jueves, febrero 14, 2013

¿Afecta la corrupción a nuestro nivel de participación política?


Foto de Daquella Manera
Presionar la tecla F5 para recargar la página web del diario elegido se está convirtiendo en ejercicio de obligado cumplimiento en España. A cada golpe de falange, el lector descubre un nuevo escándalo de corrupción en sus instituciones políticas. Los titulares impactan, por mucho que a Mariano Rajoy le tengan sin cuidado, y el clima del todo vale está  dando paso, poco a poco, a un clima de indefensión de la ciudadanía, ayudado por los conflictos bancarios con las hipotecas –que afectan principalmente a las extintas clases medias. Vivimos en sociedades dependientes de su gobierno político, y si no existe el imaginario puente de autocontrol entre gobernantes y gobernados, la relación se rompe dejando paso al desamparo.

Acompañando a los titulares sobre corrupción política últimamente vemos en los medios de comunicación diversas expresiones de movilización. Desde los movimientos sociales de cariz político hasta las iniciativas solidarias de bocadillo callejero. Todos juntos, con un aspecto positivo pero también negativo, nos harían pensar que tras la corrupción viene la tempestad de la movilización y la tan ansiada –por muchos- sociedad comprometida con su política. Esta relación que percibimos entre a mayor corrupción mayor movilización política ¿es realidad o es fruto del efecto altavoz de los medios de comunicación y las redes sociales?

A la hora de participar políticamente, la única manera de contabilizar dicha participación consiste en los votos electorales. La participación electoral, la posibilidad real de que una sociedad cambie de gobierno –con las limitaciones que cada ley electoral pueda tener- es real, y es aquí, digamos, donde uno se juega el partido –en el más amplio sentido de la palabra.

En el ejemplar de Enero de 2013 de la Revista Internacional de Ciencia Política (International Political ScienceReview), editada por la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA), se publica un artículo de los investigadores Daniel Stockermer, Bernadette LaMontagne y Lyle Scruggs, de la Universidad de Ottawa en Canadá, titulado Los sobornos y los votos: Elimpacto de la corrupción sobre la participación electoral en las democracias

Estos investigadores han realizado un modelo de análisis basado en datos de participación electoral e índices de corrupción realizados por diversas instituciones. Pretenden resolver la pregunta antes planteada: El electorado, ¿se moviliza para expulsar (o para apoyar a los corruptos) o la abstención y la desmotivación se acentúan con la corrupción?

Definen la palabra corrupción como malas acciones privadas entre la política y los intereses económicos. Lo que abarca el clientelismo, el nepotismo, la financiación secreta de partidos y los vínculos abiertos y públicos entre dirigentes políticos o funcionarios y el ámbito privado. Interpretan el hecho corrupto como una brusca interrupción de la democracia y la consiguiente pérdida de legitimidad del sistema político.

El estudio observa variables tanto de carácter institucional –leyes de voto obligatorio, tipo de sistema electoral, grado de importancia de la elección-, como de carácter socioeconómico y contextuales –tamaño del Estado, grado de competencia del sistema electoral. Y tiene como variable dependiente el porcentaje de adultos que vota en cada elección nacional, la participación.

Desde este punto de partida, los autores han observado 343 casos, con sobrerrepresentación de países occidentales, pero donde han tenido cabida desde países con un índice muy elevado de corrupción –como Honduras- hasta países con un grado de control de la corrupción muy elevado, como los nórdicos.

Los resultados del modelo, que en mi opinión están bien fundamentados, son claros. Existe un impacto negativo, significativo y substancialmente relevante de la corrupción en la participación electoral. Hasta el punto de que cada punto ganado en el control de la corrupción hace aumentar en otros seis puntos la participación.

El estudio tiene en cuenta el caso de España, desde 1986 hasta 2008. Pero entre esos 343, España aparece desapercibida y diluida. ¿Se reflejan estas conclusiones en los datos particulares para España?



