sábado, noviembre 26, 2011

Esquizofrenia bancaria


Trabajé en un banco. Como no me gusta hacer publicidad, diremos que trabajé en el Banco del Refresco, por aquello de su característico color naranja corporativo y su última campaña publicitaria. Ocurrió durante mis años de estudiante. A través de una pequeña ETT entré a trabajar en su departamento de administración. No era extraño que el Banco del Refresco contratara gente a las empresas de trabajo temporal. De hecho, casi toda la plantilla que gestionaba las operaciones de los clientes trabajaba con contrato temporal, por obra y servicio. Había dos niveles. Por una parte los que trabajábamos por una ETT pequeña -filial de una más grande- que cobrábamos apenas 600€ por media jornada laboral. A un estudiante como yo aquello le parecía aceptable. Los inconvenientes venían del tipo de trabajo -automatizado- y de las condiciones no escritas. Cuando las cosas iban mal, es decir cuando había demasiado trabajo para los pocos que éramos, se nos prohibía hablar entre nosotros. Cuando la cosa iba bien, es decir cuando el nivel de trabajo acumulado era inferior, se despedía a unos cuantos de un día para otro. Sí, de un día para otro. Legalmente se estimaba que la obra y servicio había terminado, a pesar de que allí dentro hubiera gente que llevaba años trabajando para la misma obra y el mismo servicio. La cosa es que te ibas a tu casa a las tres de la tarde y sobre las cinco te llamaban para decirte que no volvieras al día siguiente, que ni una goma de borrar te dejaban coger. Por supuesto los del Banco del Refresco no daban la cara, era la ETT pequeña la que te llamaba.

La otra mitad de la plantilla, ya con trabajos de mayor responsabilidad y mayor cualificación que un estudiante como yo, también trabajaba a través de una ETT. Ésta era la madre de la que me tenía a mí contratado. Pagaban unos 1.000 euros raspados al mes por una jornada laboral de 40 horas. Cada persona incrustada en su cubículo, en su mayoría jóvenes de barrios buenos para los que comprarse un coche deportivo con esos 1.000 euros era todo un objetivo vital. Entrar a formar parte de la reducida plantilla de banco era casi misión imposible, aunque veías a muchos de ellos matarse por hacerse con un puesto para el que no sabían qué cualidades necesitaban ni qué condiciones les ofrecerían.

Este era el banco que, por aquellos días, ofrecía un 6% de interés a todos sus clientes. Como churros caían. A todo el mundo le interesaba tener sus ahorros en un banco que le diera tanto dinero por ello, sin preocuparse de si el banco trataba bien o no a sus empleados. Sin preocuparse de si sus operaciones -había gente que incluso enviaba cheques por correo- las gestionaba gente cualificada o estudiantes como yo que necesitaban el dinero para poder pagarse el postgrado. El cliente sólo veía, y sólo quería ver, el tanto por ciento de interés que habían prometido. La vida es dura, chaval, te decían. Al cliente qué le importa si tú no tienes derechos laborales si al final tiene el interés acordado.

Y dejé el sector bancario. En cuanto obtuve lo suficiente para pagarme mi postgrado salí de allí pitando. Sin embargo, casi al mismo tiempo, personas de mi entorno más cercano comenzaron a trabajar en otro banco, al que por su logotipo llamaremos el Banco del Mechero. Por entonces, año 2005, el sector bancario era un mercado laboral en alza. La zapatería de toda la vida del barrio se transformaba en una sucursal del Banco del Mechero. Videoclubs, inmobiliarias, Todo a cien y sucursales bancarias. Parecía que los barrios no necesitaban otra cosa. El trabajo en el Banco del Mechero era y es claro. Se trata de vender cualquier producto, de colocar lo incolocable, y a cambio los señores del banco dan buenos sueldos, créditos personales baratos y esa ficticia sensación de que eres aspirante a la clase alta de la sociedad. 

Sin embargo el pacto laboral no sólo incluye un esfuerzo sobrehumano por parte del empleado. También exige la disposición total y absoluta de tu tiempo y de tu espacio. Es habitual tener que quedarse hasta tarde en la oficina -como en muchos otros trabajos- o que, de una semana para otra, te trasladen de ciudad. 

Hola Francisco, ¿Qué tal estás en esa oficina de la Universidad de Murcia? ¿Bien? Genial, perfecto... Oye te llamo para decirte que el lunes te incorporas a una oficina de la Universidad de Zaragoza... Sí, ya sé, ya... Bueno, también puedes decidir no aceptarlo, lo que pasa es que el lunes entra en tu oficina una persona nueva para sustituirte que, mira qué casualidad, nació y se crió en Zaragoza. ¿Qué por qué no va él a Zaragoza? Bueno... eso es criterio del banco. En fin, ¿qué me dices?”.

Cuando has recibido y aceptado este tipo de acuerdos varias veces, al final te conviertes en un soldado del ejército del mechero. Es inevitable, has invertido demasiado personalmente como para aceptar que el camino no tiene salida. Tu misión viene definida por tus superiores más directos. Este mes tienes que colocar 40 tarjetas de crédito. Este trimestre tienes que hacer 20 hipotecas. Este año necesitas 300 cuentas nuevas. Sólo cumpliendo estos objetivos seguirás siendo un buen soldado. Si bajas en tu media, recibirás un fuerte rapapolvo público, todos aquellos compañeros tuyos que hasta hacía dos años ni te importaban lo más mínimo ahora pensarán que eres un vago, y eso no lo puedes tolerar. De manera que conviertes a cualquier persona que cruce la puerta de tu oficina en un señor hipotecable, o creditable, o en una cuenta con patas.

La facilidad con que la gente abría cuentas al 6% sin preguntarse de dónde salía su dinero -de los derechos laborales de los empleados del banco, ya se lo digo yo- sólo se corresponde con la facilidad con que los bancos ofrecían productos financieros a las economías más débiles de la sociedad. El mismo trabajador del Banco del Refresco que podía ser despedido de un día para otro era capaz de contratar una hipoteca a 30 años, con un 7% de interés, ofrecida por el trabajador del Banco del Mechero. Si luego no podía pagar, sería cosa del nuevo pardillo que pusieran los del mechero a dirigir la oficina desde la que se concedió la hipoteca.  

Pero el precio de la vivienda subía. Y si el trabajador del Banco del Refresco podía ahorrar pero no llegaba a poder pagarse una vivienda, desde el Banco del Mechero le ofrecían colocar sus ahorros en un fondo de inversiones que, vaya casualidad, se dedicaba a invertir en el mercado inmobiliario. Es decir, a evitar la caída del precio de la vivienda. Pero de nuevo lo que se miraba era el 10% de interés que habían prometido al pequeño inversor, anteriormente conocido como trabajador por obra y servicio del Banco del Refresco.

Ahora todo este sistema está estallando por los aires debido a la crisis económica. Como en muchas trincheras, para que la granada no alcance al capitán siempre hay un buen soldado que salta encima sobre ella, queda hecho mil pedazos y permite que la guerra continúe. 

El sector bancario es una industria de la especulación. Ya sea ofreciendo a sus trabajadores vender su vida a la idea de que ser clase media es de gente torpe y con moralina, ya sea ofreciendo a los clientes en general productos financieros que, vistos de una manera global, torpedean cualquier intento de mejorar un poco sus condiciones de vida. Es fácil convertirse en soldado de esta guerra, y también es fácil que seas tú el elegido para saltar sobre la granada que salve al Capitán  al Comandante en Jefe y permita seguir guerreando.

Con los bancos tenemos una relación un poco esquizofrénica: les damos nuestro dinero para que no se lo presten a gente como nosotros, de inestabilidad laboral y tendencia a pedir créditos de riesgo. Por eso siempre es mejor ganar el dinero con tu propio trabajo, sin necesidad de contratar inversiones o fondos. Por eso siempre es necesario preguntarse por la responsabilidad social y política de tu trabajo diario, aunque seas también un trabajador de la banca.  Por eso es necesario preguntarse si esta guerra era necesaria para nuestras vidas, naciones o patrias, o si en realidad era imprescindible para encontrar gente que salte sobre la granada que enriquece a otros.

miércoles, octubre 26, 2011

Hora de comprometerse


O carta a un amigo nicaragüense y otro que se quedó en Madrid, pero que también sirve para todo el mundo.

