lunes, julio 12, 2010

Desde dentro de la manifestación

Siempre había pensado que me daba miedo la bandera española. Desde que uno era pequeño, los símbolos nacionales del Estado español, no sé por qué, me ponían el vello de punta y me asustaban. Quizás fue cuando comprendí que mi tío, el que ejercía de militar, en lugar de ser un hombre que trabajaba con aviones de película, estaba dispuesto a matar por un trozo de tela. El sábado pasado, en mitad del Paseo de Gràcia de Barcelona pude comprender que no era la bandera española sino cualquier bandera la que me daba miedo. La reafirmación de una identidad social –la nación, cualquiera que sea-, con su simbología, que no opera ni ha operado en mi interior me excluye, y me genera un sentimiento de rechazo y, a la vez, de soledad.

Sea como fuere, el sábado me presenté en la manifestación dispuesto a poder ver lo que estaba sucediendo. Más allá de los primeros instantes, en mitad del tumulto de personas, comprendiendo esto que he dicho sobre las banderas, el ambiente relajado –aunque con algún momento de tensión por el enfado social- me terminó por hacerme sentir, simplemente, como aquel acompañante a un concierto que no se sabe ni conoce las canciones.

Y los debates, afortunadamente los debates, las charlas y las conversaciones con gente de todos los estilos y colores, capaces de dialogar en más o menos medida, y que te ayudan a saber expresar esta sensación de que las cosas, política y socialmente, se están haciendo mal.

El Estatut de Cataluña de 2006 no es más que una herramienta política de un gobierno sin ideas, el tripartito, capaz de pensar su seguridad en el poder a través del enfrentamiento con el que, entonces, era el gobierno anti-nacionalista y recalcitrante de José María Aznar. En un clima de conflicto abierto entre dicho gobierno y cualesquiera fuerzas nacionalistas –PNV, EA, CiU, ERC, BNG…-, se propuso una norma que no encajaba con el Estado de Derecho que surgió de 1978. Pero el gobierno central cambió de manos, en parte gracias a los votos y escaños de Cataluña, y eso cambió las cosas.

El tripartito no pudo desdecirse del Estatut, el gobierno central no pudo decir que no y dio un sí con condiciones a través del acuerdo Zapatero-Artur Mas en lo que consistió una venta al mejor postor del gobierno de la Generalitat. Pero el PP y su postura electoralista también salió a relucir, y lo que aprobaba en Andalucía, lo recurría en Cataluña hasta el punto de movilizar a sus jueces del Tribunal Constitucional y a su Defensor del PuebloEnrique Múgica fue nombrado por el gobierno Aznar en el año 2000.

Hoy –por el viernes- el Tribunal Constitucional da a conocer lo que ya todos sabían –y sabíamos-, que el Estatut no encaja como tal en la Constitución de 1978 y que por tanto el texto ha de ser cambiado en ciertos puntos tan sensibles como el concepto de nación. El enfado de la ciudadanía es notable y completamente justificable pues un Tribunal obsoleto les ha recortado un texto que ha sido votado en referéndum. Y las fuerzas políticas catalanas, en lugar de aprovechar este impulso y estas ganas de cambio para construir, con otras fuerzas del Estado, el cambio del modelo constitucional que impide todo aquello que reclama la ciudadanía –derecho a decidir, a llamarse nación, a estar a gusto dentro del Estado o, directamente, a independizarse-, se enroca en su postura de no-propuesta y dice sí a un enfrentamiento que sabe desde el inicio que está perdido.

Si el Estatut que se votó en referéndum fue un acto de irresponsabilidad política que nunca se habría de haber dado a votar a la ciudadanía por abrir caminos que se sabían cerrados, ahora se reclama dar voz las exigencias de éstos en un camino que las mismas fuerzas catalanas contribuyeron a cerrar con hormigón armado durante el 78 y que –ya lo saben- nunca podrán abrir solas. Todo por mantener una postura política capaz de movilizar al electorado, mantenerse en el poder y seguir salvando los muebles y la cara en una continúa huída hacia delante.

