jueves, octubre 16, 2014

Pobreza infantil: hacia una renta básica

Fotografía de niños durmiendo en la
calle Mulberry, Nueva York, en 1889.
¿¡¿Pero es que nadie piensa en los niños?!? Este grito desesperado salía de la boca de la mujer del Reverendo Lovejoy, personaje secundario de Los Simpson, durante todo un capítulo. La respuesta que le daríamos hoy día es que sí, que pensamos en los niños, pero quizás no lo hacemos bien. Los niños y niñas están en boca de todos, nadie quiere ir en contra de ellos. Es uno de esos temas biempensantes que nadie quiere nunca tocar. En España hay 7.871.826 niños y niñas, de los cuales 2.309.601 crecen en situación de pobreza, el equivalente a casi toda la provincia de Valencia. Un alarmante 29%. Cáritas Europa publicó un estudio el marzo pasado en el que se señalaba que España es el segundo país de la Unión Europea en esta clasificación, sólo superada por Rumanía. Tenemos tanta austeridad como el Reino Unido, tantos recortes como Grecia y tanta pobreza infantil como Rumanía. No parecen espejos en los que mirarse.

Ante esta situación, y visto que no parece muy halagador ser el partido de la familia del país que más niños y niñas en riesgo de pobreza tiene, el PP decidió actuar. El pasado mes de Julio, el Gobierno de Rajoy aprobó el Fondo Extraordinario contra la Pobreza Infantil, anunciado a bombo y platillo. Ey, si nos avisan de que hay niños y niñas que sufren la pobreza, actuamos. Si no lo hicimos antes es que no lo sabíamos, parecieron decir.




Como ocurre otras tantas veces con otros tantos temas, el debate no giró en torno a la efectividad de este fondo –es un fondo estatal del cual cada Comunidad Autónoma puede retirar el importe que le corresponde para dedicarlo a la prioridad que crea más oportuna- sino a su reparto.

El Ministerio de Ana Mato decidió que lo repartiría según la Tasa AROPE, un indicador de pobreza impulsado por las instituciones europeas. Ningún problema con respecto a este indicador. El problema viene cuando, calculado por Comunidades Autónomas, el indicador deja de indica y, se convierte en un mero ranking que no nos sirve para ver qué autonomía tiene más niños y niña en riesgo de pobreza. Vamos, que es un porcentaje sobre la población total de la autonomía, no dice cuántos niños y niñas hay en esta situación.

Si miras el Cuadro 1, repartido por la Tasa AROPE todo parece indicar que se ha hecho de manera equitativa, aunque destacan las diferencias en Catalunya, en menor medida, y especialmente en Andalucía.



Pero si miras el Cuadro 2, que muestra cuántos niños y niñas hay en cada Comunidad Autónoma que sufren la pobreza, verás que la cosa no tiene ya tanta lógica.



Y, por último, si miras cuánto dinero por niño o niña en situación de pobreza se lleva cada Comunidad Autónoma, resulta que la lógica termina por agotarse. Mientras que en Andalucía, tienen que dedicar 1,9€ del Fondo a cada niño o niña, en Ceuta pueden trabajar con casi 150€.



El debate posterior a la creación del Fondo fue, evidentemente, de rencillas territoriales. Como Catalunya salía perjudicada, las dinámicas de enfrentamiento Madrid-Barcelona volvieron a surgir. Sólo agravios como el de Andalucía consiguieron aliviar un poco dicho debate.

Pero en lo que nadie se fijó fue en que el Fondo Extraordinario (sic) para Combatir la Pobreza fue de un total de 17,4 millones de euros. Un total de 7,5€ a repartir para cada uno de 2.309.601 niños o niñas en situación de pobreza. Coincidiremos todos en que eso de extraordinario no tiene nada, al tiempo que conviene recordar que el pasado mes de Agosto, igual que los veranos de 2012 y 2013, el Gobierno aprobó por Decreto un crédito extraordinario de 914 millones de euros al Ministerio de Defensa. Por comparar y tener perspectiva.