Ilustración de Ellen Monahan Holly
Tantas discusiones y tantas charlas alrededor de infinitos temas que es normal que ahora que estamos separados y twitter entra en funcionamiento la dinámica sea la misma. Y también es normal que, siendo como somos gente política, las discusiones giren siempre en torno a la crisis de legitimidad que actualmente vivimos.

Los problemas sociales a los que nos enfrentamos ya no son los mismos. Se pueden parecer a los que teníamos allá por inicios de 2008, pero la crisis económica tan profunda que se ha sucedido desde entonces ha terminado por socavar la legitimidad institucional de administraciones, partidos políticos, organizaciones sindicales y medios de comunicación. 9,3 millones de pobres en España –según los últimos datos del INE- son muchos pobres como para que todo siga igual, sin resentirse. Los grandes partidos continuarán con sus 10 millones de votos –puede que esta vez el PSOE obtenga algo menos- pero el sentimiento de ilegitimidad aumenta y se expresa de muy diversas maneras. Con desidia política la mayor de las veces, con indignación de un círculo reducido de personas en otros casos.

Y nosotros, desde nuestra aquiescencia política de ver las cosas desde fuera, sin mojarnos y tras la pantalla del análisis politológico, hemos presupuesto que no hay nadie digno de compartir nuestra lucha silenciosa. Y nos quedamos en casa con nuestro proyecto personal totalizador. Totalizador no porque pretendamos que la sociedad comulgue con nuestras ideas por las buenas o por las malas, sino porque pretendemos que cualquier grupo político al que nos adscribamos participe de la totalidad de nuestras ideas y vea las cosas tal y como nosotros las vemos. En caso contrario nos escondemos en términos como la ceguera política de los demás o la incapacidad del sistema para asumir las soluciones más técnicas que nosotros proponemos. Miramos a Francia, Inglaterra, Estados Unidos y observamos en sus regímenes políticos, en sus sociedades o en sus principios constitucionales, elementos que nos gustaría que asumieran como nuestros la propia sociedad a la que pertenecemos. Y sin embargo no somos capaces de entender que es en la participación social y política en donde se juega el futuro de nuestras ideas.

Participar o comprometerse con un grupo consiste en llegar a ese grupo con tu propia visión de cómo se han de hacer las cosas, pero también con la predisposición de escuchar a los demás y la voluntad de renunciar a algunas ideas propias a cambio de que otras se conviertan en ideas comunes. Consiste en renunciar al proyecto personal totalizador a cambio de unir fuerzas con otros que podrán tener también conocimientos técnicos o no, pero que se muestran dispuestos a generar un cambio en la sociedad a favor de unos principios políticos similares a los tuyos.

Es de esta forma como se cambian las sociedades, como las realidades políticas se modifican. Es de esta forma que los grupos en los que no participamos y no participaríamos jamás están implementando sus proyectos políticos, trabajando en contra de los nuestros, generándonos más indignación silenciosa, más desidia política y, sobretodo, más aislacionismo personal.

Considero, por tanto, que es necesario que participemos, que cada uno de nosotros escoja un grupo político en el que, por tradición personal, visión política o simplemente cercanía, pueda sentirse cómodo al participar. Quizás no coincidamos en la elección del grupo político en el que participar, pero siendo sólo uno, dos o tres no podríamos jamás constituirnos en un grupo capaz de cambiar la sociedad. Los tiempos de la vanguardia universitaria, donde un rotulador y un megáfono movilizaban al 90% de la comunidad han quedado muy atrás para nosotros. Y sólo existen dos caminos. Buscarnos un hueco en la sociedad que nos permita participar políticamente, ser actores y protagonistas de la acción política, o ser consumidos por nuestra indignación, desidia y absentismo social. Ya sabemos que participar tiene el precio de varias de nuestras ideas, pero el camino contrario nos lleva a quedarnos solos en casa, vestidos con nuestros harapos de escepticismo político, compartiendo quejas y refunfuños escépticos con otros como nosotros, y viendo cómo todo esto que se llama Estado y que tanto apreciábamos se pierde por el sumidero.

lunes, septiembre 05, 2011

Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander

Admitámoslo. Con un título como éste es casi imposible que tu espíritu gamberro, ese que aún te anima a contar chistes escatológicos en cuanto tienes la oportunidad, no te obligue a abrir el libro. Dicho y hecho.

La librería era un nido de silencio. Esos silencios que sólo albergan ciertas librerías los días después de las grandes compras. Claro, si haces el Sant Jordi una semana más tarde de lo que corresponde parece que ha pasado un huracán por la librería. Estanterías semivacías, con los ejemplares apilados en algunas esquinas, otros torcidos, apoyándose en sus compañeros como si necesitasen reposar de tanto esfuerzo, las mesas casi vacías y desordenadas.

El ambiente post catastrófico se había trasladado a los pocos clientes que allí nos juntamos una tarde. Pocas miradas y muchas menos palabras, con un único y constante sonido de fondo del teclear del ordenador de la dependienta. Y, casi sin querer, te topas con un libroLamentaciones de un prepucio. Se activa entonces ese espíritu gamberro que abre el libro, lee la primera página y enciende dentro de ti ese pequeño saco de la risa. Te sacudes en mitad de unas carcajadas incontroladas y comienzas a pensar que tu vida no estará completa hasta que hayas podido leer y reírte este libro. [Seguir leyendo sobre Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander]

Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander

Admitámoslo. Con un título como éste es casi imposible que tu espíritu gamberro, ese que aún te anima a contar chistes escatológicos en cuanto tienes la oportunidad, no te obligue a abrir el libro. Dicho y hecho.

La librería era un nido de silencio. Esos silencios que sólo albergan ciertas librerías los días después de las grandes compras. Claro, si haces el Sant Jordi una semana más tarde de lo que corresponde parece que ha pasado un huracán por la librería. Estanterías semivacías, con los ejemplares apilados en algunas esquinas, otros torcidos, apoyándose en sus compañeros como si necesitasen reposar de tanto esfuerzo, las mesas casi vacías y desordenadas.

El ambiente post catastrófico se había trasladado a los pocos clientes que allí nos juntamos una tarde. Pocas miradas y muchas menos palabras, con un único y constante sonido de fondo del teclear del ordenador de la dependienta. Y, casi sin querer, te topas con un libro Lamentaciones de un prepucio. Se activa entonces ese espíritu gamberro que abre el libro, lee la primera página y enciende dentro de ti ese pequeño saco de la risa. Te sacudes en mitad de unas carcajadas incontroladas y comienzas a pensar que tu vida no estará completa hasta que hayas podido leer y reírte este libro.

¿Qué es lo que explica esa primera página de Lamentaciones de un prepucio? Explica la obsesión de su autor, Shalom Auslander, con dios. Pretendidamente autobiográfico, este libro escenifica la violenta relación del autor con un ser superior al que imagina manipulador, vengativo y a la vez paciente en la planificación de su venganza. Un ser capaz de esperar a que la felicidad total y plena alcance a sus criaturas para castigarla de la manera más cruel que uno se puede imaginar.

Auslander procede de una comunidad ortodoxa judía de Nueva York. Sin embargo él no encaja en la infinidad de normas contradictorias que le intentan meter en la cabeza. Un tema que ya ha sido muy tratado tanto en la literatura como en el cine. Sin embargo la novedad del libro de Auslander reside en la ya mencionada relación con dios. Auslander, de espíritu gamberro, sigue atreviéndose a contravenir las reglas de la fe que ya no profesa, y a cambio piensa que dios va a por él. Que le espera a la vuelta de cada esquina para enviarle una maldición o asesinar a su ser más querido de la manera más irónica concebible. Por eso, cualquier buena noticia se convierte en seguida en un temor irracional dentro de él que lo lleva a intentar compensar su felicidad con el cumplimiento aislado de alguna regla religiosa.

Escrito con un gran sentido del humor, el libro no termina de ser más que un chiste. Un chiste contado a lo largo de 298 páginas, que se extiende más de lo que uno desearía ya que, una vez que has entendido el sentido del chiste, lo que quieres es que acabe.