No se tiene aquí ni el tiempo, ni seguramente capacidad, para replicar el complejo modelo de los autores exclusivamente para España. Y por otro lado éstos sólo ofrecen resultados globales de su modelo. Sin embargo, si analizamos los porcentajes de participación electoral en las elecciones al Congreso de los Diputados y la percepción de la corrupción como un problema primordial para los españoles(en la figura), vemos dos cosas interesantes.

La primera, que la percepción de una situación análoga en cuanto a la corrupción y su coincidencia en el tiempo con unas elecciones generales trajo consecuencias en la participación muy diferentes. En 1996 los índices de percepción de la corrupción eran muy similares a los de 2011, pero la participación se incrementó –ni siquiera un punto- respecto a las elecciones de 1993. Sin embargo en 2011 la participación bajó hasta niveles que no se conocían en los últimos diez años.

La segunda, que los dos declives más pronunciados en la curva de la participación vienen asociados a momentos en donde la percepción de la corrupción era bien diferente. Si en 2000 la corrupción no era vista como un problema, en 2011 la cosa cambió hasta niveles de percepción de 1996.

En ambos periodos electorales -2000 y 2011- donde la corrupción fue interpretada como un problema, el PP logró victorias que ya se podían prever durante las campañas electorales. Son momentos en los que el PSOE no logró convencer al electorado para lograr la responsabilidad de gobierno. Se podría decir entonces que la movilización política de izquierdas se ve atenazada e incapaz de resolver los problemas con la percepción de la corrupción entre su potencial electorado.

Si asumimos, como parece evidente, que las movilizaciones sociales que a día de hoy existen son primordialmente de carácter izquierdista, podemos presuponer que el efecto altavoz y el clima de la necesidad del cambio político en la dirección del país están muy relacionados. Y que a diferencia de los titulares de los diarios, la realidad es que la sociedad está desmovilizada y desarticulada políticamente ante el desamparo al que las instituciones políticas le han sometido. Importantes lecciones para cualquier movimiento político de izquierdas que pretenda en un corto plazo ser protagonista del cambio de dirección política de España. Tanto el modelo canadiense, como las observaciones más sencillas de nuestro pasado reciente, invitan a no fiarse del tamaño de letra del titular periodístico o la cantidad de Trending Topics semanales y a hacer más hincapié en el color de la papeleta que se tire a la urna. Toquen cuando toquen las próximas elecciones.

10 comentarios:

Rubén Sánchez Medero dijo...

El modo en el que la corrupción afecta a un entorno electoral es difícilmente cuantificable a través de un modelo qeneral. Intervienen demasiadas variables más allá de la percepción (indicador importante), tales como qué tipo de casos se producen, a qué nivel, quiénes creen que son los responsables, qué clase de cultura política tiene el país…

Probablemente el más interesante sea la atribución de responsabilidades (combinado con la cultura política del país). En el caso de España, en la aplicación del modelo de Stockermer y cía. se observa, como dices, que en el momento de mayor corrupción conocido hasta la fecha subió la participación (1996), pero se te escapa un dato aún más revelador. El PSOE, el partido que centraba los casos de corrupción de la década de 1990, incrementó su número de votantes de las generales de 1993 a las de 1996 (que perdió). Según el modelo propuesto, no solo debería haber bajado la participación general sino que además debería haber descendido el apoyo al PSOE. Es en ese punto en el que entra la atribución de responsabilidades: Felipe González fue exonerado una y otra vez por la mayoría de sus votantes de todos los casos de corrupción que afectaban a su partido. Eran otros los que los cometían, nunca él.

Lo que vendría a confirmar, como concluyes, que no hay que fiarse demasiado de tanto titular espectacular y tanto barullo en las redes sociales. Sin embargo, y es lo que difiere el momento actual, esta vez coincide con una crisis cuyas consecuencias se escenifican con recortes, pérdida de prestaciones, bajadas de sueldos, impuestos… una serie de elementos que producen descontento con los políticos (principalmente con los que gobiernan) y arrastra una visión negativa que podría afectar a la participación. Quizás no la corrupción por sí misma, los expertos dicen que pasado un año la mayor parte de los electores pierden la memoria, pero si como un factor más en el descontento generalizado de la población. Y sumando y sumando podría llegarse a ese descenso. Del mismo modo que también podría darse el caso contrario, que alguien sea capaz de ofrecer una idea de regeneración aglutinando gran parte de ese descontento...

