martes, octubre 16, 2007

Policiaca, sucia novela policiaca

La noche había caído fulminantemente y los kilómetros se sucedían sin piedad. Las luces del viejo buick de alquiler se comían líneas discontinuas una tras otra, como si se persiguieran ellas mismas. Y el humo, ese humo de cigarro barato, se amontonaba en el centro del coche sabiendo que no tenía por dónde salir. La sola satisfacción del trabajo bien hecho dejaba en nuestras almas una sensación de alivio que se confundía con la incertidumbre ante la inexistencia de un nuevo caso. No era la primera vez que no encadenábamos un caso tras otro aquel año. Las épocas de vacas gordas habían pasado. Ya no había maridos ricos en busca del amante de su mujer. O cuanto menos no había ganas de enterarse del engaño. Ahora los dos teníamos bien claro que nuestra sociedad habría de ser disuelta. Uno de los dos sería el primero en abandonar el barco. Los casos de perros desaparecidos no dan para pagar dos escoceses cada noche. El abogado laboralista sería la cuneta. No cabía posibilidad de recurso.

Aparqué el coche en una estrecha recta que hacía el camino. Ese día no había luna que nos hiciera de testigo y esto favorecía el ambiente íntimo que todo funeral necesita.

- ¿Sabes Flanagan? –me dijo- en el fondo lamento que esto haya tenido que acabar así. Siempre pensé que serías tú el que me condujeses desarmado hacia mi nicho.

- La vida, Jimmy, es algo que no alcanzamos a comprender.

- ¡No me jodas, Flanagan! Esa frase no encaja en este relato con pretensiones de policiaco, parece que apenas sabes de esto.

- Bueno, Jimmy, ya sabes que he leído poca novela policiaca.

- ¿Poca? ¿Y qué me dices de aquel que te vi leer hace años? … ¿Cómo se llamaba…

Esta noche moriré, de Fernando Marías.

Pequeña novela sin grandes aspiraciones, como casi todas las del género, pero que termina por incrustarse de tal modo al occipital que hace que a pesar de los años y años que hace que la leí siga hablando de ella en cuanto tenga oportunidad. Aviso para navegantes, la leerán del tirón sin darse cuenta del tiempo que les ha llevado. Da igual que se planteen ojearla poco antes de echarse a dormir y mañana cogerla ya del todo, no Esta noche moriré engancha desde el primer párrafo y uno no puede abandonar el bar hasta que Fernando Marías nos ha dado bien en el mentón.

Escrita a la manera de carta en la que un criminal le explica al detective que le ha detenido cómo durante los años que lleva en la cárcel ha logrado arruinar su vida de manera magistral. Es complicado hablar más del argumento sin destriparlo del todo así que sólo haremos referencia a una sociedad que se menciona en la carta, una sociedad secreta a la que pertenece el autor de la misma y que daría por sí sola para un apabullante best seller que dejaría en evidencia a los códigos da vinci y cenas secretas. Esta sociedad secreta, extendida por los siglos de los siglos y por todos los continentes se dedica a seleccionar a los artistas más conocidos de cada época, observar su modo de vida hasta la más mínima arruga y, luego de conocer sus más tremendos secretos y debilidades, obligarles a realizar una obra maestra cuya propiedad y conocimiento sólo será de la sociedad. Así, cada cierto tiempo, la sociedad saca a la luz de manera discreta una nueva escultura, pintura, novela, o partitura de algún gran artista ya fallecido, sacando ventaja de las plusvalías y preparando la extorsión a los artistas presentes que divulgarán las generaciones futuras.

El argumento de esta sociedad ya sirvió hace más de diez años a un programa de La2 de Televisión Española que se dedicaba a rodar documentales falsos para las tardes del domingo. Fue ahí donde me enteré de la existencia de la novela, pues al final del documental se decía claramente que todo era un montaje y en qué novela o película estaba basado.