Por el contrario, más allá del chiste podemos encontrar un gran contenido de cultura religiosa judía. Al menos en este país –que no se dice “este país, que se dice España”- la cultura judía está poco menos que escondida. Frente a los cursos de cultura árabe, china, japonesa y tantas otras, la divulgación de las tradiciones judías y, sobretodo, de su cultura religiosa –con sus normas y sus concepciones del mundo- están ausentes del conocimiento colectivo. Auslander, siempre en clave de humor, nos explica la extrema complejidad que entraña la bendición de la mesa para un judío. También cuenta la dificultad de vivir un Sabbath sin poder encender una bombilla –y el porqué de no poder encender una bombilla en Sabbath. De manera que, al mismo tiempo que se conoce la religión judía, uno se puede reír de sus normas y comprender la dificultad de la existencia de Auslander hasta que logró salir de su comunidad.

Es este es uno de los méritos del libro de Auslander. Que te hace reír de una cultura que no conocías, algo que todo adolescente que llevamos dentro es capaz de apreciar y de valorar. Algo que toda cultura debería hacer de sí misma, aunque en ocasiones sea doloroso. Algo que, por desgracia, la mayoría de las culturas considera sagrado y termina por ser castigado. Por suerte para Auslander, dios de momento sólo le ha castigado con una colaboración habitual en la gran The New Yorker, la publicación de este libro, un matrimonio feliz con una mujer judía con la misma carencia de fe que él y el nacimiento de su primer hijo. Y sí, como ya supondrán, la venganza de dios que Auslander imagina contra él será de carácter bíblico. O talmúdico, como prefieran.

miércoles, agosto 31, 2011

Un país de menú del día

Hubo un año que se llamó 1992. Ese año España esperaba modernizarse, pasar a ser Europa e incluso dejar atrás la transición. En 1992 se celebraron en Barcelona los Juegos Olímpicos. Pero también se celebró en Sevilla una Exposición Universal. Y para rizar el rizo se celebró el 5º Centenario del descubrimiento –y posterior masacre- del continente americano. Tres eventos mundiales, tres, que hicieron rodar y rodar las subvenciones por todo el país. La corrupción y el gasto público se dispararon. Todos los amigos del gobierno, y multitud de enemigos, pasaron a engrosar las filas de los dinamizadores culturales del país gracias al erario público. Europa, por fin, comenzaba en Gibraltar y no en los Pirineos.

Sin embargo tras el 92 vino el 93. Y con él llegaron las facturas de la fiesta. España se encontró con un periodo de recesión a nivel mundial y una deuda por pagar que provocó el cambio de política económica, la devaluación de la peseta y la renovación del mercado laboral. Pedro Solbes entró en el gobierno y Felipe González –“ese gran estadista”, que le llaman ahora los libros de historia- se decidió por mandar a hacer puñetas la palabra “obrero” que venía en el nombre de su partido y dio vía libre a los contratos temporales. La lógica era que si las empresas no se atrevían a contratar era sencillamente porque no tenían la herramienta necesaria para coger un trabajador nuevo debido al aumento puntual de la producción. No se consideraba que si las empresas no contrataban era sencillamente porque la economía estaba estancada y que, para dinamizarla, era necesario un cambio de sector motor.

Pues bien, en este nuevo mundo laboral, que sucesivamente se ha visto reformulado, las ETT comenzaron a surgir como chinches situándose como nuevo medio de contratación de la mayoría de empresas de gran tamaño –las gran generadoras del empleo en otras épocas- y el despido del trabajador fue convirtiéndose en más y más barato. Es decir, en lugar de apostar por reconvertir un mercado de trabajo español vetusto a través de una economía del conocimiento, se apostó por la contratación barata. Se buscó competir en el mercado de mano de obra internacional frente a China, India, Vietnam y demás países receptores de la producción deslocalizada frente a la posibilidad de competir en el mercado de productos de valor agregado.

El sistema ya hace casi 20 años que funciona. O mejor dicho, que no funciona. En el contexto de la actual crisis, se insiste en incidir en el modelo de la contratación barata, de la economía de servicios en lugar de la economía del conocimiento. Se está insistiendo en el modelo de contratación barata y nulo valor agregado. La sociedad, por un lado, dedica esfuerzos y recursos ingentes a formar nuevos cuadros a través de universidades públicas repartidas por todo el territorio español y, por otro, no genera el tejido económico suficientemente elevado para absorber todo este conocimiento e iniciativa profesional nueva.

El resultado de esta ecuación es bien sencillo. De las universidades públicas salen jóvenes con un alto conocimiento, capaces de rendir en puestos de responsabilidad alta y que necesitan de una oportunidad en su sector económico que les permita desarrollarse y lograr, en 10 ó 15 años, aportar todo su valor a la economía española. Sin embargo, dicha economía se centra sobre todo en la generación de trabajo en el sector servicios -¡turismo, turismo! Como en tiempos de la dictadura- y cuando crea oportunidades en el sector económico que impliquen un valor de conocimiento –industria, ciencia e ingeniería social que requiere de la I+D+i, y del descubrimiento de soluciones adaptadas a la vida social y económica- la estabilidad es precaria y la oportunidad de asentar una carrera profesional es nula.

Poco a poco los jóvenes más cualificados marchan fuera. Francia, Estados Unidos, Alemania, pero también países como Argentina, reciben a coste cero este conocimiento generado en España y se muestran capaces de aprovechar la iniciativa y el valor que han creado nuestras universidades. Aquí, mientras tanto, las soluciones políticas son las mismas que tras la crisis del 93, y tanto desde los medios de comunicación de la izquierda como de la derecha se lanzan a minusvalorar, cuando no despreciar, la formación de las universidades públicas españolas.

Cataluña, otrora uno de los motores económicos de España, ha perdido en sólo 4 años 270.000 empleos de jóvenes. Las cifras señalan, además, que un 38% de los jóvenes con contrato laboral están en situación de temporalidad, a la que se asocia además unos sueldos inferiores a los 1.000€ mensuales. Científicos españoles trabajan dispersos por todo el mundo porque el sistema económico –y el sistema universitario- es incapaz de asumir la producción de doctores que crean. Lo mismo pasa con los ingenieros, o con consultores en el área de la vida política o social. En resumen, multitud de cerebros se fugan del país generando conocimientos y -¡atención!- patentes en otros lugares del mundo. El desarrollo de estos productos, los nuevos descubrimientos científicos o la generación del Estado del Bienestar en otros países, será en parte culpa de universitarios españoles a los que hemos echado por no saberlos aprovechar.

Y mientras tanto España se irá convirtiendo, más y más, en el país de la cultura del sector servicios. El país donde los europeos más ricos vengan a descansar, o de fiesta. El país donde la posibilidad de hacer negocios siempre estará relacionada con el suelo. El país del “copa y puro”. El país, en definitiva, que tendrá que pagar ingentes cantidades de dinero por las patentes de otros. El país cuya política social seguirá supeditada a los intereses de la macroeconomía de países como Alemania –y dentro de poco China. El que tenga una Constitución reformada que obligue a pagar la deuda antes que en cualquier otra cosa. El país del que tuvo que marchar el científico que colaboró definitivamente en la cura contra la malaria o contra la tuberculosis. El país que no será dueño de su futuro, pero en el que se podrá comer paella con sangría por 7,70€. Todo un lujo de país, vamos.

lunes, julio 25, 2011

En caso de duda, dispare al inmigrante

El gobierno parece no darse por aludido ante las sugerencias de los grupos de la oposición de adelantar elecciones. Ya sea pidiéndolo desde el estrado en el Congreso, como hace el PP, o desde los micrófonos del fin de semana, como hace el futuro socio del PP, CiU. Pero el gobierno, como decimos, parece no darse por aludido y sigue justificando en público que unas elecciones anticipadas no sentarían bien a la economía mientras en privado continua con los pasos previstos en la hoja de ruta del nuevo candidato, Herr Rubalcaba.

Vengan por otoño o por primavera, una de las realidades de las próximas elecciones generales al Congreso de Diputados y al Senado va a ser la inmigración. En tiempo de crisis, hablen del vecino, ese morenito al que parece irle mejor que a usted y que, además, tiene acceso a las escuelas infantiles públicas por delante de sus hijos, que se cuela en la consulta del médico por delante de su mujer. Mírenle a él y piensen qué va a votar en las próximas elecciones.

Tener al extranjero como chivo expiatorio no es nuevo. Confundir la realidad de la inmigración para que sirva de perfecto engranaje de nuestras quejas, tampoco. Para combatir esto, desde el Ayuntamiento de Barcelona, hace ya tiempo que se viene implementando una campaña viral antirumores sobre los inmigrantes. Cataluña es una de las comunidades autónomas donde la identidad tiene una incidencia más directa en la política y la economía. Hacia la identidad española se arroja el tantas veces nombrado pacto fiscal y la grave carencia de inversiones estatales. Ahora, por obra y gracia de la estrategia electoral de la derecha y la incapacidad discursiva de la izquierda, anclada en el denominado buenismo, la identidad catalana o española se antepone a la identidad de inmigrante –la cual por cierto persigue hasta a la segunda generación, que siguen siendo ellos, negándoles ser nosotros.

