viernes, noviembre 17, 2006

Gota a gota se hace el río

Llevamos unos días donde, tanto en política internacional como en la política española, el agua es un tema de moda. El 9 de noviembre se presentó en Ciudad del Cabo el Informe Mundial de Desarrollo Humano del PNUD que este año está dedicado a la situación mundial del agua. Como los asuntos internacionales del agua son asuntos bien explicados en otros lugares y además ya habrá tiempo para revisarlos aquí, hoy nos fijaremos en los problemas políticos que la gestión del agua plantea en la política española. Problemas que, no obstante, siguen siendo trasladables a multitud de países.


Por un lado se ha suscitado polémica ante el aviso de la Ministra de Medio Ambiente Cristina Narbona de que la ley establecerá un mínimo de 60 litros por persona y día a raíz del cual el agua se pagará más cara. El establecimiento del mínimo es un aporte de la ONG Ecologistas en Acción del cual se sienten muy orgullosos a pesar de que el Ministerio lo ha entendido como le ha dado la gana. Este mínimo tiene de beneficioso en cuanto que se obliga al Estado a asegurar que todas las personas –no sólo los españoles y extranjeros legalmente residentes- tienen agua potable en calidad y cantidad suficiente para la subsistencia, independientemente de si la pueden pagar o no –que habría que ver cómo se aplica esto. De resultar así, España sería uno de los principales países en hacerlo y seguir con las recomendaciones de distintas organizaciones internacionales. La polémica ha salpicado este anuncio al ser entendido como un ataque al progreso de España por parte de algunos alcaldes y presidentes autonómicos de las filas contrarias a Narbona. Si desde la Comunidad de Madrid, su portavoz Ignacio González ha declarado que el Ministerio pretende equiparar a España con “el África subdesarrollada”, desde Valencia la alcaldesa Rita Barberá ha ido más allá y, obviando las comparaciones, ha asegurado que la medida sanciona la higiene de los ciudadanos. Vamos, que la Ministra llama a las masas de España a no lavarse. Esta demagogia que sigue la línea de defensa del PHN en su día, lo único que hace –además de decir que el mínimo de agua es bueno para ellos y no para nosotros- es desatender la principal crítica que se le podría hacer a la propuesta. A saber, sancionar el consumo de los ciudadanos como si ellos fueran realmente los culpables de una situación de sequía o de despilfarro del agua que en realidad ha ocasionado los beneficios a las industrias, la política urbanística de según qué Comunidades Autónomas y, por supuesto, las políticas agrícolas tanto de la UE como de todos los Gobiernos de España.

Porque son las industrias, los campos de golf y el cultivo de productos agrícolas –con subvención europea, por cierto- inapropiados para las zonas áridas de la Península Ibérica, las que se llevan el mayor porcentaje de agua y no lo consumido por las familias españolas. El establecer tramos tarifarios en la factura del agua puede educar en el consumo responsable del agua, pero también puede suponer que aquellas familias que lindan con la pobreza –casi 2 millones de españoles y españolas sufren la pobreza severa- se vean obligadas a reducir drásticamente su consumo o arriesgarse al impago de facturas y posterior corte del suministro.

Además, la Ley de Aguas que se debate en el Ministerio está reflejando la Directiva Marco del Agua de la UE, la cual propone que el coste de las infraestructuras para el servicio esté reflejado en la factura del agua. Recuperación de costes, lo llama. Esta iniciativa está siendo aplicada por instituciones como el Banco Mundial y el FMI en sus programas de cooperación sobre el agua y, en realidad, sólo garantiza libertad para encarecer los precios a las empresas privadas que se metan en este creciente negocio. Porque si el servicio es garantizado por el Estado, éste no ha de verse necesitado de recuperar costes por vía factura, sino que tiene otros mecanismos para socializar la recuperación y que se haga ésta de manera proporcional.

Paralelamente al debate sobre la Ley de Aguas, corrían rumores en estos días inciertos sobre la posibilidad de que el PSOE, bien por medio del Gobierno o bien por medio del grupo parlamentario socialista en el Congreso, retocara las propuestas de reforma estatutaria que emprenden las Comunidades Autónomas incluyendo directrices de la política estatal de aguas. Esta propuesta se acercaría más a la realidad que cualquiera de las que hayamos podido escuchar, pero lamentablemente obedece a otros motivos. La idea del PSOE es dirimir las diferencias existentes sobre el agua en sus distintas federaciones de manera interna, para asegurar que las necesidades políticas, que no ambientales, de cada región quedan satisfechas. Acordándose de su política se olvidan de la política de gestión del agua dejando el problema sin solucionar.