La tensión del relato de Marías llega hasta el final incluso cuando parece no poder continuar. Está bien resuelto el misterio y sólo el epílogo final, necesario y aclaratorio, hace que el ritmo narrativo se rompa un poco aunque el resultado no se vea afectado. Encontrar la novela puede estar complicado, pues ya es de 1996 en edición normal (Destino) y de 1999 en su versión bolsillo (DestinoBolsillo), por eso recomiendo la biblioteca pública. A poco que esté bien surtida debería tener este libro en sus estanterías. Es de lo más entretenido que hay en este mundo y puedo asegurar que de gran calidad por su estilo narrativo y los juegos que hay en él.

- La verdad es que era buena novela, Jimmy, tenía pocos visos de mantener la tensión hasta el final, pero luego no decepcionó. ¿Sabes cuál fue otra que realmente me hizo engancharme a la lectura?

- Ni idea, Flanagan, ni idea.

- Una de Raymond Chandler, Jimmy, una del maldito Chandler.

La dama del lago, de Raymond Chandler.

Encontrada casi por casualidad en una edición de estas que regalan los periódicos por 1€ estaba en mitad de una estantería deshecha por una mudanza. Esta novela me descubrió al genial Chandler que ya conocía como uno de los principales guionistas del Hollywood negro en los años dorados.

Es un clásico de la literatura policiaca por contener todos los requisitos del género. El personaje principal es un detective sumamente profesional, Philip Marlow, al que se le encarga el caso de encontrar a la esposa de un magnate californiano, un tal Kinglsey. El caso se va complicando con la aparición de un par de cadáveres relacionados con la desaparecida y la implicación del departamento de policía de la ciudad. En este caos, el único que mantiene el orden secuencial es Marlow, pues tiene que lidiar con todos los implicados en situaciones de muy diversa índole.

La trama es un clásico y está perfectamente bien resuelta, sin que rechine al final con tanto personaje y multitud de giros argumentativos –aunque no tantos como la gran novela de Chandler; El largo adiós. Junto con la trama, el lenguaje que Chandler emplea es el característico de los detectives. Afilado y sin miedo a golpear donde más duele, Marlow, da la replica de manera genial en cada uno de sus encuentros. Si además tienen la suerte de empezar a leerla en un tren y que el hilo musical sea el Jazz más bizarro que jamás haya uno podido escuchar –lo cual le sienta muy bien al libro, todo hay que decirlo- encontrarán la mayor de las satisfacciones. Merece la pena iniciarse en este género o en este autor con La dama del lago, y si ya están iniciados su adicción está más que asegurada.

- Pues Flanagan, si realmente nos ponemos a hablar de clásicos en este ámbito no podía faltar algo de Chesterton o de Conan Doyle.

- Conan Doyle y su Sherlock. Indispensable pero muy manoseado. Yo prefiero al Sr. Fisher de El hombre que sabía demasiado. Cuando Acantilado lo volvió a editar a mediados de este año mi librero comenzó a odiarme porque iba todos los días preguntado si había llegado ya.

El hombre que sabía demasiado, de G. K. Chesterton.

Me pongo de pié para saludar a un autor que ya estaba tardando en aparecer por aquí. Mr. Gilbert Keith Chesterton, el más católico de todos los ingleses y el mejor afilador de cuchillos que ha dado la Gran Bretaña. Ni siquiera la realeza podía tener a salvo el cuello. Fue un gran articulista y mejor humorista, pero lo que dejó claro es que a él las situaciones de crímenes misteriosos no se le resistían. Tenía un don para la realización de estos relatos como muestra la serie del Padre Brown u otras compilaciones del mismo tipo como El hombre que fue jueves. Sin embargo El hombre que sabía demasiado a mi me resulta indispensable al hablar del género negro.

El libro está compuesto por varios relatos cortos donde siempre nos encontramos a los mismos tres personajes. Por un lado el genial Horne Fisher, funcionario del Imperio capaz de resolver el crimen que se le ponga delante y con la misma mala suerte que Jessica Fletcher: allí donde va, alguien se muere en extrañas circunstancias. Su contrapunto es Harold March, un periodista joven al comienzo del libro que va haciéndose mayor mientras comparte sus días con Fisher y éste le cuenta sus aventuras por las tierras del Imperio. El tercer personaje presente en todos los relatos es, como no, la sociedad británica, esa sociedad que Chesterton despreciaba por haber dado la espalda a todo lo humano, por creerse divina. En todos los relatos el misterio es conocer las mentiras y basuras de la sociedad pues detrás de cada misterio se esconde la naturaleza humana del burgués imperial al que escribía Chesterton.

