAES, fundación dirigida por el ex-presidente José María Aznar. La propuesta, como cabría esperar de los tiempos que corren, consiste en reducción presupuestaria y reformulación territorial. En el informe La descentralización de competencias en las CCAA en España. En este informe se propone reagrupar Comunidades Autónomas entre ellas, y algunos Ayuntamientos, con el fin de racionalizar económicamente este despropósito que es el Estado de las Autonomías. Qué cada uno se sienta de donde quiera, pero todos juntitos y sin diferencias económicas.

Esta vuelta al estado centralizado es una propuesta que, en principio, podría atacar directamente los intereses de esos nacionalismos antes mencionados aquí y que desde el PP se empeñan en calificar de nacionalismos periféricos, como si el nacionalismo español de ellos fuera el único y central nacionalismo posible. Sin embargo, la propuesta de reagrupar las autonomías podría ser bien acogida en el seno de estos "problemas de España". Así, Cataluña podría agruparse con la Comunitat Valenciana y las Islas Baleares y Aragón, creando una gran Comunidad Autónoma que, si bien algunos llamarían Països Catalans + Aragó, en realidad sería volver a la Corona Aragonesa.

También se podrían reagrupar, ahora que la izquierda abertzale parece predispuesta a legalizarse, la Comunidad Autónoma del País Vasco con Navarra y La Rioja. Si se iniciasen las gestiones con Francia para la cesión del País Vasco Francés, tendríamos una Euskal Herria dentro de España, algo insospechado hace unas fechas.

Y, puestos a unir, que el Bierzo se lo quede Galicia. O, ¡qué demonios!, que se quede con la provincia de León entera. Total, la gran Castilla volverá a surgir tras la unión de Castilla y León (sin León), Castilla La Mancha y la Comunidad de Madrid -qué regusto para su Presidenta. Andalucía se podría quedar con Extremadura y Murcia -alguien se la tenía que quedar- y de rebote también con Ceuta y Melilla, en una Comunidad Autónoma nueva que se llamaría, lógicamente, Comunidad Autónoma de Al-Ándalus. Faltaría por repartir Asturias y Cantabria, que se unirían en la Comunidad Autónoma del Turismo Madrileño.

Algunos ya se habrán dado cuenta, nos falta por repartir las Islas Canarias. Tan lejos de la península son complicadas de juntar con otra autonomía. De manera que desde aquí se propone negociar un Tratado de cesión de la soberanía por 70 años a Inglaterra y Alemania. Ellos tienen más dinero y, total, la mitad de las islas ya son suyas.

¿Qué me dicen? Mola este mapa del medievo español ¿verdad? ¡Viva la España de las 6 autonomías!

viernes, diciembre 10, 2010

Tribulaciones de un hombre en tierra

¿Qué tal el puente? ¿Ha salido bien? Si viajaste en coche, seguro que no tuviste problemas. Si fuiste en avión, habrá sido como volver al servicio militar: muchas preguntas, más desconcierto, pocas respuestas y sargentos chusqueros abriéndose paso allá donde les mandan. El valor, claro está, se le supone. Y la comida tampoco sería gran cosa.

Siempre que sale por la televisión un conflicto laboral me estremezco. Es importante mantener una cierta distancia con tanta historia humana que sale en las noticias. Máxime cuando éstas siempre refuerzan la posición del patrón/institución pública. Ya pasó con la huelga de metro de Madrid, que salía Esperanza Aguirre (o la cólera de dios) a la palestra diciendo que estos pocos trabajadores habían “secuestrado” una ciudad -como si eso se pudiera hacer- cuando en realidad era la Comunidad de Madrid –el patrón- la que había secuestrado el Derecho a la Huelga de sus trabajadores intentando imponer unos servicios mínimos que casi implicaban a más personal del que había contratado en un día normal.

En el caso de los controladores –y controladoras- aéreos las cosas no siempre son como nos las explican en la tele. No digamos ya como las explica el Gobierno. Cuanto menos, en un conflicto así merece la pena echar un ojo a ver qué dicen esos pequeños demonios que controlan el espacio aéreo de este país. Y lo puedes hacer de manera bien sencilla, a través de este blog o de este post.

Por lo que parece, el colectivo de controladores y controladoras, además de tener un portavoz sindical sexy –que fue lo único que pareció quedar claro con su huelga del mes de agosto-, tiene problemas laborales bastante complejos. Básicamente, que su jornada laboral va más allá del límite físico exigible para una persona del siglo XXI. Cierto que en el XIX se trabajaban más horas, pero también había revoluciones todos los días, epidemias por todas partes y un Rey que vivía sin importarle lo que pasara en su reino que… bueno, las cosas tampoco han cambiado tanto.

AENA, el organismo estatal que se hace cargo del control de los aeropuertos y del espacio aéreo –unos puntos verdaderamente estratégicos para cualquier Estado actual-, ha visto cómo se han multiplicado las necesidades laborales de un colectivo como el de los controladores. Ahora, eso es cierto, existen muchos más aeropuertos por la geografía nacional. En total, 48. Nada más y nada menos. Pero al parecer no han aumentado la plantilla de controladores.

Por el contrario, la solución de AENA ha sido la de subir el precio de la hora extra. Haciendo que los trabajadores de cualquier torre de control cobren lo que cobran –que se dice que es mucho, que puede ser menos pero que, en cualquier caso, está por encima de la media-, pensaba AENA que ya todo estaba solucionado. El mensaje de estos días ha sido simple: los controladores hacen horas extras porque les da la gana.

Si alguno de Uds. trabaja –que con tanto millón en el paro ya no sabe uno cómo se comportan sus lectores- habrá comprobado que generalmente las horas extras no se hacen queriendo. Se hacen porque no queda más remedio. ¿Se imaginan una torre de control donde a todos los controladores se les cayera el lápiz al sonar el timbre? Sí, sí. ¿Se imaginan a cualquier controlador dedicando las mismas horas de trabajo efectivo que, pongamos por caso, una conocida mía que es funcionaria del Ministerio del Aire? Más de uno y más de dos no cogían el avión.

A esta situación el Gobierno, que es el responsable de AENA, ha contestado mandando a hacer puñetas los derechos laborales de los controladores. El viernes día 3 de diciembre –con un par- el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio de Fomento, Sr. Pepe Blanco –y en botella-, aprobó un decreto por el que los controladores de AENA debían devolver las horas de baja que habían tenido durante el año. ¡Devolver horas de baja! Es decir, que si Ud. es controlador o controladora y ha tenido un hijo durante 2010, cogiéndose sus correspondientes días de baja, los cuales son un derecho de todos los trabajadores de este país, ha de hacer como si no contara y volverlos a trabajar. ¿Qué tuvo un resfriado en el mes de febrero que le tuvo con fiebre una semana en casa? Pues ahora esa semana me la trabaja de nuevo. Ellos te lo pagan, no vaya a ser que tengas de qué quejarte o los llames esclavistas.

Los controladores, en el momento de conocer el decreto, actuaron de manera irresponsable y mandaron a tomar vientos la convocatoria legal de huelga. Desconozco por qué estos señores tienen un sindicato diferente, propio, y no se integran con otros sindicatos de sus compañeros de AENA, pero lo que está claro es que su legitimidad sindical ha perdido mucha fuerza por culpa de una acción que, aunque comprensible, no estuvo bien medida.

Ahora son ellos los malos de una película que se televisa en todas las pantallas de las salas de estar de España. Son ellos los que han acabado, sin previo aviso, con las vacaciones del español medio –algo intocable desde que el mundo es mundo y a España la gobernaba Franco-, los que amenazan la fecha de Nochebuena y Navidad y los que han hecho que los focos se desvíen del incompetente Ministro.

Porque es el Sr. Blanco, una vez más, quien habría de pagar los platos rotos. Es él quien se los ha cargado siendo incapaz de gestionar un conflicto laboral en un departamento de su Ministerio. Es él quien ha vuelto a sacar a los tanques a las calles, ocupando la casilla inmediatamente inferior a la de los Señores Tejero y Milans del Bosch. Es el PSOE quien ha hecho de farolero en esta juerga de la privatización que se está produciendo en todo lo público en España, impidiendo que un cuerpo laboral bien pagado, como el de los controladores, se vea incrementado justo cuando piensa vender esa empresa a algunos de los 37 empresarios más influyentes del país.

No sé a Uds. pero a mí este conflicto abierto durante los días de asueto nacional me han servido para acercarme a la realidad de unos trabajadores y trabajadoras que podrán cobrar en un mes lo que yo en un año, podrán tener su propio sindicato, podrán fallar en su forma de reivindicar sus derechos pero que, en el fondo no dejan de ser trabajadores con los que en muchos aspectos me puedo sentir identificado. Harán más huelgas, me dejarán sin volar, o con retrasos, me perderé fiestas familiares por culpa de ellos y me acordaré por tanto de todos sus muertos, pero sabré que quien tiene la culpa lleva corbata y se dice llamar Ministro. Al final van a hacer bueno eso de “líbreme dios del PSOE, que del PP me libro yo solito”.

lunes, noviembre 29, 2010

Microanálisis electoral

Una vez finalizadas las votaciones y hechos los recuentos, a expensas de los clásicos sacos de voto por correo, ahora vienen los análisis. En cualquier sitio les dirán que CiU ha ganado las elecciones con una mayoría suficiente. También escucharán análisis sobre los descalabros del PSC y ERC, el ascenso del PP, cómo Iniciativa ha logrado salirse más o menos airosa, la sorprendente irrupción de SI y el éxito de C’s. Parecía increíble hace unos años, pero el Parlament de Catalunya comienza a ser un arco multipartidista. Debajo de esos análisis que encontrarán por todas partes, existe un microanálisis mucho más interesante.