Gestionar el agua de una manera regional y no local es algo que ayuda a su conservación y, por tanto, garantiza el acceso actual y futuro. Es más, esta gestión no debería dejarse en acuerdos entre las mismas Comunidades Autónomas y el gobierno central, sino que debería involucrarse a países con los que compartimos cuencas. El caso del Tajo en Portugal es algo que evidencia esta necesidad, pues cuando en la Península Ibérica no llueve, Portugal sufre una doble sequía al ver cómo las autoridades españolas cortan el flujo de agua río arriba. Todo esto se puede resumir de la siguiente manera: gestión del agua entre las distintas administraciones, sean todas de un mismo Estado o no, contando con la participación ciudadana, con empresas y consorcios públicos fuertes, incluyendo los planes demográficos, urbanísticos, industriales y sobretodo agrícolas de la zona y tomando como principio inamovible que el agua de una cuenca no ha de salir de la misma, pues tiene graves consecuencias sobre el ecosistema y compromete su sostenibilidad. Pero eso sería tomarnos las cosas en serio.

7 comentarios:

Øttinger dijo...

Efectivamente, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Y esto de la guerra del agua traducida a batalla partidista es lo más tonto que se ha hecho en mucho tiempo.

El ladrillo, el golf, el riego agrícola por inundación y las grietas en los sistemas de distribución del agua, son los verdaderos causantes del derroche del líquido elemento. Lo de sancionar a las familias por el consumo es disparar contra el más débil. Es como cuando hace unos años querían sancionar el consumo eléctrico de lo shogares para aplacar la crisis energética. Claro, todo el mundo tiene en su hogar una pequeña industria que le consume millones de kilowatios.

La responsabilidad es de las Comunidades Autónomas más que del Estado, me temo. La Administración Central está en pleno retroceso en esta materia y el plante de algunas comunidades con el tema del PHN y el blindaje del Estatut al Ebro, es una buena muestra de ello. Y el Ministerio de Medio Ambiente, seamos serios, poco o ningún poder tiene. No debería ser así pero lo es.

Por lo que a nosotros nos toca, la Comunidad de Madrid, además de hacer bonitos anuncios en los que te dicen que te duches y no te bañes, o el Ayuntamiento poniendo cartelitos de "este parque se riega con agua reciclada", quizá debería ir a las presas de la Sierra y revisar toda la infraestrucutra desde que sale una gota de la misma y hasta que llega al grifo de una casa. Las cifras de pérdida de agua por averías o mal acondicionamiento de la red son bastante elevadas. Pero de eso no habla nadie. ¿Tienes algún dato?

La gestión del agua es una de esas cosas que llaman "de Estado". Del estado de la inopia, claro. Que tiene el mismo futuro que el tema urbanístico, terorrismo, política territorial, política exterior... se terminará improvisando sobre la marcha en una clara apuesta por un lo que sea. Eso sí. Después diremos que cumplimos todas las directrices europeas o recomendaciones de Naciones Unidas. Cómo el que más.


[Buena plantilla. Siempre hay que facilitar la lectura. Mis felicitaciones]

Juan Carlos Morgado dijo...

El problema del agua en nuestro planeta es gravísimo, las reservas comienzan a escasear y la desertificación avanza lenta pero avanza ... pronto habrá que pagar un impuesto al lujo, lujo que sólo algunos pueden costear.

Siempre el hilo se corta por lo delgado.

saludos

eva dijo...

Creo que las acciones de sensibilización, y estas incluyen pagar más cara el agua que se consume a partir de un mínimo, son buenas, porque ayudan a hacer el problema un poco "cosa de todos".
El problema es que los políticos no van más allá. Hablan de ahorro, pero no toman seriamente la cuestión, y menos si afecta a bolsillos importantes, como urbanizaciones turísticas con sus campos de golf, etc.
Necesitamos una nueva cultura del agua, y esto debe incluir gestionarla de manera responsable, a todos los niveles: familiar, local, regional, nacional e internacional.
Pero claro, necesitamos una nueva cultura de casi todo, tal como vamos...
Salut!

el_situacionista dijo...

Ottinger, es cierto que en cuanto a gestión de agua, uno de los puntos fuertes es la canalización de la misma y las pérdidas que se producen por un mal sistema. Esto pasa aquí, en el Tercer Mundo y en todas partes. Sin embargo el argumento esgrimido desde todas las esquinas de la política tradicional es que las inversiones públicas sólo pasan por un aumento de la factura o una privatización. ¡Susto o muerte! De cualquier manera la gestión del agua, que en efecto ha de ser cuestión de Estado, pasa por un fuerte control del Estado central, apoyado por una importante descentralización de la gestión directa en las Comunidades Autónomas -en el caso de España-, y en los municipios, asi como una participación directa de las comunidades afectadas por los cambios en la política y de las sociedades tradicionales de gestión comunitaria de agua. -Tomaquetomapastillasdegoma, que me ha salido todo del tirón-. Me temo que eso no es lo que se va a ver en España o en la Unión Europea en los próximos años, aunque conservacionismos como la protección del Ebro por el próximo Estatuto de Aragón me parece que es un primer paso. Otro día comento lo del ahorro de energía y el marrrdito protocolo de Kyoto.