Si hace unos años las políticas de integración estaban de moda, ahora lo está llamar al inmigrante “negro”, “moro” o directamente identificarlo con enfermedades, suciedad y paro. El Partido Popular ha obtenido en los municipios de Cataluña unos resultados electorales inimaginables hace unos años ondeando abiertamente la bandera de anti-inmigración. Su estrategia ha consistido en la creación de varios laboratorios electorales, al frente de los cuales situó a segundos espadas, prohibiendo a los líderes autonómicos o estatales pronunciarse al respecto –ni a favor ni en contra- para prevenir posibles descalabros. En Badalona, tercera ciudad de Cataluña por número de habitantes y vecina de Barcelona, el PP se ha hecho con la alcaldía a través de una campaña cuyos eslóganes eran claros: “Primero los de aquí”, “Yo digo lo que todos piensan pero no se atreven a decir”. etc. Este discurso, claro está, también ha tenido efectos colaterales y así podemos encontrar concejales del abiertamente xenófobo Plataforma por Catalunya en varias ciudades el Bajo Llobregat, hasta contar con 2 en L’Hospitalet del Llobregat, segunda ciudad de Catalunya y también vecina de Barcelona, y un total de 67 en toda Cataluña.

La campaña electoral de CiU no se vio salpicada por este discurso. En parte porque no lo necesitaban, en parte porque les pilló a contrapié y en parte porque el trabajo sucio se lo estaba haciendo otros. CiU siempre mantiene ese discurso liberal que pareciera equidistante del enfrentamiento partidista por cuanto asume como verdad absoluta cualquier cosa que se desprenda de él. El discurso de la moderación y del pensamiento único les permite luego aplicar medidas neoliberales que no planteó en las elecciones o no asumir su responsabilidad en la gestión de los problemas, como si no hubieran formado parte de gobiernos anteriores ni hubieran estado presentes los últimos ocho años en los escaños del Parlament. Sin embargo, ahora que el discurso de recuperar las instituciones ya no sirve, pues las tiene todas, están comenzando a seguir la estela del PP en varios aspectos. Y por supuesto eso implica subirse al carro del discurso fácil sobre la inmigración.

Salt es una población gironina situada a casi 100 kms de Barcelona. En ella el 39% de residentes son extranjeros no comunitarios y el pasado domingo 10 de julio, Jaume Torramadé, alcalde de la ciudad y perteneciente a CiU, sugirió que en Salt ya no cabían más inmigrantes. Habló de la necesidad de un reparto territorial de esta tensión que para él suponen los inmigrantes. Salt ya tiene muchos, ahora les toca a otros, pareció decir.

Más allá de las dificultades técnicas de aplicar cualquier medida encaminada a plasmar este pensamiento –tales como qué instrumentos legales pueden impedir el asentamiento de inmigrantes en un municipio o qué límites porcentuales estableces como máximo para una población- el problema del mismo viene derivado de su razón filosófica y, como tantas otras veces pasa, del querer pasar por encima de la jerarquía de derechos que todos los ciudadanos tenemos. Reordenar poblacionalmente a las comunidades de inmigrantes supondría la elaboración de un plan organizado de asentamientos -algo parecido a lo que Stalin realizaba en zonas de Siberia con el fin de rusificarlas- atentando directamente con el derecho a la libertad de movimientos que todo ciudadano legal tiene en su país de residencia –sobre el derecho de los sin papeles hablaremos otro día. Pero, además, sería una solución falsa pues la mayor parte de esta población inmigrante llega para vivir en una Comunidad Autónoma a través de un permiso que le permite trabajar en dicha región, y sólo en dicha región. Y su permiso de trabajo está concedido en función de la necesidad del mercado laboral de la Comunidad Autónoma, establecido por el catálogo de la situación nacional de empleo, establecido por el Ministerio y que dictamina qué profesiones son las que no cubrimos los nacionales y, por tanto, las que han de ser cubiertas con profesionales de otros países.

Con este montaje pre-electoral CiU sigue la estela del PP sobre la inmigración estudiando qué reacciones podría encontrarse entre su electorado. De nuevo el discurso anti-inmigración porquesí. De nuevo mensajes tramposos para aprovecharse de la falta de discurso de las izquierdas. De nuevo segundos espadas políticos, para evitar salpicar a los grandes líderes en caso de que la cosa no funcione como debe. De nuevo el chivo expiatorio del inmigrante y de todas las mentiras contadas sobre la realidad de la migración. De nuevo un discurso que niega abordar las causas de los problemas –de carácter socioeconómico- actuando sobre los efectos a través del cuestionamiento de Derechos Fundamentales, incitando al odio y al enfrentamiento social sólo por una estrategia electoralista que camufle su incapacidad política para hacerse cargo de la situación.

sábado, julio 02, 2011

La crisis de los veinte años, de E. H. Carr

Obra clásica e indispensable para el estudio de las Relaciones Internacionales, La crisis de los veinte añosno es sin embargo la obra cumbre de su autor. Edward Hallet Carr, fue el dueño de la primera cátedra en Relaciones Internacionales tras haber podido ejercer durante muchos años en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico. En el Foreign Office, Carr desempeñó varios cargos que le permitieron analizar la realidad de su tiempo desde una perspectiva crítica.

Fascinado por la Unión Soviética tras haber sido destinado a los países bálticos, Carr escribió una de las obras más importantes para el estudio de dicho ente político. Su Historia de la Unión Soviética supuso en su momento una obra cumbre de la sovietología, aún hoy difícilmente superable.

La crisis de los veinte años, sin embargo, es fruto de otra experiencia profesional distinta y en cierto modo alejada de su trabajo en la Unión Soviética.

jueves, junio 30, 2011

La última noche en Twisted River, de John Irving

La cantidad de grandes autores con una extensa bibliografía sobre la cual aún no nos hemos adentrado ha hecho que uno se busque excusas para entrar en una librería un día determinado -pongamos, por ejemplo,Sant Jordi- decidido a llevarse consigo una pieza de dicha colección. El Sant Jordi de este año pilló lejos de casa, muy lejos de casa, pero sin embargo uno ya tenía hecho los deberes. Meses atrás, con la excusa del cumpleaños, alguien me regaló La última noche en Twisted River, mi primera novela de John Irving. La tarea estaba completada y sólo quedaba ponerle fecha al comienzo de la lectura.



La última noche en Twisted River, de John Irving

La cantidad de grandes autores con una extensa bibliografía sobre la cual aún no nos hemos adentrado ha hecho que uno se busque excusas para entrar en una librería un día determinado -pongamos, por ejemplo, Sant Jordi- decidido a llevarse consigo una pieza de dicha colección. El Sant Jordi de este año pilló lejos de casa, muy lejos de casa, pero sin embargo uno ya tenía hecho los deberes. Meses atrás, con la excusa del cumpleaños, alguien me regaló La última noche en Twisted River, mi primera novela de John Irving. La tarea estaba completada y sólo quedaba ponerle fecha al comienzo de la lectura.

De manera que perdido en un hotel en la capital de la revolución, se abre la primera página y se encuentra una historia compleja y sin embargo capaz de atrapar al lector. La historia de dos protagonistas que, en realidad, son tres. Dominic, un cocinero de un campamento de leñadores; Danny, el hijo de éste; y Ketchum, leñador y mejor amigo de Dominic.

Lo que pronto parece una road novel, o una novela de huida destinada, obviamente, a complicarse sobre sí misma, deja pronto de aspirar a dicho título para convertirse en una novela compleja de personajes y de paisajes interiores.

Son 660 páginas -”aquí hay mucha lectura”, diría la madre de nuestro amigo Kilgore-, por lo que la manida expresión gran novela americana adquiere tintes verídicos. Irving es uno de esos autores capaz de pasarse la vida escribiendo dicha novela. Sin embargo, por lo que parece, ha decidido hace tiempo que mientras termina de escribir la novela definitiva, bueno será sacarse unas perrillas con los derechos de adaptación para el cine. Son varias las novelas suyas rodadas para la gran pantalla, y suelen ser pequeñas obras maestras o, cuanto menos, de ese tipo de películas que te dejan poso a pesar de que no te sientas identificado con la historia. Algo meritorio.