Mientras seguiremos produciendo generaciones desengañadas con la política que, como aquellas del 78, verán frustrados los cambios que ansían y terminarán por abandonar el barco. Perderemos aún más calidad democrática y lograremos cansar a quienes han venido con sentido crítico, logrando enfrentar aún más a las diferentes regiones de España e impidiendo así que el melón de la Constitución, verdadera llave del cambio, se abra. Quienes en sus sillas llevan viendo cómo esto se desmorona, pensarán cuál es la mejor manera de sacar beneficio económico de todo esto, se llame nación, autonomía, región o una y libre.

5 comentarios:

Harry Reddish dijo...

Es lo que pasa con el "café para todos", que algunos lo quieren con leche, pero la máquina nunca ha ordeñado vacas.

Coincido contigo, nunca se debió votar un referéndum sobre algo que se sabía a priori que iba a ser rechazado. Comprendo el sentimiento de frustración de Cataluña y de los catalanes y entiendo cada vez más aquello de "Adeu Espanya", que por otro lado es algo que me irrita y me pone los pelos de punta. No me gusta, pero siendo justos, es una decisión que les compete a los demás, no a mí.

Sobre la bandera que ilustra tu entrada, me gusta, porque es una provocación. Felicidades por tu artículo y un abrazo de alguien a quien no le asustan las banderas y las estudia.

Salud

pcbcarp dijo...

Y lo más curioso es que los preceptos declarados inconstitucionales (por regla general, parte de una frase en un artículo, que luego obliga a hacer lo mismo cada vez que esa parte de una frase aparece en una enumeración en otro artículo más o menos relacionado) son en su mayoría los relativos al poder judicial. Que cosas, oye.

Coincido con lo que dices. Tenemos una clase política -así, en general- absolutamente irresponsable. Por otra parte, mi idea es que por desgracia, al Constituciuonal le ocurre lo que también le ocurre al Consejo Gral. del Poder Judicial: tanto politiqueo externo e interno los ha desprestigiado de una forma tal que no sé cómo se las van a arreglar para volver a ser una institución respetada.

Y un Tribunal Constitucional debería ser la institución más respetada, porque de alguna manera está por encima de los tres poderes. Demasiado poder para simples mortales.

C.C.Buxter dijo...

Este tema da para mucho, pero como se trata de hacer un comentario, y no una segunda entrada, intentaré ser breve.

Lo primero, barriendo para casa, coincido con pcbcarp en que, aunque nadie les presta atención, la mayoría de los artículos declarados inconstitucionales afectan al poder judicial; y lo que es más importante, tales artículos no son inconstitucionales tanto por lo que dicen, como por "quién" los dice. Es decir, son inconstitucionales porque esas materias han de ser reguladas por el Estado a través de la ley orgánica del poder judicial (LOPJ). Es tan evidente, que el propio Estatuto se remite continuamente a la LOPJ, dando lugar a una peculiar situación: 1º el Estatuto catalán le ordena a las Cortes Generales qué tienen que decir las leyes que son competencia estatal; y 2º si las Cortes no hacen caso al Estatuto, las normas estatutarias quedan vacías de contenido. Tras la sentencia se ha apuntado la posibilidad de que la normativa estatutaria se recoja en una futura modificación de la LOPJ, y yo me pregunto: ¿por qué no se hizo así desde un principio?

Para mí, todo el proceso de reforma estatutaria ha sido un desastre, pero quien más responsabilidad tienen son los dos grandes partidos nacionales. El PP, por enroscarse en el "no a todo", por ni siquiera participar en la elaboración de la reforma y por propiciar el enfrentamiento territorial por motivos electorales; y el PSOE, por la irresponsable promesa del entonces candidato Zapatero de apoyar el texto que aprobase el parlamento catalán y por optar el PSC por una reforma estatutaria de máximos, imposible de aprobar, que ha propiciado las quejas nacionalistas (si tu padre te dice que te van a dar una paga de 50 euros y al final te da 25, lógicamente te quejas).

