miércoles, enero 30, 2008

Trampa 22, de Joseph Heller

Dicen, porque yo aún no he encontrado el momento oportuno, que leer a Pynchon es insufrible por su aparentemente ilógica narración. Que las líneas de un relato del ignoto escritor norteamericano destrozan al más pintado por su manía de mezclar personajes y acontecimientos en un novelón de casi mil páginas. Pero sin embargo, también dicen que Pynchon es adictivo. Que si uno es capaz de terminarse Maxon & Dixon o El arcoíris de la gravedad, no parará hasta acabar con toda su bibliografía. No cabe duda, así me he sentido mientras he leído Trampa 22 de Joseph Heller.

La sensación que traigo aquí no es la del lector entusiasmado que corre a recomendar el libro recién finalizado. Tampoco la del hastiado que pide encarecidamente que los quemen. Al libro, al autor y al lector ya de paso. Mi presencia aquí servirá como testimonio de una persona que se terminó Trampa 22, disfrutándolo a mandíbula abierta y detestando volver a él cada vez que se quería retomar la lectura. Porque hay que poner empeño. Tiene el libro momentos en los que uno no se entera bien de qué va la cosa, que hay dejarse entregar a la lectura sin confiar en el autor, simplemente dejando que la sátira o la crudeza de sus páginas se diluyan en la mente y salga de ahí una de las mejores novelas antibelicistas que mezclan humor –del bueno- y guerra. [leer completo]

2 comentarios:

Aloia dijo...

Tienes una capacidad brutal para convencerme. Empecé leyendo como siempre tu crónica(porque aunque una no deje constancia pisa su casa con constancia)pensando..."bueno, esta vez no me va a convencer"...pro nada, que me has convencido. Me has recordado el esfuerzo que me supuso retomar cada noche Celine en su día, pero el enorme placer que después me producía. Así que una vez más, chapeau, Heller le debe un ejemplar!

el_situacionista dijo...

aloia, muchísimas gracias por lo que dices. Encantado de saberme leído.

Le pediremos a Heller (Herederos De) nuestra parte de los royalties.