Podría decirse que es un Fondo complementario a toda la actividad social que ya realiza el Gobierno Central. Pero la realidad es que en los Presupuestos de 2014 el recorte en Servicios Sociales, que ya venían siendo recortados en años anteriores, fue del 34%. En total, el Estado dedica, durante 2014, 1.809 millones de euros, la gran mayoría a la Acción Social (Dependencia, Familias, Infancia, Migrantes…), pero también utilizados para la Promoción Social (Igualdad, Juventud…) o el Imserso. Este presupuesto no ayuda a complementar las inversiones sociales en infancia de las Comunidades Autónomas, ya que éstas han de obedecer el límite de déficit impuesto por el Gobierno central. Montoro no deja gastar más, pero tampoco deja recaudar más o mejor, e interpone recursos constitucionales contra nuevos impuestos que aprueban las autonomías.

Polémicas aparte, la situación de la infancia en España nunca ha sido buena. Si ahora, en plena crisis, el 29% está en riesgo de pobreza, en la época de crecimiento económico, cuando el boom inmobiliario de este país de menú del día, no bajaba del 20%. Algo inaceptable.

Los niños y niñas preocupan socialmente, pero no políticamente. No tienen un peso específico en la política, más allá de que nadie quiere ser acusado de ir contra ellos. Y, obviamente, tienen cero peso electoral ya que no pueden votar. A veces, incluso son invisibles para la opinión pública. Cuenta Pau Marí-Klose, una referencia en España a la hora de hablar de pobreza infantil, que hace unos años el CIS realizó una encuesta para saber qué colectivos merecían, a ojos de la población, más protección social. En la encuesta se mencionaba a colectivos como las personas mayores, los parados, los inmigrantes… ¡pero los técnicos del CIS se olvidaron de incluir a los niños y niñas!

Atrapados en esta situación, las políticas contra la pobreza infantil que implementamos son en su gran mayoría de carácter paliativo. En general, abordamos el problema de la pobreza infantil a través de servicios o equipamientos. Frente al problema de la malnutrición infantil -niños que tienen hambre, imágenes de bocatas vacíos- respondemos con comedores sociales para familias con hijos, o con comedores escolares abiertos en verano. En muchos casos, estas medidas pretenden poner a la Administración pública en el lugar de los padres, obviando que las situaciones de pobreza no vienen derivadas exclusivamente de situaciones personales, sino que están provocadas por determinantes sociales. Vosotros, padres de niños y niñas en situación de pobreza, no podéis realizar la labor básica de todo padre y madre: alimentar a sus hijos debidamente. Por eso es la sociedad quien lo tiene que hacer. Ése es nuestro mensaje.

No abordamos la raíz del problema: que hay niños y niñas que nacen y crecen en hogares en exclusión social, la cual limita el desarrollo de sus capacidades y, por tanto, aumentan sus posibilidades de seguir excluidos durante su vida adulta. Y no defienden una premisa que deberíamos tener todos grabados a fuego en nuestra mente: que este mundo no puede ser digno ni justo si aún permitimos que niños y niñas crezcan en la pobreza cuando tenemos –¡sí, tenemos!- recursos para evitarlo.

Hace más de 30 años, la sociedad española llegó a un consenso: era indigno permitir que nuestras personas ancianas envejecieran en la pobreza, que en los momentos en que ya no podían ofrecer su fuerza de trabajo a la sociedad, perecieran sin ayuda de nadie. Ante esta situación nos inventamos un recurso: la Pensión No Contributiva (PNC), a la que tiene derecho toda persona que tenga la nacionalidad, independientemente de que no haya cotizado los años requeridos en la seguridad social.

Hoy ha llegado el momento de afrontar el problema de la pobreza infantil creando una renta para cada niño y cada niña. Una renta, una pensión, que permita que los padres y madres de estos hogares en exclusión social recuperar su lugar y su responsabilidad frente a la intervención paliativa. Que asuma que la pobreza es un mal que, en una sociedad de mercado como la nuestra, sólo se puede erradicar a través de la cobertura de las necesidades básicas. Cubriendo éstas, el resto de ámbitos de la exclusión social pueden ser superados con mayor o menor refuerzo por parte de la Administración.

Poner los recursos del Estado a trabajar en esta renta infantil. Eso, y no otra cosa, es preocuparse por la pobreza infantil. Más allá del confeti o la calderilla del Ministerio de Hacienda: 7,5€ por niño y niña en situación de la pobreza. Demasiado simbólico para un país del menú del día. 

Esta entrada del blog forma parte del Blog Action Day, un día en que cientos de blogueros de todo el mundo escribimos sobre la pobreza. 

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