Seguiremos observando.

pcbcarp dijo...

Hago mi modesta contribución: No sé en otros países; pero, desde luego, en España, al menos hasta ahora (porque la que se está liando ahora es curiosa)no cabe hablar de percepción de la corrupción como tal. Lo que hay, más bien, es percepción de la corrupción de "los otros". Por regla general, el potencial votante -o potencial abstencionista- suele magnificar la corrupción del partido "enemigo" y minimizar la de "los nuestros". Para analizar el impacto de la percepción de corrupción tal vez habría que discriminar por voto. No sé, se me ha ocurrido a bote pronto. Lo pensaré un poco más.

el_situacionista dijo...

Rubén, una de las limitaciones del modelo de Stockermer es que no realiza análisis en términos de políticas progresistas. Por tanto, lo que cuenta no es si el PSOE logró aumentar votos cuando más se le asociaba con la corrupción, sino que no pudo movilizar tantos como el PP. Hecha la advertencia de la limitación, también se tiene que advertir una ventaja del modelo: ofrece resultados globales sobre la base de una ponderación de resultados. En el artículo explican que han graduado la característica de "importancia" de unas elecciones. Es decir, si son más o menos decisivas que otras. Las de 1996, es obvio, eran vistas como una segunda transición para la gente de derechas españolas. Imagino que en el modelo lo habrían podido moderar.

pcbcarpb, tendemos a creer que España es un ente diferente al resto de Estados cuando hablamos de corrupción, que aquí no se castiga la corrupción propia. Una posible explicación de esto -que estaría en consonancia con otros países de nuestra región, pero también de otras- la ofrecen estos días en el artículo ¿Por qué no castigamos? del ElDiario.Es.

Saludos

Enrique Bermejo Dotor dijo...

En mi modesta opinión y sin desmerecer el modelo propuesto, creo que es una cuestión relacionada con la cultura política de cada país. En nuestro caso, la corrupción es aceptada a todos los niveles, no sólo en el político, sino también en la vida cotidiana.
Por lo que respecta a la corrupción como elemento movilizador de la participación política en nuestro país, no creo que sea un factor determinante, cuando es el descontento el mayor elemento movilizador. Imagino que tendrá su importancia, según cómo sea instrumentalizada por parte de los partidos políticos y sus medios de comunicación afines, donde al parecer, todos tienen mucho que callar; pero entiendo que no es lo determinante.

Una vez más, felicidades por tu artículo.

el_situacionista dijo...

Enrique, TODO depende de la cultura política determinada del país. Pero extrapolar y estudiar muchos casos permite lograr una relación causa-efecto constante. En cualquier caso, veo que coincides con pcbcarp en este pesimismo antropológico, insistiendo que aquí somos diferentes en cuanto a cómo percibimos la corrupción en todos los ámbitos y no la castigamos. Insisto: en muchos países de nuestro entorno también es así. No somos únicos en ésto, lamentablemente.

Un saludo.

Enrique Bermejo Dotor dijo...

Desde mi adjudicado pesimismo antropológico te diré que aún existiendo corrupción en TODOS los países, la percepción de las conductas corruptas es diferente en función de la cultura. En otros ámbitos es vista de manera más negativa que aquí, y en este país sólo se penaliza socialmente en cuanto se visibiliza.
No niego que el estudio de casos pueda describir tendencias. Lo que digo es que también hay que tener en cuenta otros factores, como el concerniente a la cultura política, cosa que creo, adolece este estudio.
No es que aquí hagamos las cosas peor que en otros lugares, ni mucho menos. Incluso hasta se habla de que en ciertas regiones de este país hay cierta percepción de que las cosas se hacen mejor que en otras, cuando se demuestra que en todas partes cuecen habas. ¿Propaganda?, tal vez.
Que si la corrupción desmoviliza la participación, no te digo que no, ahí está el estudio que lo corrobora.
Sólo digo que, en mi modesta opinión, hay otros factores que determinan una mayor o menor participación política, incluyendo aquella participación fuera del ejercicio electoral. Insisto, la razón para una mayor participación política pudiera ser el descontento y la instrumentalización que de la corrupción hagan los partidos y medios de comunicación en liza.