Comenzando con un toque siniestro. ¿Sabían Uds. que el partido de Carmen de Mairena (sic) ha sacado más votos que el partido de Rosa Díez? ¿Sabían, de hecho, quién es Carmen de Mairena? Estas dos opciones bizarras se han hecho con 6.982 y 5.293 votos respectivamente. Una derrota increíble para un partido como el de Rosa Díez, UPyD, con un Diputado en el Congreso y otro en el Parlamento Vasco, empeñado por tanto en hacerse un hueco a nivel nacional a través de la crítica política no propositiva. Sus sesudos análisis post-electorales no se han hecho esperar y, cómo no podía ser de otra manera, la autocrítica no se contempla. Si la gente no vota UPyD es porque está enferma. Visto lo visto Rosa Díez, o en su defecto el candidato de UPyD en Catalunya, ex de C’s, debería ponerse morros de silicona. Así, al menos, haría gracia.

Siguiendo con este ataque de frikismo electoral, podemos centrarnos en Escons en blanc, un partido cuya única promesa electoral consistió en que, de ser elegidos, no se presentarían nunca al Parlament. Absentismo parlamentario, como si lo hubieran inventado ellos y no Felipe González. Esta opción política se hizo con unos extraordinarios 14.000 votos en la provincia de Barcelona. Aunque su mensaje casi no caló más allá y con sólo 18.000 votos en total no obtuvieron ningún escaño del que desertar.

De los partidos extraparlamentarios, el que más revuelo ha causado durante la noche electoral es Plataforma X Catalunya (PxC). Un partido xenófobo, cuyo principal argumento político es la expulsión de los inmigrantes, apoyado por la extrema derecha europea –cuentan con un crédito de 100.000€ de los fascistas austriacos- estuvo durante gran parte del recuento ganando 4 diputados por la provincia de Barcelona. Al final, el corte del 3% de votos para poder acceder al reparto de escaños los dejó fuera y sitúa, a día de hoy, el límite que separa el fascismo de las instituciones de Catalunya en 12.733 votos. Ni una persona más ni una persona menos. Pero más allá de las cuestiones estadísticas, en mi mesa electoral ha habido 14 personas que votaron por PxC. Eso significa que, en mi calle, en un barrio barcelonés de gran porcentaje de población inmigrante y obrera, podría haber 14 vecinos que son xenófobos. El drama se cierne sobre nuestras cabezas y el debate sobre la inmigración o es omitido por los partidos de centro, o utilizado demagógicamente por la derecha o directamente omitido y sustituido por el buenismo por las izquierdas. Y así pasa, que al final dejamos que el PP lidere el mensaje sobre inmigración y que PxC se encuentre a la puerta del castillo y haya comenzado a cruzar el foso. Sólo 12.000 votos, 14 personas en mi calle.

Y las izquierdas. Existe un chiste muy viejo que dice que si juntas en una habitación cerrada a 2 miembros del Partido Comunista durante una hora, al salir tendrás dos partidos comunistas y ambos se acusarán entre sí de revisionistas. Ahora, además, tienen la costumbre de ver el vaso medio lleno cuando, en realidad, la cosa está jodida para ellos.

En anteriores entradas hemos hablado sobre la ausencia de propuestas desde la izquierda a un momento de crisis de legitimidad económica, social y política. En Catalunya ha surgido una nueva opción política en la candidatura Des De Baix en la que se integran partidos como Izquierda Anticapitalista, Corrent Roig y Lluita Internacionalista. Como pasa siempre que se juntan varios proyectos de izquierdas, se hace ruido en la calle y hasta en algún medio. Esta candidatura pareciera que, sin ningún tipo de aspiraciones de entrar al Parlament, cuando menos si se configuraba como un nicho de votos de izquierda indignados con los partidos grandes como ERC o Iniciativa y muy cercana a los movimientos sociales.

Al costado de Des De Baix, otras opciones de izquierdas más clásicas o tradicionales de los comicios electorales, como el Partit Comunista del Poble de Catalunya, el POSI (Partido Obrero Socialista Internacionalista) o la Unificación Comunista de España. De todas estas fuerzas de izquierdas, sólo Des De Baix tiene más votos que ese nivel crítico de ridículo que constituye el partido de Carmen de Mairena (CORI). Y no se crean que los superan por mucho. Mientras que el CORI obtiene 6.982 votos en total, Des De Baix recibió el apoyo de 7.169. Una fina barrera de 187 votos entre hacer el ridículo y salvarse por los pelos, pero muy lejos de esos 13.858 que obtuvo la siguiente fuerza política por encima de Des De Baix: el PACMA o Partido Animalista.

Grandes contrincantes para la izquierda minoritaria, como ven. Pueden o hacer el ridículo o duplicar sus fuerzas para quedar por encima de un partido cuyo único punto en el programa son los animales.

Justo por debajo de esa línea del ridículo encontramos al partido de los Piratas. Un conglomerado electoral que mezcla la libertad de empresa y el acceso a la cultura en su programa electoral ha estado a punto de alcanzar al CORI con 6.489 votos. Vemos también que hay más pensionistas que comunistas de los pueblos de Catalunya, 3.198 por 2.942, y que -¡oh, dios mío!- el Partido Aragonés cuenta con 97 votos en la provincia de Lleida. Si ya me sorprende que estén en el gobierno de Aragón…

Ya, por último, quisiera hacer una especial mención para aquellos partidos de los amigos. Aquellos Democraticaweb, Partit de Justicia i Progrès, Alternativa Liberal Social y Solidaridad y Autogestión Internacionalista, que obtienen entre 84 y 42 votos. Tener tantos amigos más allá del Facebook, hoy día, debería tener recompensa.

domingo, noviembre 21, 2010

Jernigan, de David Gates

Escoger un libro por su contraportada. Todo el mundo sabe que esa técnica tiene un riesgo muy alto. Pero, a la hora de la verdad, todos lo hacemos. Es más, los hay incluso que eligen un libro por la portada adecuada. ¡Malditos editores con gusto! En este juego, los de Libros del Asteroide se llevan la palma. Portadas como la de Calle de la Estación, 120 hacen que te lances irremediablemente a su lectura. Además, cuando la historia acompaña, como en dicho libro de Leo Malet, todo parece perfecto.

Sin embargo, sea como sea, a veces no se acierta. O al menos no del todo. Eso pasa con Jernigan de David Gates. [Seguir leyendo sobre Jernigan, de David Gates]

lunes, noviembre 08, 2010

La estrategia difusa de las izquierdas

Llevamos ya varios años hablando del proceso de crisis. Tantos que la crisis que comenzó siendo económica, ha respondido con una crisis en todos los aspectos del ámbito de la vida. Generalmente, durante otras crisis, la inseguridad económica se traducía en el aumento de confianza de las personas hacia otras instituciones sociales o políticas. En este sentido, de las crisis económicas salían reforzadas las organizaciones políticas o sociales que, acompañando a las personas en la incertidumbre de la crisis, creando espacios de confianza, habían logrado asumir nuevos ámbitos de legitimación.

No se confunda el lector de este blog con la clásica dicotomía –y ya convertida en mitología social- “crisis (económica) de derechas y soluciones (sociales) de izquierda”. De las crisis del capitalismo del siglo pasado, que fueron muchas, salió fortalecido el propio sistema, adaptándose a la nueva situación surgida de la crisis y estableciendo acuerdos espaciotemporales que permitieron su transformación y adaptación, generalmente fortaleciendo electoralmente al aparato político de la derecha. La prueba histórica más clara de esto es la victoria de De Gaulle tras la crisis de Mayo del 68. Aún así, siempre ha habido espacio para la rehabilitación de la izquierda y el pensamiento transformador de la sociedad y del sistema y, en ocasiones, ha habido situaciones de crisis en donde el electorado de izquierdas se ha visto reforzado.

Sea como sea, la crisis económica que comenzó en 2007-2008 ha terminado por traspasarse a los ámbitos político y social, multiplicando las crisis hasta el punto de no dejar títere con cabeza. En España, al menos. Nuestra predisposición a participar en sociedad en algún tipo de organización, a hacernos responsables del ámbito social o político de nuestras vidas, ha caído en picado tras las pocas, nulas o fallidas respuestas que hemos encontrado durante estas crisis.

