lunes, abril 03, 2006

Dr. Livingsone, supongo


La historia de la colonización africana es el espejo de la historia de la configuración de la identidad europea. Dentro de las múltiples anécdotas que contribuyen a formar ésta, destaca sobremanera la tan manida anécdota del Dr. Livingstone.

Dicho doctor, en su intento por descubrir África a los occidentales, terminó por perderse en su propia aventura. Había tanta preocupación en los Estados Unidos por lo que le hubiera podido pasar que un periódico, el Herald, decidió mandar a uno de sus intrépidos periodistas en su búsqueda. La tarea recayó en un muchacho algo mezquino, un huérfano inglés que, deseoso de un futuro mejor, había emigrado al Nuevo Continente unos años atrás. Convertido en periodista, Henry Morton Stanley, que así se llamaba el muchacho, terminó llegando a África y tras un tiempo dio con el doctor y pronunció la frase que escenificaría para siempre la famosa flema británica: “Dr. Livingstone, supongo”. Stanley trató de convencerle para regresar pero viéndose incapaz de volver con el doctor decidió regresar con algo mejor: una historia que contar.

Stanley pudo aprender de Livingstone y continuar con el descubrimiento del interior de África. Escribió varios libros de viajes hasta que dejó de encontrar financiación para sus aventuras. Fue entonces cuando una figura clave apareció en escena, Leopoldo II de Bélgica. Dicho monarca, el segundo de su dinastía, necesitado de formar una identidad nacional, vio en África y en el concepto de Imperio, la mejor manera de hacer a su reino importante. Sir Henry Morton Stanley –para entonces la monarquía británica ya le había coronado como caballero del Imperio Británico- se convirtió en fiel vasallo del señor que pagaba sus expediciones, resultando el principal agente de la colonización belga de África y de la creación de algo que hasta ese momento no existía: El Congo.

Llegados a este punto, y como lo prometido es deuda, no me queda más remedio que olvidarme de la fascinante historia de la colonización belga del Congo y retomar la carrera del miserable de Stanley. Su vida estuvo dedicada desde su encuentro con Livingston a explorar África y a escribir sobre la misma. La pluma de este británico –destetado del Imperio- terminó por resultar fundamental en la manera de entender el África Subsahariana que los occidentales tenían y, por desgracia, seguimos teniendo hoy. Ser el principal africanista lo consiguió Stanley de la manera más simple. En la formación de sus expediciones llevaba consigo a otros muchos expedicionarios occidentales más. Jóvenes casi todos ellos y en su primera expedición, firmaban un contrato antes de partir por el que se comprometían a no publicar absolutamente nada sobre lo acontecido en la expedición hasta que Stanley la describiera entera. Siendo su publicación la primera en aparecer sobre cualquier nuevo aspecto de África –recorrido del río Congo, organización y religión africanas, etc- Stanley se aseguraba el título de referencia en la materia. Era el primero que describía esto y aquello y por tanto, él era el fundamento del conocimiento, aquello que había que rebatir o que había que apoyar. Daba igual que lo que dijera fuera cierto o falso, si él era el primero en venir de allí y contar la historia, él era el más adecuado para decir qué estaba sucediendo. El Principio Stanley estaba creado.

2 comentarios:

Harry Reddish dijo...

Gracias por ilustrarnos sobre el origen del Principio Stanley, la verdad es que no tenía ni idea y me sirve como anécdota para comentar en esos insoportables ensayos a los que me dedico en la actualidad. La historia de Stanley no dista mucho de lo que hoy nos ofrecen los medios de comunicación y determinadas instituciones. Me recuerda a todo lo que decía Herbert Marcuse en "El hombre-unidireccional" allá por los 60's y que probablemente hayas leído más profundamente que yo. Creo que me estoy rayando, pero bueno... en fin, lo dicho, que muchas gracias por compartir tu sabiduría con nosotros.

el_situacionista dijo...

Haces bien en citar el Principio Stanley. Pero antes recuerda citar al creador del Principio, es decir, a mí mismo. Que ando muy falto de citaciones académicas y una línea más en el CV es una línea más en el CV.

En próximas apariciones trataré de inventarme más conceptos. Si Ottinger puede, yo también.

Un abrazo.