La manera en que está escrito es, como todo lo de Chesterton, exquisita. Las descripciones aún emocionan como emocionaban hace ya tantos años y le meten a uno en situación. Cada detalle de la narración es importante para la resolución del misterio de tal forma que uno termina jugando con Fisher a ver quién de los dos es más rápido en resolverlo. Normalmente gana él, pero cuando uno llega antes a la solución que Fisher la sensación de satisfacción es tal que termina por gritarlo a los cuatro vientos. Aunque esté en el metro.

El lenguaje de la novela es asombroso y las frases de cada personaje son ajustadas al momento en el que vive. Si la situación es relajada la ironía de Fisher –al que uno no puede dejar de imaginar como un Chesterton pero con barba blanca- actúa sin piedad llegando a afirmar que “toleraba a los primeros ministros así como toleraba a los trenes” –me levanto el cráneo, digo. Cuando la conversación se vuelve tensa –es lo que tienen los cadáveres, que ponen nerviosos a la gente- Fisher apenas habla y cuando lo hace es de manera sutil para encontrar la respuesta. Perdérselo es un pecado, y ya saben que los pecadores van al infierno y allí les sacan los ojos, con lo que no podrán leer más. El que avisa no es traidor, es avisador.


-Actualización a 2 de Junio de 2008-

La editorial 451 ha decidido continuar con la idea de Fernando Marías y ha puesto a la venta un libro colectivo titulado Historia Secreta de la Corporación. Este ejercicio colectivo en el que escritores como el mismo Fernando Marías o Lorenzo Silva continuan con la idea de la Corporación promete muy buen material para la lectura nocturna. Además, la misma editorial ha reeditado Esta noche moriré, con lo que el acceso a esta formidable novela policiaca está ahora garantizado. Gran noticia, sin duda.

3 comentarios:

eva dijo...

Fantástica recopilación de novela negra, pero dime, al final, qué pasó con Flanagan y Jimmy?

Hablando de Conan Doyle, y de novela negra, te recomiendo Arthur&George de Julian Barnes. Ahí también verás al personaje de la sociedad inglesa, vaya que sí.

La dama del lago, será que es novela de regalar, porque yo también la tengo en una edición regalada por un periódico (en català!)... la pondré en mi lista.

el_situacionista dijo...

eva, Flanagan y Jummy volverán algún día. Su conversación aún no ha acabado.

Arthur & George está entre mis apetencias. Sólo estoy esperando a que lo saquen en bolsillo porque, no me preguntes por qué, pero no me tengo el cuerpo para comprármelo en edición normal. Le llevo rondando desde Enero y no me sale, oye. Eso sí, tengo ganas de echarle mano.

Lo de La dama del lago... qué quieres que te diga, seguro que algún listo en la editorial vendió sus derechos para venta en prensa. Yo tengo la traducción de Emecé (en castellano, eso sí, aunque en inglés tiene que ser todo gozo y disfrute).

Un abrazo

C.C.Buxter dijo...

Pues me sumo a la lista de quienes tienen "La dama del lago" gracias a las promociones de los diarios; mi edición es de algunos años atrás, cuando El País sacó una colección de novela negra. En esta colección descubrí, por cierto, una auténtica maravilla: "1280 almas", de Jim Thompson.

A mí me encanta la novela negra (y no digamos el cine negro de los años cuarenta), pero lo del señor Holmes... no sé, sólo leí un libro ("El signo de los cuatro") y me aburrió bastante. Es más del estilo de Poe y su monsieur Dupin. Eso sí, me sorprendió leer cómo Conan Doyle describe sin pudor alguno los chutes que Holmes se metía ¡hasta tres veces al día!

Se me olvidaba: ¿alguien es capaz de imaginarse a Marlowe con una cara distinta a la de Humphrey Bogart? Yo no.