La Huelga General del 29 de Septiembre de 2010 no fue, en absoluto, un éxito. Los medios de comunicación cercanos al gobierno, por supuesto, no apoyaron los mensajes de la huelga. Los medios de la derecha y oposición, lógicamente, tampoco. Pero más allá del mensaje político de las portadas de los periódicos, la huelga no tuvo una repercusión real en la vida laboral de las personas porque los sindicatos oficiales (CCOO y UGT) no supieron cómo ocupar el espacio de incertidumbre que la crisis económica había creado. Los trabajadores y trabajadoras que decían representar llevaban esperando contestaciones de las centrales sindicales a los problemas de la crisis desde que esta comenzó hará ya tres años. La respuesta no llegó ni en tiempo ni en forma y esta deslegitimación de la representación sindical ha sido aprovechada por gobiernos de la derecha ultraliberal para cuestionar el sistema a favor suyo, tal como aprovechó en su día la huelga de metro para cuestionar el derecho a la huelga en los servicios públicos.

Las centrales sindicales se han mantenido dormidas durante estos tres años, impidiendo que la población canalizara a través de ellos el enfado y la frustración que la multiplicación de ERE’s y demás tretas de los grandes empresarios estaban desarrollando en los peores momentos de la crisis económica. Su deslegitimación se acentúa más cuando uno se para a comprobar que no han sabido adaptar su activismo sindical a un sistema capitalista que, desde hace ya más de veinte años, viene generando beneficios con la destrucción de empleo y ha convertido el salario en un gasto deslocalizable más. Su reflexión, ausente de los centros de trabajo y donde no se escucha ninguna voz discordante, ha caído en saco roto.

Tampoco la izquierda política de proyecto más transformador ha sabido hacerse con este espacio. Desde las protestas mayoritarias contra la Guerra de Iraq, Izquierda Unida y otros proyectos de izquierdas no parlamentarios, han pretendido canalizar este esfuerzo colectivo por intervenir en la vida política. Pero no lo han conseguido. Y principalmente no han sabido hacerse con esta legitimación por haber actuado como catch-all party o partidos atrapalotodo, intentándose sumar a cualquier iniciativa social que supusiera un mínimo cambio en la sociedad sin pararse a reflexionar cómo se integraría esta reivindicación dentro de un programa político global de transformación social, económica y política. Con la suma de tantos lazos de colores, la izquierda formal ha camuflado su identidad de las identidades de quienes no quisieron o no tuvieron el espacio para reivindicarse dentro de la formación política. Así podemos observar paradojas políticas como la reivindicación del internacionalismo junto con la de nacionalismos periféricos.

Casos como el del viaje del eurodiputado Willy Meyer al Sahara Occidental, donde pretendía realizar labores de testigo de la represión marroquí ponen de relieve la urgente necesidad de repensar la izquierda oficial. Es bien sencillo, hoy, ponerse el lazo solidario con la población del Sahara. Allí existen claramente dos bandos definidos y la alineación con el bando más débil y la reivindicación aparentemente más justa es un mensaje político sencillo y fácil de realizar en tanto no requiere ni de una posición política fuerte ni de una reflexión colectiva. Sin embargo, ya no es tan sencillo ser capaces, como izquierda formal, de realizar tareas de apoyo a los trabajadores y trabajadoras que se ven afectados por un ERE, donde la compañía multinacional, además, negocia contratos de permanencia en el territorio con las instituciones públicas, y donde tus votos se ven en juego en tanto en cuanto la mesa de negociación del ERE la forman también trabajadores cualificados que no se ven afectados por dicho ERE y que constituyen una bolsa de votos urbanos de izquierda muy apetecible. Ante esta dicotomía, tenemos una izquierda formal congelada, la parlamentaria y la extraparlamentaria.

Es más sencillo obtener una carta de apoyo firmada por Noam Chomsky y demás intelectuales de izquierda global, indignarse con cualquier problema internacional, admirar las huelgas y resistencias francesas o perseguir la paz mundial que la que lograr paralizar un ERE. Y en esas estamos. Sin política, sin organización y con la crisis debajo del brazo.

lunes, octubre 25, 2010

Seis sospechosos, de Vikas Swarup

Salir del trance del primer éxito es una prueba que no todo el mundo sabe soportar. Cuando tenía apenas 11 años saqué un 10 en matemáticas, una disciplina quetradicionalmente, si es que se puede hablar de tradiciones cuando uno tiene sólo 11 años, no había sido la mía. Quizás porque de repente le encontré la lógica, quizás porque alguien me lo supo explicar bien o porque los astros se alinearon de forma especial. Fuera lo que fuera, el 10 en matemáticas, el primero, causó una presión insoportable ante el siguiente examen. Que la siguiente nota fuera un 8 supuso un golpe duro. La nota era buena, mejor que la media de los anteriores exámenes, pero la caída del cajón de la perfección hizo que me supiera a polvo. En cualquier caso, la presión de mantenerse en la excelencia había caído y con esa libertad me pude dedicar a estudiar como siempre y olvidarme de los astros.

Así pues puedo comprender lo que ha tenido que ser la escritura de Seis sospechosos para Vikas Swarup. Este diplomático indio no tiene por profesión la novela. Es más una afición, muy compartida históricamente por los miembros de la carrera diplomática, que terminó por granjearle un éxito y notoriedad mundiales. Con su primera novela Slumdog Millonare o ¿Quién quiere ser millonario?, recibió todo tipo de elogios. El éxito de la película basada en la novela hizo que se multiplicaran sus ventas. Y ante ese 10, Swarup continuó escribiendo. [Seguir leyendo sobre Seis sospechosos, de Vikas Swarup]

miércoles, octubre 20, 2010

La piel fría, de Albert Sánchez Piñol

Existen libros a los que resulta complicado acercarse precisamente por todos los elogios que se han escuchado sobre ellos. “El corazón de las tinieblas catalán”, le llamaban. Un libro de aventuras capaz de soslayar la moral puritana y complaciente de la mentalidad occidental de comienzos del siglo XXI. Y cosas por el estilo. Pero, además, los susurros sobre libros que a todos nos llegan decían que La piel fría, de Albert Sánchez Piñol, era un relato emocionante, terrorífico e impactante que te dejaba pegado a la silla desde el primer momento. Demasiados elogios para atreverse con él así como así. Demasiadas decepciones anteriores como para soportar una nueva. Y así, acumulando miedo sobre la decepción, el ejemplar de La piel fría se fue haciendo más y más pequeño dentro de la estantería. Fue perdiendo peso rápidamente a favor de otras lecturas que prometían menos y de las que, por tanto, su decepción iba a ser menor.

Pero como siempre en esta vida, al final uno termina por decidirse, dejar de mirar a aquella morena que se sienta en la cuarta fila de clase de Etnología Regional -por ejemplo- y acercarse a decirle al oído lo que durante meses llevas pensando que le dirías de tener el valor suficiente. Puede que te suelte el bofetón. Puede que no te haga caso. O puede, incluso, que te cuente un relato emocionante, una fábula moral y psicológica que te tenga varias semanas después aún pensando en ella. Sánchez Piñol es esa morena. [Seguir leyendo sobre La piel fría, de Albert Sánchez Piñol]

miércoles, septiembre 15, 2010

Abajo el Alzheimer

Así se titula una genial canción de Javier Krahe –ese monstruo de la música- en la cual hace un repaso de sus 100 amores. Quien viviera mil vidas para llegar a ser como él.

Pero también tiene una canción muy adecuada para estos tiempos que corren. Se llama No todo va a ser follar. La letra viene a decir, como bien indica el título, que si bien follar nos gusta mucho y estaríamos todo el día haciéndolo, también tenemos ciertas obligaciones sociales que hemos de atender. Entre ellas, huelga decirlo, tenemos la obligación de votar. Lo que no sé yo es si hay obligación de pensar antes de ir a votar.

Elecciones en Cataluña, rezan los carteles publicitarios del kiosco. Serán el 28 de Noviembre, domingo del Barça-Madrid, y ahí precisamente está la primera crítica. Colocar las elecciones el mismo día de un gran derby es obligar a los votantes a pensar en dos cosas a la vez y, como demuestra el President Montilla cada vez que tiene que responder a una pregunta, esta tarea en ocasiones se convierte en un imposible. Pero las televisiones están al quite y, muertos de miedo porque al final la gente le de por poner los programas de análisis electoral en lugar del popular fútbol, han decidido contraprogramar al PSC y poner el partido el sábado 27.

Así que desde ahora a Noviembre veremos la lucha de fieras que es la campaña electoral. Muy interesante esta campaña, pues todo el debate se lo va a llevar el apasionante concepto de la identidad y el anclaje de Cataluña en España. Tan interesante como ver debatir al plato de brócoli con el plato de alcachofas quién de los dos es más sano para el niño con sobrepeso que no deja de comer hamburguesas.