Con todo, no es que exima de responsabilidad a los partidos nacionalistas, sino que creo que su actitud es más acorde con su orientación política. ¿Quién se beneficia del enfrentamiento territorial? Si los sectores independentistas defienden la proclamación unilateral de independencia, ¿para qué esforzarse por lograr una forma distinta de organización territorial? El caso de ERC es paradigmático: ellos votaron "no" al Estatuto, y sin embargo quieren presentarse ahora como sus más furibundos defensores.

En fin, veremos cómo evoluciona todo. Lo deseable sería que los gritos y pancartas se sustituyesen por el debate político y la sensatez, de un lado y de otro. Pero eso me temo que es pedir demasiado...

el_situacionista dijo...

Harry, que la independencia de los pueblos te irrite sería una cosa para hacértela mirar. Creo que, en el fondo y como a todos los castellanos, se nos ha inculcado la idea de que España ha de ser la que es y que cualquier intento por desmembrarla es inconcedible. ¡Maldita educación franquista!

El pacto del 78 de todos iguales -menos navarros y vascos- hace tiempo que se ha roto y cuanto más tardemos en rehacerlo más peligro de separarnos entre nosotros mismos tendremos.

pcbcarp, el problema de los jueces de estas instancias es que son políticos. Es decir, se lo reparten dos partidos políticos -éste para mí, éste para ti. Si fuéramos EEUU, donde hay bipartidismo, pues estaría muy bien -como en El ala oeste de la Casa Blanca cuando el Presidente Bartlet nombra a un juez progresista y comprometido-, pero siendo España un país lleno de partidos políticos con representación, la cosa huele a arreglo de las élites y vuelta de hoja. Una vez que el gran público conoce esto, es casi imposible que la institución recupere credibilidad... a no ser que se le olvide eso al pueblo.

C.C. Buxter, las cosas no se hicieron así simplemente porque pensaron que colaría o que, de estar el PP en Madrid, podrían alegar españolismo defensivo que no deja a Cataluña dirimir su propia justicia. Es la creación de otro ámbito de supuesta represión.

Respecto a lo demás, coincido en esencia contigo. El problema en este caso ha sido que la élite política ha decidido jugar con el electorado con un tema de vital importancia, que mueve conciencias y moviliza el sentimiento. A ver qué batacazo se meten. De momento, ayer en el Parlament ya han rechazado, todos los partidos de la cámara sin excepción, la propuesta para convocar un referendum sobre la independencia. Todo lo que el sábado iban de unidos lo continúan yendo... pero marcando ellos los ritmos y no la sociedad catalana. Así se inaugura, como dijo Puigcercós el sábado, "la transición hacia la independencia", callando la boca a la sociedad civil pacífica y pidiendo el voto. Manda cojones.

Harry Reddish dijo...

Sobre lo de la independencia de los pueblos, habrá que definir qué es eso de independencia de los pueblos y qué significa. Mientras se sigan conculcando los derechos individuales, los derechos colectivos son pura retórica demagógica, es por ello que me irrita y me pone los pelos de punta porque hace muchos años que dejé de creer en retóricas patrioteras y nacionalistas.
Si de lo que se trata es de cambiar unos tiranos por otros, adelante. Cada quién es muy dueño de elegir qué trapo le representa y cual es el cacique por el que quiere ser sojuzgado. Ahora bien, ¿la tiranía de la mayoría debe prevalecer sobre la minoría? ¿no debemos dar voz a los que piensan diferente y reconocer sus derechos? Como ves podemos llevar el argumento ad infinitum o ad nauseam.

En cuanto a lo de que a los castellanos se nos ha inculcado la idea de que España es la que es. Pues no te digo que no, pero te repito, hace mucho tiempo que el tema no me conmueve. Y dicho sea de paso, me revientan los que siguen bajo ese esquema educativo que denuncias. Como dije antes, cada quien elije al tirano que le gobierna. El asunto está en ver si seguimos bajo el esquema tirano-tiranizado o el de verdaderos ciudadanos libres y con plenitud de derechos. Ahí está el quid de la cuestión y lo demás son lisonjas folclóricas y patrioteras.

Salud (y deja de ponerme como un facha, pq no lo soy, hostia ya!!!)