Siguiendo por aquí podríamos encontrar la primera crítica hacia la novela. Twisted River está muy pensada para ser llevada a la pantalla. Cuenta con un lenguaje visual muy cinematográfico que, en ocasiones, se aleja de la realidad literaria y hace previsibles ciertas acciones de los personajes. El abuso del lenguaje cinematográfico hace del flashback más que un recurso una norma, lo que en ocasiones despista y confunde al lector.

También en este sendero encontramos la que sería la mayor crítica a la novela: Twisted River no es sólo un libro, no es sólo una historia, sino que son tres o cuatro metidas ahí dentro. La novela que prevalece durante las 660 páginas es la de la contraportada: el cocinero Dominic y su hijo Danny huyen de Twisted River. Sin embargo, y esto parece algo habitual en las novelas de Irving, esta historia se complejiza más y más, llegando a puntos de credibilidad tan baja que casi podríamos estar hablando de una novela de Auster y su maldita casualidad. Es evidente que Irving, al contrario que Auster, tiene pensado un por qué que justifica tener que explicar todos los rincones de las vidas de sus personajes, sin embargo esta tarea dificulta la agilidad lectora y provoca que la novela reverbere en el lector hasta el punto de que no entienda por dónde le quieren llevar.

Pero no se dejen amedrentar por el esfuerzo que requiere introducirse en Twisted River. Como decimos, Irving sabe hacia donde va y, como en el senderismo, llegar a la cima de la montaña cuesta, pero cuanto mayor sea la montaña mayor será la recompensa.

jueves, junio 16, 2011

La estrategia del debate

¿Qué, ya has cogido bando? Hazlo rápido ¿eh? No te despistes. Has de escoger entre los indignados violentos o los políticos pacíficos. El caos frente al orden constitucional -o democrático, le dicen- que tanto nos ha costado alcanzar tras 40 años de dictadura. Esta gente no se entera de lo que nos costó echar a Franco. Hubo que esperar a que se muriera, sí, y aún así tuvimos que aceptar sus reglas del cambio. Pero nosotros lo logramos, parece que se le olvida a esa gente. ¡Qué falta de respeto por los derechos de todos! Tendremos que hacer una ley que te obligue a condenar la violencia de los indignados para acceder a lo que dejemos del Estado de Bienestar. “Señora López, lo lamento pero se ha suspendido su operación, la que se programó hace 7 meses, porque Ud. no condenó a los indignados en su momento. Lo dice el informe de la Fiscalía del Estado”. A esa gente o les obligas a reconocer que llevas razón o persisten en su error. Son como los de la ETA.

El Sistema estaba ahí, esperando cualquier oportunidad para arrancar la capa de legitimidad que parecía haber perdido en favor de un grupo de campistas urbanos. Nadie sabía muy bien qué hacían esos campistas -según los medios de masas- pero contaban con el apoyo de la mayoría de la población. Y los políticos, el Sistema, se quedaban en su casa carcomiéndose por dentro. ¿Dónde quedó su legitimidad arrebatada? No se enteraron de que la legitimidad la habían perdido ellos solos, por mérito propio. Y que si la gente sigue participando en el sistema político -a través de las elecciones- es sencillamente porque la gente aún cree en la política. Aún creen que vendrá un partido, un gobierno, un líder capaz de enterarse qué está pasando en la calle y en las casas de las personas en lugar de preocuparse por sus datos macroeconómicos y el crédito bancario que tiene pedido su partido para hacer la campaña.

El intento de desalojo de la Plaza Catalunya, tan desastrosamente realizado, dejó con el culo al aire a la Consejería de Interior, empezando por su titular Felip Puig, y terminando por un cuerpo policial, los Mossos d'Esquadra, que quedó como un cuerpo represivo propio de otra época, capaz de repartir porrazos a lo que antes se consideraba gente de bien. Desconcertados porque no había habido violencia la última vez que se enfrentó a los indignados, los Mossos también estaban esperando su oportunidad de redimirse y de mejorar su imagen pública a través de lo único que saben hacer: violencia.

Y esta oportunidad esperada por los políticos y por los Mossos llegó cuando con días de antelación los indignados convocaron una concentración/acampada frente al Parlament de Catalunya. Impedir que un parlamentario acceda a su escaño en cualquier cámara es un delito tipificado en el código penal con hasta 3 años de cárcel. Algo que parece más que correcto en el contexto que sea, por razones obvias. Los Mossos aprovecharon su oportunidad, se vistieron de manifestantes y provocaron las cargas de sus compañeros antidisturbios infiltrados en las filas de los indignados. Y los políticos, esos paladines de la responsabilidad, se pusieron ante las cámaras del Parlament, como niños chicos, a enseñar la gabardina pintada y a poner cara compungida.

La ciudadanía espera de una policía que les proteja y les sirva, no que provoque altercados en manifestaciones pacíficas. La ciudadanía espera de los políticos que, incluso en los momentos de tensión, mantenga la calma y el sentido de la responsabilidad. Y ninguno de los dos estamentos lo hicieron, contribuyendo a su nivel de desligitimidad y aumentando la indignación de la ciudadanía.

La concentración en el Parlament ha sido, desde el punto de vista estratégico y mediático, un error. Mientras que al Palament ayer no se podía entrar, a las multinacionales o a los bancos se entraba con tranquilidad. En tu trabajo no había problemas para entrar, salvo para quienes han sido despedidos en busca de más beneficios empresariales. Telefónica, con su ERE reluciente e injustificable, tenía las puertas abiertas de par en par. Y aquellos que tienen el poder de paralizar los ERE, los parlamentarios, veían cómo se les increpaba y se les amenazaba.

En un mes de acampadas aún no se ha podido establecer un programa de objetivos políticos y, de momento, el único objetivo es seguir hablando, descentralizar la protesta llevándola a los barrios. Y las multinacionales siguen abriendo ERE's. Las instituciones internacionales siguen exigiendo el fin del Estado del Bienestar en Grecia y Portugal -si no lo han pedido aquí es porque ya hemos hecho las reformas antes de que nos den el dinero. En definitiva, el Sistema sigue ejerciendo su violencia estructural habitual.

Aumentar la participación política, en asambleas urbanas, barriales o vecinales, es una gran noticia. Pero de no seguir extendiendo el cuestionamiento de los modelos actuales al ámbito del trabajo ésto lleva camino de tener poco o nulo impacto estructural. Me dirán que los griegos llevan 10 huelgas generales en un año y aún siguen con los mismos problemas de legitimidad política e institucional. Y yo les contestaré que también llevan un año de reforma neoliberal brutal, de estallido del Estado de Bienestar, y sin embargo el mercado y los políticos aún piden más. O llevamos esto hacia una nuevo mecanismo de participación en el trabajo, o la reforma se nos quedará incompleta y sólo nos contentaremos con hacer lo que Arcadi Olvieres ha prometido seguir haciendo: pedagogía de la política.

viernes, mayo 27, 2011

El país es suyo, la ciudad es suya, pero las calles no

Hoy desalojan la acampada de Plaza Catalunya, en Barcelona. Y la de Lleida. El motivo oficial es el de realizar labores de limpieza y preparación para la posible celebración de la Copa de Europa del Barça el sábado. Y ante esto, uno que ha estudiado y tiene nociones de seguridad, le encuentra la lógica a este modelo neoliberal que tanto se está imponiendo en estos días. Si los ejércitos estatales, vacíos de su legitimidad defensora de la nación, están realizando labores de cooperación y de policía en países del extranjero, resulta lógico situar a la policía estatal o autonómica a realizar labores de limpieza y desescombro. Todo lo que sea cambiar la porra y el arma reglamentaria por el tan español invento de la fregona lo vería con buenos ojos. Ni si quiera los Provos holandeses hubieran podido imaginarse tamaña hazaña.

Sin embargo las imágenes no muestran eso, sino todo lo contrario. Policías armados con escudos y porras muestran sus pechos desnudos de placas -algo totalmente ilegal, pues un funcionario de la ley ha de ir siempre debidamente acreditado en el ejercicio de su profesión- y reparten violencia a un grupo de reunidos en una plaza que, pacíficamente, sólo les piden que por un momento sean personas y no soldados.