Sea como sea, las elecciones en Cataluña nos facilita personajes esperpénticos distorsionados por el espejo que ellos mismos llevan a todos lados. Podremos disfrutar del espíritu Corbacho, un ex-Ministro de Trabajo –a ver quién es el guapo que le toma el relevo en el Gobierno, se comenta que en el PSOE andan todos silbando mientras miran hacia el techo o vendiendo muebles de IKEA cada vez que les preguntan por el puesto (este último chiste tiene mérito). Pues, como decía, podremos disfrutar de Corbacho, que es un tipo que conoce el cinturón de Barcelona al dedillo, que sabe moverse para conseguir votos pero que, en realidad, no quiere que gane el PSC. Y no quiere porque sabe que si pierden, el PSC será suyo, su tesoro. También tendremos, dentro de la misma formación, y en el número 2 por la provincia de Barcelona, a Montserrat Tura, actual Consejera de Justicia del Govern, enfrentada al sector de Montilla y de Corbacho y líder del llamado sector catalanista del PSC. La pobre Montserrat se ve obligada a pensar que su partido, que no es suyo porque es del sector de Montilla y Corbacho, ha de ganar las elecciones si ella quiere tener algún tipo de juego político. Porque en caso de perder será Corbacho quien se haga con las riendas y veste a saber tú si le darán bola a ella u otro amigo suyo catalanista y del PSC.

Liderando el PSC nos encontramos a Josep Montilla –aka José Montilla-, incapaz de responder preguntas que no estén pactadas de antemano –he llegado a cambiar de canal en mitad de una entrevista suya, regresar a la entrevista, y que aún esté pensando su contestación. Guarda unos silencios como de galán que para sí los querría George Clooney. La pena es que el gesto de su cara delata que está pensando “mierda, otra vez me preguntan el tema 2, y yo siempre me salto los impares”. Pero sea como sea, es el gran campeón de los pasados combates. Ganó a CiU en las elecciones –con los apoyos de ERC y de IC- y a Zapatero en los combates internos –desde Ferráz le imponían un pacto de gobierno con CiU. Si hay debate electoral, les recomendamos que lo sigan aunque sea por internet. Y si así lo hacen, no se preocupen si se queda parado en mitad de la contestación, no es que la conexión vaya mal, ya se lo aseguro yo desde aquí.

Por CiU tenemos a un guaperas que afronta las elecciones como el heredero de familia bien que acude al notario a reclamar lo que por derecho cree que le pertenece. Lleva ya dos legislaturas yendo así y saliendo del despacho del notario con cara de cabreo, como si el muerto les hubiera dejado toda la fortuna a las malditas monjas que le cuidaron en sus últimos días. Esta vez, pareciera que se lo han dejado todo preparado. Pero aún así no piensa perder ese gesto de quien va a buscar lo que por derecho divino le pertenece. “Nos vamos a encontrar los cajones vacíos cuando regresemos”, a llegado a decir este último fin de semana. Con lo bien organizado que lo dejaron ellos todo… El púgil se llama Artur Mas –sin acento ¿eh? Que esto siempre ha sido una lucha familiar de el_situacionista.

Y por el camino, ninguno piensa en perder su mala educación. En la revista de CiU –o más concretamente en la de CDC- han entrevistado a Pasqual Maragall y éste ha dicho que a Mas ya le toca ganar de una vez. Gesto displicente de quien ya le ganó unas elecciones –las de la primera herencia- y que fue expulsado del PSC por quien puso a Montilla. El revuelo por estas declaraciones no se ha hecho esperar y el President Montilla, rojo de ira cual bombilla de bajo consumo, ha exigido a CiU respeto por el ex-President. El mismo respeto que le han exigido al President Montilla desde CiU. Aquí todos quieren respetar a Maragall, pero de sus palabras se desprende una coletilla, hiriente y ninguneante para cientos de miles de personas: “… no ven que no rige”, parecen decir.

Como Maragall tiene Alzheimer, dice tonterías. Como Maragall tiene Alzheimer, no hay que meterse con él. Como Maragall tiene Alzheimer, mejor no escucharle. Como Maragall tiene Alzheimer, hay que hacerle caso pero relativo. Como Maragall tiene Alzheimer, se le pueden sacar declaraciones polémicas. Y así, poco a poco, hacemos de estas elecciones un sitio con menos dignidad y con más situaciones extrañas, ajenas a los debates importantes –reformulación de la economía y del Estado, paro, etc.- a favor de la creación de polémicas artificiales en donde los creadores de discursos se sienten a gusto. Así conseguimos que la gente vote por cómo se siente en lugar de por cómo quieren solucionar este follón que se han montado los economistas, las empresas y los políticos. Y así se entretiene a la gente un domingo por la noche que les han quitado el Barça-Madrid.




martes, agosto 24, 2010

Todo está iluminado, de Jonathan Safran Foer

De vez en cuando, y a trompicones, la literatura va cambiando. Muchas de esas veces, los nuevos autores que proponen formas diferentes de expresión literaria o novedosas maneras de estructura narrativa son incomprendidos y vilipendiados por sus coetáneos para, en el momento de triunfar, ser adulados por las mismas bocas. Eso no pasará con Jonathan Safran Foer.

Cuando escribió Todo está iluminado en 2002 apenas contaba con 25 años y le sobrevino el éxito de crítica –premios National Jewish Book Award y Guardian First Book Award- y público. Algo inusual para un libro en donde la manera de contar la historia no es tradicional, aunque sí que se rige por el continuo planteamiento-nudo-desenlace. Más tarde, en 2005, se rodó una película, que ya veremos si veremos. De manera que contamos con un joven prodigio de la literatura, estadounidense de origen judío –como si eso resumiera su única historia- y cuyo primer libro se extiende rápidamente por las estanterías de toda librería que se precie. [Leer completo]

lunes, julio 12, 2010

Desde dentro de la manifestación

Siempre había pensado que me daba miedo la bandera española. Desde que uno era pequeño, los símbolos nacionales del Estado español, no sé por qué, me ponían el vello de punta y me asustaban. Quizás fue cuando comprendí que mi tío, el que ejercía de militar, en lugar de ser un hombre que trabajaba con aviones de película, estaba dispuesto a matar por un trozo de tela. El sábado pasado, en mitad del Paseo de Gràcia de Barcelona pude comprender que no era la bandera española sino cualquier bandera la que me daba miedo. La reafirmación de una identidad social –la nación, cualquiera que sea-, con su simbología, que no opera ni ha operado en mi interior me excluye, y me genera un sentimiento de rechazo y, a la vez, de soledad.

Sea como fuere, el sábado me presenté en la manifestación dispuesto a poder ver lo que estaba sucediendo. Más allá de los primeros instantes, en mitad del tumulto de personas, comprendiendo esto que he dicho sobre las banderas, el ambiente relajado –aunque con algún momento de tensión por el enfado social- me terminó por hacerme sentir, simplemente, como aquel acompañante a un concierto que no se sabe ni conoce las canciones.

Y los debates, afortunadamente los debates, las charlas y las conversaciones con gente de todos los estilos y colores, capaces de dialogar en más o menos medida, y que te ayudan a saber expresar esta sensación de que las cosas, política y socialmente, se están haciendo mal.

El Estatut de Cataluña de 2006 no es más que una herramienta política de un gobierno sin ideas, el tripartito, capaz de pensar su seguridad en el poder a través del enfrentamiento con el que, entonces, era el gobierno anti-nacionalista y recalcitrante de José María Aznar. En un clima de conflicto abierto entre dicho gobierno y cualesquiera fuerzas nacionalistas –PNV, EA, CiU, ERC, BNG…-, se propuso una norma que no encajaba con el Estado de Derecho que surgió de 1978. Pero el gobierno central cambió de manos, en parte gracias a los votos y escaños de Cataluña, y eso cambió las cosas.

El tripartito no pudo desdecirse del Estatut, el gobierno central no pudo decir que no y dio un sí con condiciones a través del acuerdo Zapatero-Artur Mas en lo que consistió una venta al mejor postor del gobierno de la Generalitat. Pero el PP y su postura electoralista también salió a relucir, y lo que aprobaba en Andalucía, lo recurría en Cataluña hasta el punto de movilizar a sus jueces del Tribunal Constitucional y a su Defensor del PuebloEnrique Múgica fue nombrado por el gobierno Aznar en el año 2000.

Hoy –por el viernes- el Tribunal Constitucional da a conocer lo que ya todos sabían –y sabíamos-, que el Estatut no encaja como tal en la Constitución de 1978 y que por tanto el texto ha de ser cambiado en ciertos puntos tan sensibles como el concepto de nación. El enfado de la ciudadanía es notable y completamente justificable pues un Tribunal obsoleto les ha recortado un texto que ha sido votado en referéndum. Y las fuerzas políticas catalanas, en lugar de aprovechar este impulso y estas ganas de cambio para construir, con otras fuerzas del Estado, el cambio del modelo constitucional que impide todo aquello que reclama la ciudadanía –derecho a decidir, a llamarse nación, a estar a gusto dentro del Estado o, directamente, a independizarse-, se enroca en su postura de no-propuesta y dice sí a un enfrentamiento que sabe desde el inicio que está perdido.