Juan Carlos, la desertificación no es uno de nuestros mayores enemigos. Ésta se produce muy léntamente en relación a cómo somos capaces los humanos de bebernos un acuífero milenario en apenas 50 años. Ese es el tiempo que se calcula que Libia tardará en acabar con uno de los mayores del mundo, sito debajo del Sahara, en pos de llevar agua a su capital. Con el fin de ese acuífero se calcula podría alterarse la salinidad del Nilo -además de su caudal- lo que acarrearía una catástrofe agrícola en países como Sudán o Egipto. Coincido contigo, siempre el hilo se corta por lo delgado, el petróleo de Libia se acabará después de su agua.

Eva, no estoy de acuerdo con la política de precios. Subir los precios no educa, provoca que quien se lo pueda permitir gaste más y quien no se lo pueda permitir gaste menos. Lo que en un tema como el agua puede terminar resultando crítico. Sí veo bien la inclusión de un tramo fiscal nuevo donde el Estado recaude impuestos mediante la declaración de la renta que se traduzcan en las mejora de instalaciones del agua, financiación de friegaplatos a las familias que lo necesiten -la de agua que se va por el fregadero-, de cisternas con doble intensidad, etc. Que el dinero que el Estado ha de recaudar lo haga de aquellos que más tienen, y no de aquellos que más sufren. Con 1.000€ al mes y una hipoteca de 300.000€ a 50 años... ¡como para pagar más por el agua! Sí comparto la necesidad de una nueva cultura del agua, máxime cuando este pedazo de tierra que es la Península Ibérica se va a quedar como el desierto del Sahara en pocos años.

Un abrazo a todos y gracias por los comentarios.

Alejandro Maceira Rozados dijo...

Enhorabuena por la entrada. Es de lo más razonable que he leído en mucho tiempo (y como podrás ver en mi blog, leo bastante sobre esto ;)).

No me ha quedado claro el párrafo:

"Porque si el servicio es garantizado por el Estado, éste no ha de verse necesitado de recuperar costes por vía factura, sino que tiene otros mecanismos para socializar la recuperación y que se haga ésta de manera proporcional."

El principio de recuperación de costes de la DMA establece que todos los usos deberán contribuir en un grado adecuado a la recuperación de costes. No como ahora, que hay usos que no prácticamente no contribuyen y si consumen grandes cantidades.

Te reitero mi felicitación por el artículo. Si me das permiso, me gustaría ponerlo en mi blog.
Saludos cordiales.

el_situacionista dijo...

Alejandro, gracias por la visita y el comentario. La idea que pretendía resumir en ese párrafo que destacas simplemente es la de negar la política de subida de la factura. Creo que la declaración de la renta constituye un elemento más eficaz para la mejora del servicio. Mejora que, a pesar de lo que dice la DMA, no debería tener como principio la recuperación de costes. Que yo sepa, la construcción de hospitales, la instalación del alumbrado público u otras infraestructuras no llevan consigo la necesidad de recuperar costes, y menos aún por precios directos que perjudican a los que menos tienen.

Puedes reproducir el artículo entero o parte de él en tu blog, por supuesto, siempre que indiques donde y quién lo publicó.

Procederemos a la visita de tu blog más detenidamente, pero un primer vistazo a él deja entrever cosas interesantes.

Salud.

marius dijo...

El globo sonda de la ministra me parece de lo más impresentable porque hace recaer la resposabilidad en los ciudadanos. Yo empiezo a estar harto de ser tan responsable del reciclage del vidrio, de comer peces pequeños, de gastar agua, de consumir energía...
Para información de la bloggsfera: el consumo de agua se divide del siguiente modo: agricultura 65%, industria 25%, consumo doméstico 10% (estas cifras varian de una fuente a otra, hasta 80-15-5 he leido en alguna parte).
Visto eso, porque los consumidores de entre el 10% i el 5% del total son sistemáticamente machacados y gravados con impuestos?
Si el gobierno se proposiera (via estímulo del riego por goteo o racionalización de cultivos) ahorrar el 10% del consumo agrícola, los mortales que nos duchamos, podríamos gastar el doble de agua sin incrementar el consumo total.
Otrosi: resulta que las compañías distribuidoras de agua (Aguas de Barcelona, en mi pueblo) generan unos beneficios astronómicos (por cierto, con un mercado cautivo).
Se nos mean encima y nos quieren hacer creer que llueve...

http://latramapolaca.blogspot.com/