Tampoco hace falta que digas cosas que yo no he dicho, ni asumas que soy un pesimista antropológico

pcbcarp dijo...

Hola de nuevo. Yo no soy pesimista antropológico, oiga usted. No digo que aquí la corrupción no se castigue. Lo que digo es que (al menos hasta ahora) una parte muy importante de los votantes no se cree la corrupción de los suyos y sí se cree cualquier rumor sobre la corrupción de los otros. Muchos de los que votaron al PP en las últimas elecciones valencianas, creo que no lo hubieran hecho si hubieran creído que los casos de corrupci´n eran reales. Pero se ponen una venda en los ojos y asumen que todo es una conspiración de los otros, que sí son corruptos. En este mmento la cosa está cambiando (¿temporalmente?) debido a que la prensa "lo está sacando todo". Ya veremos en qué acaba. Saludos

Rubén Sánchez Medero dijo...

La atribución de la responsabilidad es fundamental. Lo importante, en las elecciones del 93-96, es que la corrupción se le atribuía al PSOE, pero no al Presidente del Gobierno (por parte de sus votantes). Incluso con la crisis económica, la mayor parte de los electores responsabilizaban de la situación a factores internacionales ante los que Felipe González poco podía hacer. Por este motivo, y con el objeto de liberarse de las 'herencias' de su partido, realizó la campaña casi en solitario. En una clara muestra de una elevada personalización de su figura institucional y aislamiento respecto la corrupción reinante. Esto, sumado a un ataque certero contra el PP, al que acusaba de querer quitar las pensiones, prestaciones... (la habitual batería de amenazas sobre recortes sociales que le hace el PSOE al PP), consiguieron que él quedará al margen y que no hubiese una alternativa que pudiera sustituirle.

Trampa en la que cayó el PP, pues cambió la estrategia, abandonando el ataque a la corrupción e intentando mostrar una imagen de partido de centro que no eliminaría las políticas sociales. Se perdió la tensión y González salió airoso.

Hay una tesis estupenda publicada en el CIS en la que se analizan todas estas variables trabajando con las percepciones ciudadanas y la construcción de las imágenes de los partidos y líderes y su rendimiento electoral en las elecciones de 1993 y 1996. No recuerdo el título... Cuando lo haga te paso la referencia.

eva dijo...

Ala, os ponéis a discutir cosas en el blog y no avisáis.

Si se habla de la "percepción de la corrupción" y no de la corrupción en sí misma hay que tener en cuenta qué cosas se destapan, cuando se cuentan y cómo. Porque esto influirá en la percepción, digo yo.

Ahora vamos a ver cómo publico este comentario porque el captcha que me propone google no sé qué demonios dice. (segundo intento)

el_situacionista dijo...

Eva, el que no corre vuela. Desde que abandonaste el Reader, los blogs no han vuelto a ser los mismos.

Evidentemente la percepción del nivel de corrupción depende del "escándalo"... pero no sólo de él.

Una cosa es la corrupción política a gran escala y otra cosa es que la ciudadanía, en general, interprete como corrupción o no que el técnico de urbanismo te cobre un "extra" por agilizar los trámites o que un amigo tuyo vaya a un gestor que le cobra 100€ para ahorrarse 500€ en la declaración de renta.

El estudio habla de estos dos tipos de corrupción y de su afectación a la participación política.

En España tendemos a pensar que sólo importa la corrupción política, cuando en realidad somos un país de pequeños corruptores -cultura ocasionada seguramente por la indefensión ante un Estado que se forma durante el franquismo.

Saludos!