Si hubiera habido que apostar por el primer desalojo creo que todos hubiéramos dicho lo mismo: Sol. Allá, a las puertas del marquesado de la presidenta Aguirre se extienden toldos de plástico que, como aquellos de Almería, esconden las vergüenzas del sistema político, económico y social de España. Frente a su ordeno y mando los toldos dicen un sencillo hablemos. Y sin embargo, en este momento, aún no hemos visto retirar ninguna persona de la Puerta del Sol.

No es casual que haya sido aquí en Cataluña desde donde comience a manifestarse esa represión del movimiento pacífico surgido de la indignación de los ciudadanos y ciudadanas. Desde que se dio el pistoletazo de salida a la campaña electoral por la Generalitat, CiU, la coalición de derechas catalana, ha venido anunciando que por fin el orden de las cosas volvería a su sitio. De todas sus declaraciones desde entonces hasta el discurso de victoria de Artur Mas en las elecciones municipales del 22 de mayo, se desprende este sentimiento de la coalición de pensar que ellos, y no otros, representan los valores del país catalán, representan la voluntad de todos los catalanes y, por tanto, son parte legítima e inexcusable de las instituciones. El país es suyo y así cualquier decisión que ellos tomen es comprendida automáticamente por toda la ciudadanía de bien. ¿El resto? El resto son charnegos o directamente hijos de puta.

Así, el Consejero de Interior de esta nueva Generalitat de verdad, el que sustituía al tan crititado Joan Saura -de Iniciativa per Catalunya-Les Verds-, y el que tenía que traer orden a todo este descontrol que según CiU se había creado en el país, se ha paseado por la opinión pública catalana con aires prepotente. Volver a poner a la gente en su sitio, vamos. No hay mejor definición de Puig que el alter ego en la televisión catalana, una parodia de personaje que siempre lleva consigo un bate de béisbol para limpiar con diálogo cualquier tipo de orden. Tan representado se encuentra que incluso en un acto de campaña en Vic le regalaron uno con el que posó para la foto -y quien quiera creer que es un acto improvisado y no compartido por el consejero es que no conoce la forma de organizar los actos electorales, donde absolutamente todo, incluso lo que se pretende improvisado, está programado con una significación. El mensaje de mano dura en una ciudad catalana con un índice de inmigración muy alto y con gran cuota electoral votante de partidos que defienden abiertamente la expulsión de los inmigrantes no era imprevisto.

Y hoy, más porras. Frente al desorden de la gente que habla, cuestiona, gestiona su vida y, decididamente, protesta a través de la reflexión colectica, CiU ha decidido limpiar con su estilo de imposición y carencia de diálogo. Puig no da la cara, sino que lo hace su segundo. Artur Mas no hablará de nada de ésto, para no ensuciarse. Pero una cosa han dejado clara y es que se sienten tan dueños del país que también deciden cómo se camina por sus calles y qué se debe pensar. Las cámaras de todo el país, de todos los ciudadanos y ciudadanas que han grabado la violencia policial frente al movimiento pacífico de los acampados serán el arma a través de la que se exigirá la dimisión del Consejero de Interior, como mínimo y con implicaciones tanto para el PSC como para Iniciativa per Catalunya, coalición que en funciones gobierna hoy la ciudad.

El país es suyo y si para limpiar una plaza han de mandar a los antidisturbios, los envían. La ciudad es suya y la gente sólo puede reunirse para celebrar una manifestación oficial -es decir, en la que participen ellos- o una Copa de Europa de fútbol. Sin embargo la gente, sentada, indignada, callada o gritando, les está demostrando que la calle no es suya, que suya es sólo la violencia.

domingo, mayo 22, 2011

Después de la #spanishrevolution

La voluntad de indignarse colectivamente, de dejar el salón de casa, las conversaciones de bar o las teclas del ordenador ha sobrevenido sin apenas esperarlo. Tan inesperado, tan poco relleno de sentido político que ejerce una fuerza hipnótica y poética sobre el resto de la ciudadanía que también se sentía indignada. Pero esa fuerza también es, de momento, su debilidad.

Decíamos hace poco en este blog dedicado al situacionismo -aunque no lo parezca- que la crisis económica había derivado en una crisis más compleja y multinivel. Una crisis, en definitiva, de la legitimidad institucional del Estado para tomar decisiones. Una crisis de legitimidad que afectaba, sobretodo, a aquellas organizaciones situadas en el espectro de la izquierda política.

Incapaces de enfrentarse al sistema que ellos mismos contribuían a crear, las organizaciones de izquierda -partidos, sindicatos, asociaciones políticas- que fueron realmente quienes legitimaron el pacto social y político tras la transición, ven ahora comprometida su fuerza social y, por tanto, su razón de existencia. Las fuerzas de la derecha, por definición, son menos propensas a la autocrítica, menos susceptibles de crisis deslegitimadoras que cuestionen su representatividad. Y es precisamente por este motivo por lo que ellas ganan las crisis.

¿Pero qué haremos después de votar hoy? Hoy, día 22 de mayo de 2011, hay elecciones municipales y autonómicas y, me temo, la derecha -entendida de manera amplia, es decir, el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Nacionalista Vasco, Convergencia i Unió, etc- arrasará en las urnas. Espero equivocarme, pero este arrebato de indignación ha llegado demasiado tarde para estas urnas a las que nos enfrentamos hoy.

Debemos estar listos para el momento en que el campamento se levante por falta de apoyo social. También en esto espero equivocarme, pero la más que posible victoria de los partidos mencionados en las elecciones de hoy podría provocar que se pinche el globo de la ilusión que se ha venido llenando esta semana. Como en el París de mayo de 1968, durante esta semana se ha sufrido la alucinación colectiva de que la vida puede cambiar, de repente y para mejor. Que tal y como hacemos click y reseteamos el ordenador, podríamos resetear la democracia. Y sin embargo la realidad nos muestra que normalmente no es así.

Los tweets revolucionarios se los llevará la barra de scroll, y llegará el momento en que la actriz de turno, el escándalo social o el terremoto de turno ocupará la parrilla de las redes sociales que nos han ayudado a estar aquí hoy todos juntos. Debemos prepararnos para que ese día llegue sin que nada haya cambiado. Pero esta vez no deberíamos prepararnos a través de la resignación indignada, sino para la participación. Así sin apellidos.

Durante años, al rededor nuestro, sea en Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Cáceres o Sevilla, ha habido gente organizada, círculos en los que no hemos reparado por menospreciar su esfuerzo o por apreciar nuestra indignación de sofá, nuestro diálogo entre gente parecida a nosotros, que reforzaba nuestras ideas y nuestra autocomplacencia. Más detenidos en advertir nuestras diferencias que nuestras semejanzas frente a un sistema que hoy seguirán reteniendo ellos -que para eso es suyo-, pero al que podemos arañar nuestros derechos organizándonos y levantándonos cada día y en cada momento de nuestra vida con la convicción de que ese día tampoco dejaremos pasar ninguna injusticia ante nuestros ojos. Sea en el supermercado, en el autobús o en la oficina. Sea en la calle, en el hogar que no es nuestro o directamente en nuestras plazas y nuestros portales.

Esto no es París. Hoy no es 1968. Tampoco es El Cairo. Esto es Madrid, Barcelona, Sevilla, Castelldefels... Esto no nos lo cuentan los periódicos. Esto lo vivimos hoy todos nosotros. Podemos salir de nuestras acampadas con las orejas gachas y pensando que todo acabó o con la convicción de formar una nueva izquierda, más decidida a cambiar las cosas que nunca, con base social y capaz de movilizar el voto y la concentración. Con la voluntad de participar en nuestra vida política y social a través del principio de lo que es justo. Construyendo, por fin, nuestra propia realidad frente a la realidad de ellos.

La fotografía de esta entrada es de Gorka Linaza. Puedes ver su estupenda galería sobre la acampada de Sol en su Flickr.

jueves, mayo 12, 2011

Historia de Rusia en el siglo XX, de Robert Service

Son países que siempre han estado ahí, en el imaginario colectivo de todos y cada uno de nosotros. Durante nuestra infancia hemos visto perder siempre a los mismos, pertenecientes al reino de la bandera roja, doblegados ante el poderío e inteligencia del héroe de turno norteamericano -o británico-, indescifrables y ocultos ante su rocambolesco idioma.