Si el Estatut que se votó en referéndum fue un acto de irresponsabilidad política que nunca se habría de haber dado a votar a la ciudadanía por abrir caminos que se sabían cerrados, ahora se reclama dar voz las exigencias de éstos en un camino que las mismas fuerzas catalanas contribuyeron a cerrar con hormigón armado durante el 78 y que –ya lo saben- nunca podrán abrir solas. Todo por mantener una postura política capaz de movilizar al electorado, mantenerse en el poder y seguir salvando los muebles y la cara en una continúa huída hacia delante.

Mientras seguiremos produciendo generaciones desengañadas con la política que, como aquellas del 78, verán frustrados los cambios que ansían y terminarán por abandonar el barco. Perderemos aún más calidad democrática y lograremos cansar a quienes han venido con sentido crítico, logrando enfrentar aún más a las diferentes regiones de España e impidiendo así que el melón de la Constitución, verdadera llave del cambio, se abra. Quienes en sus sillas llevan viendo cómo esto se desmorona, pensarán cuál es la mejor manera de sacar beneficio económico de todo esto, se llame nación, autonomía, región o una y libre.

viernes, julio 09, 2010

La nacionalización de la banca

Hubo un tiempo en que la palabra globalización estaba por todas partes. No hace ni diez años, no podía haber en el mundo ni político ni científico social que no utilizara este concepto aparentemente tan novedoso pero que tras de sí no escondía más que la extensión del capitalismo de siempre con ganas de cargarse las identidades nacionales de occidente y la extensión de internet.

En este contexto se comenzó a hacer conocida una iniciativa ideada por el premio nobel de economía James Tobin que proponía al establecimiento de un impuesto global a las transacciones financieras. La idea fue recogida por un movimiento contestatario francés que, utilizando las siglas de ATTAC, promueve la justicia económica global. Huelga decir que el pobre Mr. Tobin, tan liberal él, repudiaba a quienes le habían hecho caso por considerar que utilizaban su idea para fines distintos de los que él había considerado.

Fuera como fuera, la globalización se fue apagando. Ya no se habló más de las tremendas conexiones que cambiaban el mundo, de las inclusiones y exclusiones de este nuevo sistema internacional pues, pareció claro, no existía tal y sólo nos encontrábamos ante la misma historia de siempre pero sin fantasma al acecho.

ATTAC se franquició y sobrevivió hasta estos tiempos de crisis a través de propuestas dentro de los círculos alternativos y de movilización social. Ahora su voz y sus propuestas quizás vuelvan a ser escuchadas como en aquellos inicios de la presente década de beneficios económicos y ERE's injustificables.

Hoy, a través del blog de la editorial Icaria -siempre al quite de las cuestiones actuales para ofrecernos un libro que acompañe el análisis de la realidad- me entero de la última iniciativa de ATTAC España: la nacionalización de las cajas de ahorros españolas.

La idea, que a muchos les aterrorizará pero que yo considero justa e imprescindible, consiste en la nacionalización de las cajas de ahorros, recuperando su titularidad y gestión pública e impidiendo de esta manera que el erario público invierta fondos en estas entidades sin adquirir derechos de gestión y sin restarles ningún tipo responsabilidades a quienes han llevado a la mayoría de éstas a la quiebra técnica.

Puedes informarte y firmar a favor de esta iniciativa a través de este enlace. Si no eres el gobernador de España, deberías hacerlo.

lunes, julio 05, 2010

Su derecho a la huelga

La ocasión la pintan calva. Ya es legendario el oportunismo liberal para redirigir la democracia, hacerla cada vez más pequeña y lograr, en nombre de las buenas personas (antes españoles de bien) que el derecho de unos pocos trabajadores enfadados, molestos casi sin motivo, no perjudique al resto de los ciudadanos que quieren vivir en paz. Las guerras me las pelean ustedes en casa, en silencio y con cuidado de no romperme el jarrón de cristal, que es un regalo de boda de una prima mía de Gerona.

Estos días de huelga de los empleados del Metro de Madrid han vuelto a servir para de excusa coyuntural para advertir a los trabajadores de toda España de que hay que tener cuidado con estos sindicalistas, con los que protestan en el trabajo. Ojo, que hay crisis y como se enfade quien paga, todos a la calle y pillo a cualquier por ahí que me hace lo mismo que tú pero por la mitad de sueldo. Imbéciles, que somos unos imbéciles.

La huelga en España está regulada por la Constitución del 78. Sí, hay una reglamentación más desarrollada que el parrafito de la constitución dedicado a la huelga, pero es una ley de desarrollo del derecho a la huelga anterior a la venida de la salvadora, pacificadora y relajante duodenal llamada Democracia.

Uno, que peina alguna cana aunque todavía discreta, es capaz de recordar que todos estos cuchicheos sobre el derecho a la huelga ya salieron a la palestra hace unos años, cuando la Globalización -la segunda salvadora, pacificadora, etc, etc- venía en nuestra búsqueda. Eran los tiempos del liberalismo de Aznar y los trabajadores de SINTEL en el Paseo de la Castellana. Fue esta la mayor demostración de dignidad humana, trabajadora y solidaria que nuestros ojos han visto. Una lucha de trabajadores, una lucha obrera, que fue tan rodeada por cuestiones éticas y solidarias, que conmovió a todos los grupos de trabajadores hasta el punto de que el poder político tuvo que incluir en su discurso frases que dieran la razón a los trabajadores.

Varios cientos de tiendas de campaña en la Castellana movilizaron a los madrileños. Molestaban el tráfico, hacían manifestaciones, sus mujeres ocuparon la catedral de la ciudad, los futboleros tenían complicado llegar al Bernabeu, incluso las cabras, ésas que se pasean una vez al año por la capital, tuvieron que compartir espacio con todos estos trabajadores de más de 50 años que se quedaban en la calle de un día para otro sólo por el aumento en la cuenta bancaria de unos pocos. Pero nadie protestó. El gobierno les intentó echar de allí, pero la gente les llevaba comida para que resistieran. Los bares de los alrededores hacían bocadillos gratis para los trabajadores de SINTEL y de allí no los movió ni dios hasta que se parió un acuerdo justo y con el que ellos, y sólo ellos, estaban de acuerdo. Volvían los tiempos del megáfono a pie de obra.

Ahora los trabajadores del Metro de Madrid deciden que no tienen que sufrir los problemas de la mala gestión de la administración madrileña de Esperanza Aguirre. Ellos no son empleados públicos, no tienen los derechos que los empleados públicos tienen y, por tanto, tampoco tienen que sufrir los cambios que sufran los empleados públicos. Este hecho, que es de justicia, ha desembocado en una huelga con calificativo. Se la llama huelga salvaje, por los propios sindicatos que la han declarado. Salvaje porque no respetan los servicios mínimos que la ley franquista obliga a respetar. Durante dos días los trabajadores del Metro de Madrid se ausentaron de sus puestos de trabajo, reclamando su derecho a la huelga, y exigiendo que se les trate con justicia. No explicaron a los ciudadanos qué querían conseguir, y cuando lo hicieron, los medios de comunicación del liberalismo –es decir, todos- terminaron por desvirtuar el mensaje. Una huelga y paro total de trabajadores de Metro ha sido equiparada a una huelga de pilotos del SEPLA.

A los dos días, la Comunidad de Madrid amenazó con empezar a despedir a trabajadores en huelga –cosa completamente ilegal- por no cumplir servicios mínimos, y los sindicatos decidieron dar marcha atrás. Recularon hostigados por el liberalismo político, los perros de presa mediáticos y unos ciudadanos incapaces de comprender qué se estaba jugando delante de sus narices. Unos ciudadanos increíblemente idiotizados que sólo veían que para ellos llegar a su trabajo, a su mordaza o a su trono les resultaba más complicado de lo normal. En lugar de ver que había alguien tan cansado de que les tomaran el pelo, tan cansados de las injusticias que comprometen la subsistencia de sus familias, que decidieron incumplir la ley franquista de huelga para poder hacer presión a sus patronos-dirigentes políticos que, desde el cargo de responsable de juventud de la Comunidad de Madrid hasta arriba, tienen coche oficial y conductor.

La huelga de Metro de Madrid pasará, los precios de los servicios públicos subirán para seguir pagando los sueldos de las marquesas que no llegan a final de mes, los trabajadores seguirán siendo despedidos porque sí, el gobierno psocialdemócrata subirá los impuestos a las clases más pobres y los ciudadanos seguiremos quejándonos unos de otros sin mirar a quien nos pisa y vigila, no vaya a ser que se cansen de echar migas de pan a las palomas en que nos hemos convertido.

viernes, abril 30, 2010

Si Tony Soprano fuera español, sería taxista

Cuando te despertaste esta mañana
todo el amor se había ido,
tu papá nunca te dijo nada
sobre el bien y el mal.

Del tema principal de Los Soprano

Viajar en avión tiene sus problemas. Muchos problemas. Kurt Vonnegut decía que el día que a un terrorista se le ocurriera crear unos pantalones explosivos, los viajeros aéreos estaríamos jodidos. Pero este situacionista ha descubierto que lo peor de volar no se acaba cuando has aterrizado. Ni siquiera cuando te dicen que han perdido la maleta. Lo peor de viajar en avión es el tener que salir del aeropuerto.