Por eso, cuando se presenta la ocasión de conocerlo, uno no debe desaprovecharla en todos los sentidos. Hace unos meses que todo me pillaba planificando un viaje a la ciudad de los tres nombres. Sus ciudadanos nacieron en Petesburgo, crecieron en Leningrado y ahora se jubilan en San Petesburgo. Y entre toda esa planificación estaba, sin duda, la exigencia de conocer más de cerca una historia que, no por muchas veces narrada, deja de ser apasionante. [seguir leyendo sobre Historia de Rusia en el siglo XX, de Robert Service].

jueves, marzo 24, 2011

Max Weber nunca estuvo en Vilna

En una sala de conferencias llena de estudiantes armados en busca de la revolución socialista, Max Weber pronunció su famosa Política como vocación. Entre las muchas ideas que en esa conferencia manejó estaba la de situar a los partidos políticos como herramientas burocráticas de la democracia. Son ellos quienes hacen las cribas y establecen las cuotas del acceso al poder a través del juego electoral sobre el que se basa la democracia occidental. Entrar en un partido político, por tanto, constituye una especie de oposición estatal que se gana y se pierde a través del tiempo y dedicación que uno esté dispuesto a poner sobre el tapete, algo de oportunidades y un mucho de oportunismo.

Son los partidos, por tanto, una herramienta más de un sistema democrático. Actúan como contenedores de ideas –aunque ahora se éstas se gestionen desde fundaciones y comités de sabios afines- y limitan las posibilidades de cambio, favoreciendo el mantenimiento del statu quo. Por tanto cumplen con la función primordial de generar estabilidad sistémica y, por supuesto, económica. La revolución no llega nunca por parte de los partidos del sistema, sean los que sean.

Sin embargo, en tiempos de crisis –sistémica, económica o política-, los partidos han de saber cumplir con otra de sus funciones, la de regenerar el tejido sistémico y establecer nuevos pactos sociales. Como ya comentamos otro día, los partidos políticos de España aún no han sido capaces de encontrar la tecla para afrontar la crisis económica, transformando ésta en una crisis de legitimidad de las instituciones políticas –incluyendo aquí a administraciones, partidos políticos y actores de la sociedad civil como los sindicatos y las cámaras de comercio.

La semana pasada se publicaba un reportaje que venía a verificar la carencia de legitimidad de los actuales partidos políticos europeos. En el Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia y España los ciudadanos y ciudadanas no confían en sus partidos políticos. El estudio, elaborado por diversos periódicos europeos, pone en solfa la necesidad de repensar el concepto de lo político –aunque también podríamos pensar qué tipo de legitimidad y credibilidad le otorgan los ciudadanos europeos a su prensa.

Nos quedamos, por tanto, con una crisis de legitimidad como hace tiempo que no hay ninguna, y unas instituciones que, en origen, eran las encargadas de reelaborar esa legitimidad pero que ahora se muestran desorientadas entre las necesidades macroeconómicas del capitalismo, los compromisos bancarios de sus organizaciones y las necesidades de sus electorados.

En Lituania, hace años que la legitimidad de los partidos se encontró con que alguien había encontrado un camino para sortearla, una puerta de atrás que les funcionó de maravilla. En 2008, un grupo de famosos de la televisión formaron el Tautos Priskélimo Partija, o Partido Nacional de la Resurrección. Este partido, por el que ningún otro actor político, tuvo un éxito arrollador en las elecciones legislativas. Acostumbrados a ver sus rostros cada día, los votantes-telespectadores se decidieron por su ellos antes que por los programas políticos de los partidos tradicionales y obtuvieron 16 escaños en el Seimas, el Parlamento lituano.

Su presencia en la cámara fue fundamental para la formación del nuevo gobierno, obteniendo dos ministerios y una figura aún más fundamental en el marco político lituano, la presidencia del Parlamento. Ésta cayó en Arunas Valinskas, presentador estrella de la televisión post-soviética -en esta fotografía le podrán reconocer por ser el que va vestido con la bandera estadounidense. Acostumbrado a repartir millones debido a que presentaba el programa ¿Quién quiere ser millonario?, Arunas decía sentir una paradoja en sí mismo, pues desde su puesto en el Parlamento decidía quien ganaba o perdía millones a diario. Otros miembros particularmente interesantes de dicho partido de famosos lituanos son Rokas Zilinskas, reportero de calle del noticiario lituano y actual presidente de la comisión de energía nuclear de Lituania, Antanas Nedzinskas, ex-concursante de un programa musical de televisión -les dejo una actuación suya-, o el curioso Linas Karalius, líder del grupo musical Zas, de extraños vídeos musicales.

Pero no se asusten. La tendencia de colocar a políticos no profesionales en cargos públicos no es ajena a nuestra cultura occidental. No hablamos de gobernadores de California o presidentes norteamericanos que antes fueron actores, sino de la costumbre que todos los partidos del Estado tienen de colocar a uno o dos famosos que se han reconocido simpatizantes de dicho partido en las listas municipales, autonómicas o incluso generales. Conocidos son los casos de Marta Domínguez, atleta ahora involucrada en casos de dopaje, que fue en las listas del PP por Palencia. O Toni Cantó, que ha decidido figurar en las listas del partido rosa.

Si bien los casos lituano o español no sean comparables, ni tan solo se permite la comparación entre los lituanos y los norteamericanos, es de reseñar el monumental enfado o cuestionamiento de la clase política cuando se sugirió a la tertuliana estrella de los amarillos programas de televisión como candidata a algún cargo público.

Los partidos han sido sobrepasados por la capacidad del marketing para crear de la política un divertimento y transformar la democracia en un concurso de popularidad de ideas vacías y ruedas de prensa sin preguntas. Un reino tan fácil de conquistar para aquél que surja de entre todos ellos y se decida, con determinación, a explicar un proyecto o una idea de país y que, además, se muestre dispuesto a discutirla. Pero, a la vez, también se ha vuelto en un reino de fácil acceso para aquellos pretendidamente simpáticos dominadores de la agenda comunicativa.

miércoles, febrero 23, 2011

Camuflar la noticia del día

23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, PSOE y PP defienden los intereses de la banca al tumbar en el Congreso una propuesta que permitía acabar con la hipoteca a cambio de entregar el piso, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado, 23F, 30 aniversario del intento de golpe de Estado.

jueves, febrero 17, 2011

La muerte de Øttinger no estaba anunciada

Seguramente no lo habías notado, porque hace tiempo que ya no salía por aquí o por allí, dándote lecciones de estrategia política o de interpretación del cine. Seguramente, si no has tenido curiosidad por las viejas fotos de Diversidad Diacrítica, no te hayas dado cuenta de lo huérfano que está ahora el blog sin sus instantáneas. Pero ya no está.

Hacía tiempo que venía arrastrando su análisis político por entre las esquinas de un blog que tenía semi-abandonado. Cuando escribes una entrada prometiendo más entradas, ése es el momento de dar por concluido el proyecto del blog. Él las había prometido en enero de 2010, y aún así aguantó todo un año más. Periodo en el que la imagen de la portada del libro que leía en tal o cual momento cambió más que la última entrada que había escrito.

Y sin embargo, uno no se lo espera. Empiezas a escribir una entrada nueva en tu blog y recuerdas algo que él quiso decir, pinchas en el enlace a su bitácora, para buscar el post y enlazarlo, y ¡zas!, de repente te das cuenta de que ya no está ahí. De que el blog ha desaparecido y con él todas las entradas, las discusiones a través de los comentarios o, lo que es más importante, ciertos comentarios que luego hicieron historia al despertar la curiosidad de unos en otros.

A través de su blog conocimos a Eva, al Cerrajero, al Reverendo, a muchos, diferentes y divergentes bloggers, unos presentes y otros desaparecidos ya como él, que animan las conversaciones sobre una cerveza de cualquier tarde de sábado lluviosa.

Muchos de los blogueros que finalizan sus blogs deciden abandonarlos a su suerte. Realizan una última entrada de despedida, o simplemente dejan de acceder al usuario, bloquean los comentarios o los borran nada más recibirlos. Øttinger, como debía ser por su carácter diferente, ha decidido no dejar rastro para la e-arqueología. “El personaje ha muerto”, sentenció. Ha eliminado el perfil de blogger, los blogs que él gobernaba, dejándonos de paso sin aquel abandonado Desperté a su lado…, el blog de cuentos inacabados. Habrá rastro de él, sin duda. A través de los comentarios que un día nos hizo, o a través del texto de las entradas de blogs como Destripando Terrones, a los que su ausencia sólo ha afectado en la eliminación de las fotografías que lo ilustran. Y, por supuesto, aunque nos quedarán las copias de caché de Google, lo que Øttinger nos ha arrebatado al retirar su blog del mundo internet es esa ligera sensación nostálgica y reconfortante que siente uno al encontrarse con una esquina de la ciudad que mantuvo su importancia para nosotros en otro tiempo.