- Pero… -dice la niña de la primera fila, con su delantal blanco impoluto y el pelo tan rubio que da rabia- ¿salir de un aeropuerto no es lo mismo que entrar?

Pues no, listilla, no. Entrar en un aeropuerto es una tarea fascinantemente sencilla para quien se organiza bien el tiempo, que es la mayoría de la gente. Para los que vivimos sin reloj ya es otro cantar, y uno se encuentra casi siempre en la parada de metro correspondiente echando cálculos sobre cuánto dinero lleva en el bolsillo y cuánto le puede costar el taxi.

Quienes se organizan mínimamente bien consiguen llegar al aeropuerto en transporte público. Esto es, tren autobús o metro: el transporte público de verdad. La planificación lleva a pensar que, saliendo con tiempo suficiente, uno puede llegar al mostrador de facturación con relativa facilidad. Además, como el viaje aún no se ha iniciado, las fuerzas y la energía suelen estar completas y las ganas y la paciencia intactas. De ahí el atrevimiento de llegar a esos contenedores de tiendas de diseño y fantasía con ejércitos privados en que se han convertido hoy los aeropuertos.

Pero a la vuelta estamos cabreados. Se ha acabado el viaje, toca retornar a la rutina del día a día y, además, o nos han perdido la maleta o aún peor, nos toca cargar con el maldito regalo del primo del tercero al que le caemos tan bien –aunque no sabemos por qué- y que siempre nos trae aquellos ceniceros tan horrorosos de sus viajes por la ruta de la cerámica. El caso es que lo que queremos es llegar a nuestra casa y punto. Y hacer ese trance lo menos doloroso posible. Es en este momento cuando cometemos el error de decidir que nos volvemos en taxi a casa.

Pillar un taxi en un aeropuerto es realmente lamentable. Digo, si es un aeropuerto español. Porque aquí los taxistas actúan como gremio, no tienen personalidad individual, sino responsabilidad corporativa. Por eso les importa un pimiento cómo te traten, lo que les interesa es ver si pueden hacer la carrera lo más rápidamente posible para enganchar a algún otro bobo de vuelta vacacional.

- ¿No está siendo Ud. algo desproporcionado en su crítica hacia un colectivo con bastante mala fama y desagradecimiento social? – vuelve a la carga la niña de ricitos dorados.

No, y además me importa un pimiento. En mi último viaje he estado en Berlín. Para coger el avión de regreso sólo tenía la opción de ir al aeropuerto de Tegel en taxi. Es un aeropuerto viejo y mal comunicado con la ciudad, aunque no está lejos. Solicité a la recepción de mi hotel un taxi que no tardó más de 5 minutos en venir. El taxista, con una dulce voz y simpática sonrisa, me dijo en un perfecto inglés que esperaba no haber tardado mucho. Salió raudo a buscarme los bultos, los guardó en el maletero. Durante el trayecto, el cual hizo sin prisa, sin dar bandazos, hablando suavemente y haciendo un par de veces la intención de dar conversación, preguntó varias veces si el hábitat del vehículo estaba en orden. En definitiva, fue amable hasta la extenuación. Media hora de dar vueltas por Berlín me salió a 18€, sin recargo alguno por las maletas.

Al bajarme del avión, en Barcelona, también me decidí por el taxi. En Barcelona, además, no hay metro con lo que las opciones si llegas a la nueva Terminal son o bien el taxi, o bien autobuses infinitos o bien autobús hasta la Terminal antigua y después tren hasta la ciudad. Como verán, no se puede elegir mucho si uno llega con algo de prisa y además de noche.

El juego de los taxistas está controlado por dos señores vestidos de chaleco reflectante con pinta de no cobrar más de 500€ al mes, lo pobres. Pero seguro que es un trabajo de jóvenes lleno de posibilidades de ascenso y de alta probabilidad de atropello. Dando voces y tocando un silbato colocan a los pasajeros como ganado, chillando a los taxistas, peleándose con ellos y buscando gresca. Los taxistas no defraudan y les dan toda la gresca del mundo. Esto ya hace que te sientes en el taxi más acelerado que si llevases un cohete en el culo. Y además, tenso, tensísimo, porque el taxista no te quería llevar a ti –según has oído en sus gritos- sino que llevaba una hora esperando en el aeropuerto para ver si podía llevar a un grupo extranjero, que son más y van más cargados. El viaje se suele hacer a toda prisa, con giros en los que uno comprende para qué está esa asidera de plástico encima de la ventana. El taxi huele mal y además, al menos en Barcelona, el taxista no sabe y no entiende más que el castellano. Lo que viviendo en una ciudad con dos lenguas tiene delito. ¿El coste total de este “delicioso” trayecto? 28€. ¡Diez más que en Berlín!

¿Cómo es posible que en una ciudad donde el nivel de vida es más bajo, el servicio prestado de peor calidad y las autopistas grandes y vacías salga mucho más caro montar en taxi? Pues porque aquí en España hemos consentido que los taxistas actúen como grupo de presión sin controlar. Cobran por las maletas, por el tiempo transcurrido entre que les llamas por teléfono y el que llegan a tu casa, por nocturnidad, por alevosía, por cualquier cosa inimaginable. Además, en Barcelona la norma permite al taxi que sale del aeropuerto cobrar 20€ como mínimo por el trayecto, sea el que sea. Si uno vive cerca del aeropuerto: 20€. Si quiere cambiar de terminal urgentemente: 20€. Si desea que le acerquen a la ciudad: 20€. La razón de que se implantara esta norma fue que al parecer los taxistas se quejaban del tiempo de espera en el aeropuerto. Era mucho el tiempo que pasaban esperando recoger a algún primo -por no decir imbécil- para que luego el que les tocara quisiera ir a la otra terminal o, maldito sea, a un pueblo cercano al aeropuerto. Alguien debía compensarles, y ese alguien somos los usuarios. Por tanto, a cada taxista que le de por perder una hora o dos en el aeropuerto, sin trabajar y con el coche parado, le corresponde un peaje de 20€ como mínimo.

Actuando como una mafia, encarcelando a los usuarios en sus coches, de mal genio y pensando en el céntimo a rapiñar y no en el servicio prestado, este colectivo de autónomos y trabajadores se ha constituido en toda una mafia legal en este país. Cuando no se cumplen sus exigencias, colapsan el centro de la ciudad con sus coches. Cuando quieren cobrar más, imponen al resto las condiciones de un servicio que, como todos, al ser público debería llevar una cota de calidad más alta de la ofrecida.

A ver si ponen el metro hasta la nueva terminal de una puñetera vez y no vuelvo a ver a un taxista de cerca en mucho tiempo.





viernes, abril 23, 2010

Una visita del fantasma del futuro

Imaginen un Sant Jordi del futuro. Cientos y cientos de personas se amontonan en las ramblas, rosa y lector digital en las manos, para, a través del bluetooth o alguna otra gilipollez moderna, descargarse libros unos a otros.

Como antes, la literatura de masas se impone. Ruiz Ramplón para los conformistas. Truño Fuentes para los intelectuales. María Javieres para los elitistas con frenillo que de pequeños no salían a jugar a la calle. Cazamagos para los progres. Saltos-de-Matas para los mataliteratos. Ratón-Reverte para los que leen por sus cojones o son murcianos, como él. Y Juan Manuel de Prada para los estreñidos. A Lucía Etxebarría nadie la hace caso y se ha marchado con Pilar Rahola a buscar a alguien que las aguante a las dos juntas.

En esencia, la fiesta no habría cambiado. Sin embargo habría algo que echaríamos de menos ¿verdad?

Feliz Día del Libro 2010.




martes, marzo 30, 2010

Gran bola de papel de plata

Desde siempre, los edificios han servido como pretensión de los poderosos para modificar la actitud de las masas. Las iglesias fueron pensadas arquitectónicamente como un símbolo que, al tiempo que sirve de lugar de reuniones, termina por incrustar al individuo en una sociedad identitaria. Así, la mayoria de ellas están orientadas hacia Jerusalén y su forma clásica es la de Cristo en la cruz. Es una experiencia individual que termina por convertirse en grupal a través del espacio.

Lo que ya no tiene tanta historia es la necesidad del hombre económicamente poderoso de asegurarse un estatus social a través de la arquitectura. El siglo XX fue el siglo de las construcciones megalomaníacas encaminadas a encumbrar a hombres de éxito político, económico o social. Fue el siglo del espectáculo tal y como hoy lo conocemos y por tanto creó una nueva especie de líder social al que reverenciar: el arquitecto.

En todas las sociedades, en cada década del siglo XX, encontramos la figura del hombre imbuído de poder a través de su capacidad de crear arte con formas constructivas. La arquitectura al servicio de fines espectaculares. Y si alguno de los arquitectos modernos entendió esta relación fue, sin duda, Frank Gehry. Nacido con el nombre de Ephraim Goldberg, este candiense supo establecer sus edificaciones no sólo como artefactos que creaban categoría social y que permitían el reconocimiento del dueño, sino que relacionó edificios con desarrollo local. Y aquí fue cuando se abrió la caja de los truenos.

Bilbao era una ciudad post-industrial. Estaba sumida en la depresión del cambio de modelo de industria, cansada de la fama de fea que siempre había tenido en su entorno, con un aeropuerto al que apenas llegaban dos vuelos internacionales al día y con el estigma de territorio terrorista que cierta prensa le había impuesto. En semejantes circunstancias surgió una idea, un proyecto, al otro lado del charco que cambiaría para siempre la fisionomía de la ciudad.

En Nueva York, el director de Guggenheim, Thomas Krens, había ideado un modelo de negocio artístico con el que pensaba conquistar el mundo de las finanzas. Tomando como ejemplo el modelo franquicias de McDonald's, Krens se dedicó a instalar museos con su marca en diversas partes del globo. Dichos museos, gestionados localmente, permitirían una distribución más fácil y barata de las exposiciones que tenían lugar en Nueva York, reduciendo costes al tiempo que generaban ingresos para la central. Además, permitirían la ampliación de los fondos propios al aumentar los contactos para la recaudación de dólares con los que comprar las obras. ¡La panacea, la panacea! Lo importante para Krens era que estos museos tuvieran una seña de identidad, algo que los haría característicos e inconfundibles, y para esto escogió la arquitectura y los edificios de Frank Gehry.

Tras instalar museos por Las Vegas, medio Estados Unidos e incluso planificar una construcción medio inundable en Río de Janeiro, llegó un grupo desde España que se instaló en su oficina y le pusieron sobre la mesa 20 millones de dólares del dinero público para construir uno en una ciudad industrial. El Ayuntamiento bilbaíno había decidido vender su ciudad al exterior para quitarse sanbenitos de encima. El Gobierno Vasco, del mismo color político, le siguió y puso el dinero a cambio de que la municipalidad pusiera el plan urbanístico.

Junto a la recién recuperada ría, se instaló el museo con forma de papel de aluminio tras acabar con el bocadillo de chorizo que envolvía y se coronó con un adorno floral en forma de mascota, diseñado por Jeff Koons, confirmando al conjunto como la caseta de perro más grande y cara de la Historia. Para acompañar, el proyecto Ría 2000 del Ayuntamiento de Bilbao incluía un puente de Calatrava, o el rediseño realizado por Daniel Buren para incorporar el cercano puente de La Salve al edificio de Gehry.

La transformación que sufrió la ciudad provocó que innumerables compañías de la industria del turismo y el ocio se interesaran por ella. Sheraton instaló un hotel de cinco estrellas a la orilla de la ría, justo al lado del Palacio Euskalduna, otra obra pública de diseño dedicada a los congresos. British Airways estableció una ruta directa entre Londres y Bilbao para catapultar a los cientos de miles de visitantes que se esperaban. Bilbao había pasado de ser una ciudad abatida por la industria a un lugar donde cualquier matrimonio norteamericano de paseo por Europa quisiera parar un fin de semana.

Pero poco a poco las perspectivas se fueron desinflando. Como en todos los museos deslocalizados y franquiciados de Krens, el tirón de la ciudad resultó mínimo y la frecuencia de turistas a la capital vizcaina cayó hasta el punto de que British Airways retiró su vuelo directo y el mismo Sheraton está pensando en vender el hotel ante las pérdidas del proyecto. Krens fue despedido por los benefactores de la fundación. El Museo recibe exposiciones de la marca Guggenheim, pero se ancló como un producto local que no justifica un desplazamiento por sí solo y el Ayuntamiento, lejos de pensar que el camino tomado no fue del todo bueno, sigue planificando proyectos con grandes arquitectos del mundo del espectáculo y pocas perspectivas de éxito.

Bilbao, el modelo Bilbao que todo el mundo había pretendido imitar y a través del que se justifican Juegos Olímpicos, ora de verano ora de invierno, Exposiciones Internacionales o Florales, capitalidades europeas de la cultura, Forums y todos los reconocimientos vacuos del mundo, fracasa en su intención de hacer de la ciudad la casa y el hogar de sus ciudadanos. Creciendo hacia el turista, y no hacia quien la habita, instalando franquicias arquitectónicas sobre las que gira el transporte urbano, consigue ser el equivalente en términos de complejo turístico a esas avenidas comerciales, llenas de Zara, Bershka, Mango, Prada; a esos centros comerciales donde poder cenar lo mismo que millones de personas están cenando a miles de kilómetros al mismo tiempo. Convirtiendo cada vez más la vida de los ciudadanos en un espectáculo de zoo donde nadie quiere ser quien es, sino ser el de la ciudad de enfrente, más atractiva, más guapa y más lista.

viernes, marzo 12, 2010

En el pueblo donde Cristo perdió el mechero

Pocas aficiones hay más simpáticas que salir en comandita en busca de algún restaurante. Hubo veces, cuando la comitiva era de menor número y además sin miembros femeninos, en que la búsqueda quedó suspendida por alguna reserva a hoteles de nombre sueco en donde la comida no era, en absoluto, tipo IKEA. En ese caso, la gracia de andar buscando lugar fue sustituida por el placer de gritar el nombre de cierta población madrileña con la voz suficientemente alta como para que se escuchara por el comensal de dos mesas más allá.

El caso es que aquel día de comienzos del invierno, la comandita de nueva formación, echando de menos al miserable que se expatrió, decidió hacer uso de los vehículos y salir a dar una vuelta por la Sierra Pobre de Madrid. Tras una breve pero intensa parada en Miraflores de la Sierra, allá donde las calles suenan a bodas familiares y las señoras con tienda de comestibles miran mal al que hace uso de todas las muestras gratuitas pero se va sin comprar nada, el comando para la reconstitución de los derechos legítimos de algún conde decidió emprender camino de Patones de Arriba.

Es éste un pueblo sin duda singular, como todos aquellos dignos de nuestras críticas gastronómicas. Para llegar a él se ha meter el coche por una carretera que sale de Torrelaguna, pasar por el pueblo de Patones, o propiamente dicho Patones de Abajo, y continuar por lo que parecería otra carretera pero que en realidad, en fines de semana, es un parquing turístico con velocidad controlada por radar. Dejado el coche en la cuneta, la comitiva se dispone a continuar el camino restante a pie. El pueblo está situado, como dice su apellido, arriba de la montaña. Las cuestas son constantes, lo que hizo que el grupo se autoorganizara para que, en caso de que el tres infartos decidiera progresar a número par en tan singular localización, la arribada al hospital fuera pronta y fructífera para los intereses de la Nación.

Cuenta la leyenda que, durante la invasión francesa de la península, Patones fue el único pueblo no invadido. Se dice que la población asustó al invasor, también que el milenario Rey de Patones -monarquía proviniente de los cristianos escondidos en el pueblo durante la presencia árabe- había logrado un armisticio. Sin embargo la realidad es que ni a árabes ni a franceses se les había ni pasado por la mente tener que ir hasta allá arriba a perder o ganar tal o cual batalla. Ya bajarán, se habían dicho. Y una vez llegados sanos y salvos entendemos por qué. Hoy no hay pueblo. Lo que hay es un puñado de casas de piedra, históricamente reconocidas con valor, que se predisponen a asaltar al individuo turístico, pues todas ellas son fondas, hoteles, restaurantes o tiendas de artesanía típca, de esas que te venden desde la miel del pueblo de al lado hasta la parca peruana. Un Park Aventura especializado en despistados capitalinos que sirve para que las familias con perro de tamaño caballo puedan pasear sin miedo alguno al qué dirán. Nuevamente nos hacimos enemigos por probar ingentes cantidades de muestras gratuitas, aunque esta vez compramos algo.

Pero no vayan a creerse Uds. que nuestra capacidad para enemistarnos había acabado aquí. Nuestra especialidad, ya se lo advertimos ahora, son los restaurantes o locales donde se sirvan viandas. Nos dispusimos a buscar local donde nos alimentaran y hete aquí que allá donde los árabes o franceses no habían llegado lo hicieron los argentinos. Camuflados, eso sí, de restaurante típico madrileño.

En el Restaurante El Abuelo Manolo de Patones, donde los niños y niñas de las mesas de al lado se comportan como animales y los camareros te regañan si quieres ir al servicio, ocurrió todo. Asumido ya que no íbamos a comer los típicos callos, sino que la carta nos ofrecía carne argentina nos dispusimos a darle al canino. Dos de nuestros comensales se decantaron por compartir una pieza de carne a la piedra, de esa que te tienes que freir tú mismo en la mesa. Debe ser la costumbre de no hacerse la cena ellos mismos ni una sola noche. Cuando todos comenzábamos a hincarle el diente a cada plato, unos calientes y otros ya fríos por la extrema diferencia de tiempos en que los habían servido, nuestros compañeros notaron un sabor raro en la carne que se estaban haciendo.