No sabemos si volverá a las bitácoras, con el mismo personaje o disfrazado de algún otro. Ahora y siempre nos quedará su fina ironía camuflada de lección universitaria de ciencia política, de la que podrán disfrutar sus alumnos y, por supuesto, sus amigos. Y para el recuerdo, su última entrada blogguera, el último coletazo de un síndrome que consiguió registrar como invención propia, una entrada sobre los 35 años en el poder del ciudadano Juan Carlos Borbón.

Descanse en paz, Øttinger. Y ya nos vemos mañana –como otros tantos días- al lado de una cerveza y una conversación a voces.

martes, febrero 08, 2011

Alguien lo tiene que decir

Alguien debería avisar a los responsables del nuevo partido de la izquierda abertzale, Sortu, que su logo, el que han presentado hoy, ya debe estar registrado como bandera de alguna república de Asia Central.

Con lo mona que era la estrellita de antes...

lunes, febrero 07, 2011

Atrapados entre trincheras

Llegan buenas noticias de Euskadi. Llegan porque siempre que el mundo de la izquierda abertzale parece moverse, son buenas noticias. Su voluntad política es la única que permitirá cambiar el rumbo de la historia de ese gran lugar que se llama Euskadi. Tradicionalmente ellos se han reclamado como los únicos protagonistas de la historia del pueblo vasco, y da la casualidad de que, a día de hoy, es la historia la que les reclama a ellos.

Desde la salida del periodo Aznar, la izquierda abertzale se ha visto beneficiada del fin de esa tensión social que impedía levantar la mano para disentir desde tu bando. La posibilidad de dialogar con el vecino, sea de la ideología que sea, y la más importante oportunidad de dialogar con tu compañero de partido, ha permitido que el pensamiento –o si lo prefieren la estrategia- de la izquierda nacionalista vasca haya cambiado en este periodo de siete años desde el fin del G
obierno Aznar.

Llegó una tregua, la del 2006, que trajo consigo la certeza social de que el terrorismo podía acabar y la visión de un espacio político para la izquierda abertzale transformadora de la sociedad vasca. Pero con el fin de la tregua y las medias verdades del Gobierno de España, centrando la atención en el Ministro de Interior, Pérez Rubalcaba, el ánimo social sufrió un duro revés. Fueron momentos en los que pareció que todo estaría destruido sin que nadie, excepto la postura excesivamente conservadora del PP, hubiese ganado nada. Fue tiempo de valientes, y ninguno de los bandos asumió la responsabilidad que le ofrecía la historia.

Sin embargo ahora nos encontramos con un proceso de alto el fuego permanente y verificable de ETA. Un guiño tras la capucha a todos aquellos que aún creen y desean una Euskadi sin terrorismo político. Hoy, la izquierda abertzale ha recogido ese guante marcado por el brazo armado y ha pres
entado en Bilbao una nueva formación política que rechaza expresamente la violencia como fin político. Hoy la izquierda abertzale sale a las pantallas a aceptar esa Ley de Partidos que en 2002 diseñó el Gobierno de Aznar. Una Ley hecha a la carta, planteada para excluir a un partido, ideada por otro cuyo fin último no era más que beneficiarse del enfrentamiento, y firmada por un partido en la oposición, el PSOE, incapaz de saber explicar los matices que le hubieran llevado a oponerse y, por tanto, sucumbido dentro del “frente de los demócratas” y en el diálogo demagógico.

El escenario que existe hoy en Euskadi es, por tanto, bastante similar al que existía hace un año, pero con cambio tan significativo –
por ser el actor principal de la escena- que puede provocar el cambio total de cara del espectro político.

Asumimos que en Euskadi existen tres posturas políticas. Obviamente la primera de ellas es el mantenimiento del statu quo, es decir, la postura Constitucionalista. En segundo y obvio lugar, la postura del cambio radical de todo, la postura de la independencia o la Revolución –no entendida como cambio violento, sino como cambio rápido y profundo. En tercer lugar nos encontramos la Reforma, aquella opción política que, sin alterar las condiciones básicas de la situación política y social, propone pequeños cambios o innovaciones que conduzcan a un alivio de la tensión generada.

Tradicionalmente, al menos durante los últimos 10 años, en Euskadi el espectro político de los cuatro actores principales -PNV, PSE, PP y Batasuna- había sido el siguiente.

El PNV, como actor principal de un régimen político marcado por la identidad, llevaba como primera opción política la Reforma. No hay que olvidar que si bien es un partido nacionalista que en última instancia, como parece que puede hacer CiU, se subirá al tren de la Revolución. Pero la realidad es que siempre han optado por la Reforma o por la Constitución. Es decir, o reforma controlada por ellos o mantenimiento del statu quo.

El PSE coincidía históricamente con el PNV en la formulación de una reforma. Pero de los gobiernos con el nacionalismo vasco giró hacia una postura ultraconstitucional impropia de su base electoral y programa político.

El PP, por el contrario, siempre ha mantenido una postura radical en cuanto al eje constitucional. El mantenimiento del statu quo en Euskadi y España, la política del enfrentamiento identitario y la profundización en el conflicto son elementos que siempre le han dado rendimiento electoral a nivel estatal y no tantas veces a nivel vasco. Sea como fuere, una reforma del escenario actual estaba y está en el último lugar de sus pretensiones. Tal y como pasa en las organizaciones fuertemente polarizadas, la política del conmigo o sin mí ha primado convirtiéndose la Revolución, o el cambio radical de escenario político, en la segunda opción buscada. Es evidente que Revolución, para el PP, no significa independencia.

Por último, Batasuna –por emplear una de las marcas de la izquierda abertzale- ha promovido siempre una Revolución como primera opción política. El cambio hacia el Estado Vasco y el independentismo ha sido el eje principal de sus programas políticos. Aquí lo interesante es que el segundo escalón, hasta ahora consistía en el programa Constitucional. El mantenimiento del statu quo es, para una organización que se mantiene como antisistema, la única salida posible si el camino de la revolución está cerrado, pues la reforma –en un contexto político en el que no acumula poder- se ve como el fin de la tensión social que propiciaría la revolución.

Durante años los actores reformistas del régimen político vasco han intentado deslegitimar las opciones rupturistas o estancadas, principalmente a través del único actor al que se consideraba un actor con capacidad para ser responsable: el PP. Sin embargo, su enroque en la política del conflicto identitario y los réditos electorales que cree que a nivel estatal le concede, ha impedido la jugada de la reforma que hubiera dejado en fuera de juego total y definitivo a la izquierda abertzale.

Con el anuncio de hoy, Batasuna pareciera querer salir a jugar al juego reformista, a acumular poder electoral y ser un actor válido en los tiempos de reformas estructurales del estado español que parece que están corriendo. Batasuna podría haber cambiado, definitivamente, no su primera opción política –la Revolución-, sino su segunda opción, y haber decidido entonces que es mejor una reforma tuya, que el mantenimiento del statu quo si éste no desarrolla tu programa político.

El PP, entonces, está en fuera de juego. El PSOE se relame por cuanto su mejor valor electoral –Rubalcaba- es quien, como Ministro del Interior, va a tener que controlar la situación comunicativamente hablando, dando réditos en la campaña electoral y apareciendo, una vez más y sin comerlo ni beberlo, como los salvadores de la vieja y de la nueva España.

A Batasuna, mientras tanto, le toca esperar a que el juego de trincheras a nivel estatal entre PP y PSOE le permita participar en las próximas elecciones municipales de Mayo de este año. Mal asunto la política cuando está en manos de irresponsables.

lunes, enero 31, 2011

Reflexiones desde la cola de correos

"El comunismo es el joven dios que fracasó; el capitalismo, una deidad más antigua, aún debe triunfar la mayor parte del tiempo a ojos de la mayor parte del mundo."
Robert Service

Ciertamente hay libros que, sólo por su introducción, ya merecen un hueco en tu estantería. Así acaba la introducción de este volumen de la historia de Rusia. Promete.