Reclamando la presencia del jefe de sala, con cordial discrección, pues estos asuntos son de delicadeza extrema, uno de los comensales le sugirió que la carne quizás estaba mala. El jefe, sin mediar palabra, directamente del plato del cliente y con toda la mano, agarró un trozo ya cocinado de la carne y lo mordió al aire. Alegando poco después y con la boca llena que la carne, estaba buena y que además venía envasada al vacío desde la Argentina, se percató de nuestra cara de estupefacción y asco, pero no reculó ni un milímetro de su posición inicial. Con templanza, sin armar jaleo, cosa poco común en hombres de gatillo fácil como nosotros, reconducimos la situación hacia un poco amistoso plano de tensión, en donde los camareros nos traían la comida y nosotros nos limitábamos a pagar la factura. Incómodo, muy incómodo.

Pagada la factura ahora somos nosotros quienes pedimos cuentas. Por la gran sutileza del pringue del Sr. Jefe de Sala. Por el camuflaje matritense de la carne argentina. Porque si para algo quedó Patones es para tomar café los días que no hay setas y se salió a por ellas.

miércoles, marzo 10, 2010

Váyase Ud. a hacer puñetas, Señorita

En ocasiones la realidad supera a la ficción. No es que suene a tópico, es que es la realidad la que llama a la puerta, te deja un paquete, y se marcha con una sonrisilla de soslayo sabedora de que te acaba de dejar un marrón como la copa de un pino.

Marchaba uno tan tranquilamente por la calle cuando le llaman del domicilio paterno (y materno, que la hipoteca la pagan entre ellos dos aunque sea yo el único heredero) para decirle habían dejado un paquete a mi nombre. De inmediato me surgió la duda, ¿habría encargado yo libros por correo? ¿Sería alguna revista de Ciencia Política de esas que me mandan de vez en cuando? Las fechas no cuadraban y la verdad era que no recordaba haber hecho ninguna gestión telefónica o en línea de ningún producto ultimamente.

El paquete no era ningún libro, sino que consistía en tres móviles con sus respectivas tarjetas prepago, enviados por cierta compañía telefónica que en su día solía frecuentar. Pensé que, quizás muerta de celos por haberme cambiado de amistades, la susodicha compañía telefónica se empeñaba en agasajarme con regalos y móviles de última generación esperando que así volviera a su redil y abandonara a mi ruborizada nueva compañera. Caray, qué tiempos de crisis nos aguardan en el que las empresas se pelean por un cliente de 15€ al mes. Nada más lejos de la lúgubre realidad: los tres teléfonos eran portabilidades desde otra afrutada compañía de telecomunicaciones.

Por supuesto, teléfonos que no había visto en mi vida, lo que me apresuré a hacerle entender a la Señorita operadora. ¡Ah, las operadoras! Admitámoslo, antes nos jodía tener que llamarlas, encontrarnos telefónicamente frente a ellas. Era un horror, recuerdo, incluso comprar el partido del PPV del domingo -yo nunca compré porno. "¿Y qué le digo?", pensaba. "¿La llamo de Ud. o de tú?". Ahora, por el contrario, topar con la Señorita es un oasis de fantasía y alborozo tras haber deambulado 4 minutos -exactos- por diferentes programas informáticos que le solicitan al supuesto cliente pulsar el 1, el 2 o el 3 en función de las diversas preguntas u opciones que le proponen. Más aún si, como era mi caso, trataba de hacerle comprender a la máquina que no era cliente, que había habido un error.

Cuando por fin llegaba a la anhelada Señorita, ésta me pasaba con otra compañera, y luego ésta con otra hasta que por fin me enviaban a un último lugar en el que volvía la grabación pero con una diferencia: ahora tenía que teclear el teléfono sobre el que hacía la consulta. ¿Cómo ponerlo, si no lo sabía? Colgando y volviendo a empezar.

Para la noche de aquel viernes ya había conseguido explicar siete veces siete mi problema. Supongo que todo el callcenter debía conocer ya quien era yo y en la hora del café sería tema de conversación. Pero el caso es que 3 horas y media después de haber comenzado a llamar a diferentes teléfonos, por fin di con alguien que comprendió y decidió quedarse con la patata caliente en que me estaba convirtiendo.

Esta Señorita me explicó correctamente que un tal Señor X, que para no desvelar su identidad le diremos sencillamente hijodeputa -todo junto y en cursiva- había utilizado mis datos personales para dar de alta estas tres portabilidades, contratar tarifas distintas y solicitar los tres terminales nuevos, de esos de pantalla táctil que son la envidia de cualquier filibustero. Pero me tranquilizó: ella dejaba constancia del error, me dió el número de reclamación y, por tanto, todo quedaba anulado. O eso creía yo...

Espera que te espera a que vinieran a por los móviles, diez días después se me ocurrió volver a llamar a estos señores de la compañía telefónica. Para entonces, ni qué decir tiene, ya había pasado por comisaría para explicarle al amable y perplejo funcionario lo que estaba sucediéndome. No daba crédito, el pobre. Cuando volví a llamar descubrí que para evitar tener que estar tecleando 1, 2, 3, todo el tiempo, lo mejor es que, a la menor oportunidad que ofrezca el programa informático, se grite "denuncia hecha en comisaría". Así te atienden antes, garantizado. Implementando este truco logré contactar, en tan sólo tres grados de separación, con una Señorita que se encargaba de estos asuntos.

Cuando parecía que ya me iba a dar la enhorabuena se hizo un silencio sepulcral al otro lado de la línea. Uno intentaba mantener la compostura y, con la oreja roja de tanto móvil, sonreir para sí mismo y finalmente preguntar con la mejor de las predisposiciones ¿Ocurre algo, Señorita? El silencio seguía comiéndose el invisible hilo telefónico hasta que un "Uf" susurrado por ella -supongo que acompañándolo con un gesto hacia algún compañero imaginario- lo rompió. "Es que Ud. tenía que haber llamado antes... antes... vamos, ayer, por ejemplo... ahora la línea está dada de alta y ya no se puede hacer nada".

Intente Ud. explicarle a una persona que cobra 1.000€ netos en doce pagas por tirarse casi doce horas cada día, fines de semana incluidos, delante del ordenador y colgado del teléfono que ya ha llamado antes, que, de hecho, tiene hasta el número de reclamación donde todo quedaba anulado y que si el proceso de alta no ha sido detenido es culpa exclusiva de la compañía telefónica. Si antes de esto uno ya era una patata caliente, ahora es un puñetero meteorito abriéndose paso por la atmósfera y la Señorita se ha transformado en un dinosaurio que se ha hecho consciente de que el fin ya está aquí y que lo único que queda es cerrar los ojos o mandarlo todo a la mierda.

No sé quién comenzó a chillar antes a quién. Pero tampoco me importa, pues no estoy orgulloso. Sí sé quién no hizo su trabajo como es debido y también sé quién me ha sacado las castañas del fuego, evitándome tener que pagar un dineral por la incompetencia de un servicio de atención al cliente. El caso es que si no fuera por la casualidad de que un familiar mío conoce a alguien de dentro de la empresa, el_situacionista estaría pagando facturas telefónicas de unas cuentas dadas de alta con un DNI falso sin que le quedara más remedio que aguantar hasta que se pudieran dar de baja -18 meses- y con la única opción para reclamar que la de sentarme en la puerta de la sede de la compañía telefónica a espera que pasase algún tipo encorbatado o estarme otras nueve horas al teléfono para hablar con gente que no asume responsabilidades y que, por lo que le pagan, tampoco las merecen.

Ya me dirán Uds. si hemos ganado o no con la privatización de esta compañía.

jueves, febrero 11, 2010

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

Existen novelas que, por haber sido llevadas al cine con basante éxito, desaparecen con el tiempo de las estanterías de obras imprescindibles. El mundo editorial las camufla como vetustas novelas de quisco y las termina arrinconando en aborrecibles ediciones de bolsillo con baratas portadas que hacen referencia a la película. Son productos pensados más para la nostalgia del cinéfilo que para el avezado lector. Así es como se abandonó Matar a un ruiseñor, de Harper Lee.

La novela, ganadora del Pullitzer en 1961, es la única obra de su autora. Haper Lee pertenecía al círculo de Truman Capote y, en parte, éste tuvo que ver con el desarrollo de la novela. Pero de eso hablaremos más adelante. Lee, como otros grandes escritores, optó por desaparecer de la vida pública tras el éxito de Matar a un ruiseñor. Sin entrevistas ni nuevos textos de ella, la obra se ha convertido en un clásico de lectura obligada en Estados Unidos. Magistralmente llevada al cine por Robert Mulligan –con Oscar para Gregory Peck como protagonista-, la fuerza del medio cinematográfico ha hecho que se le reconozca al director la valentía por plantear los temas de la película en un momento como el que vivía los Estados Unidos en la década de los 60, olvidándose de la propia autora. En parte, es una novela fagocitada injustamente por la película. Porque si es cierto que en el cine la historia está extraordinariamente llevada, tampoco nos faltará razón si decimos que el libro es uno de los más impresionantes que hemos leído. [Leer completo]