lunes, marzo 19, 2007

Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hasek


Puestos a leer, nada mejor que darle un sentido a las lecturas. De manera que ésta es la primera de una serie de entradas sobre literatura antibelicista o, más concretamente, antimilitar, serie de entradas en la que esperamos su colaboración ya sea mediante comentarios, entradas enviadas al correo del blog o simplemente recomendando un título que se ajuste a la serie. La novela de hoy, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk de Jaroslav Hasek, es un clásico de la literatura europea y, quizás, el mejor exponente del género antibelicista –si es que existe como tal.

Es, sin duda, una de las obras checas más conocidas más allá de su propia lengua. Fue escrita por Hasek al finalizar la I Guerra Mundial y representa a la perfección la estupidez de esa –y todas- las guerras. Supongo que para Hasek escribir esta novela fue un acto más en línea con su manera de vivir. Fue escrita en lengua checa, la misma que siempre había empleado Hasek en sus trabajos en revistas feministas, socialistas y de naturaleza y eso, ya en sí, contenía un impulso revolucionario. En la Praga que él describe el checo es la lengua de los no educados pues el Imperio Austro-Húngaro rechaza todas las lenguas que se salgan de la belleza del alemán. El hablar y escribir en checo era señal de ímpetus nacionalistas y revolucionarios, de insumisión ante un Imperio que estaba en decadencia pero que, como todos los castillos de naipes, pensaba que seguía y seguiría estando en pié por décadas. La mezcla de naciones bajo la bandera imperial y por tanto de lenguas, es algo que refleja extraordinariamente bien la novela, y la traducción de la edición de Destino hace que el lector español pueda apreciarlo gracias a las notas al pié donde se indica en qué lengua habla qué personaje y en qué lengua es contestado por otro en cada momento -las ilustraciones también son de lo mejor.

La novela es una gran sátira de la vida castrense y de los conflictos militares. La personalidad de Hasek se deja notar en boca de absolutamente todos los personajes. Éste siempre tuvo un ímpetu revolucionario y la sátira era su mejor arma. Ya antes de la Gran Guerra, Hasek había participado en actividades políticas e, incluso, se había presentado a las elecciones con el partido creado por él mismo: El Partido del lento progreso pero dentro de los límites de la ley. Obviamente no ganó, pero suponemos que la ironía y la sátira de los políticos de su época no fue poca. Tras las elecciones y con la guerra empezada, Hasek acudió al frente de Galitza a defender al Imperio, sin embargo tras verse acorralado su batallón por los rusos Hasek decidió cambiarse de bando. La Revolución de Octubre le pilló por tanto en las trincheras zaristas y esto propició que pudiera formarse junto con los bolcheviques y acudiera a Praga tras el fin de la guerra para luchar por la independencia de su país. Tan fidedignamente ridiculiza Hasek la vida en el frente que hasta los nombres de los superiores militares de Schwejk son los mismos que él tuvo en su día.

¡Pero discúlpenme! Llevo tres párrafos y aún no les he presentado al protagonista de nuestra sátira: el valeroso soldado Schwejk. La peculiaridad de este soldado es que es tonto. Tonto de remate. Él lo sabe, y lo hace saber tranquilamente. Quizás por eso mismo es valeroso. Se siente cómodo con esa manera de ser y con la catalogación que, ya en el servicio militar obligatorio, le dio el imperial ejército al que perteneció: tonto e inútil. Sin embargo, y aun siendo tonto, Schwejk es la única voz serena dentro del ejército. Ya es significativo que en tiempos de guerra hasta el tonto de Praga valga para misiones de responsabilidad. Su buena intención le mete en distintos follones y le saca de no menos momentos críticos, y con ella va a todas partes. La vida de Schwejk se veía tranquila tras el servicio militar, se dedicaba a vender vulgares chuchos robados como si fueran perros de raza mientras frecuentaba los más diversos bares y tabernas de Praga y, en general, de toda la geografía checa –exactamente igual que Hasek quien vendió perros robados durante algún tiempo y que siempre fue asiduo de las más bajas tabernas. Por todo esto, Schwejk conoce millones de historias y siempre se pasa el día contándolas. Ya sean vistas por él, contadas por un interlocutor honrado o por terceros. Historias y más historias que hacen que todo tenga que ver con todo y que cada conversación con un superior o con un simple amigo tenga un grado de surrealismo sumo elevado a la enésima potencia.

Inicialmente Hasek ideó el personaje para ser publicado en capítulos semanales, y eso se nota. La primera parte de la novela es claramente folletinesca en el buen sentido –y no como la de Prada- pues los capítulos se suceden y a cada situación surrealista le viene otra aún más sin apenas transición, lo que confiere a esta parte una rapidez que incita a la agitación mental y previene el sedentarismo. En ella se ve claramente cómo vivían la guerra los miembros de la sociedad de Praga, a muchos kilómetros del frente y con la mente puesta, unos en sus carreras y otros en la propia subsistencia –la cual acostumbra a pasar por estar lo más lejano del frente de batalla. La segunda de las cuatro partes que componen esta novela ya fue pensada como libro al uso y se nota. Hasek se deja llevar más por los personajes que rodean a Schwejk y menos por su valeroso protagonista. El resultado es un continuo devenir de personajes que nos descubren los distintos modos de vivir de aquellos que están en la primera línea de la retaguardia. Hasek intentó hacerse un gran narrador en estas escenas de deambular por la geografía checa pero afortunadamente reconoció su error a tiempo y supo ver que si alguien le iba a llevar a la historia de la literatura ese no era otro que el valeroso soldado Schwejk.

De manera que en la tercera y la cuarta parte de esta novela Schwejk vuelve a ganar el protagonismo que su enorme boca necesita. Aparecen personajes delirantes que harán las delicias de cualquier anticastrense y la emoción de qué le pasará a Schwejk se mantiene hasta el final. Sin embargo no espere el lector un final apoteósico. El autor murió antes de finalizar la obra –e incluso los capítulos del final los escribió uno de sus mejores amigos tras su fallecimiento. Este hecho no es óbice para que la novela deje de ser leída, sino todo lo contrario. Sabiendo que el autor no nos va a sorprender con finales inesperados o que el héroe de la novela no nos acabará traicionando por culpa del ego del escritor. Todo lo contrario. Schwejk no acaba y eso hace que el libro pueda ser leído con todo el gozo del mundo, riéndose de lo estúpidas y trágicas que son las guerras. Quien necesite finales puede acudir a las distintas continuaciones que otros escritores han hecho a lo largo de los años. Autores muy conocidos han continuado con las aventuras del valeroso soldado sin pudor y con distintos resultados.

Hasek creó un mundo donde el mismísimo Sancho era Quijote y donde las novelas de caballerías eran trincheras en mitad de Europa por las que se ahogaban los jóvenes movilizados a la fuerza. Se rió de la presencia de la Iglesia en las filas militares, de la indignidad de los que no querían ir a la guerra, de la inmundicia de aquellos que les obligaban a ir, de los desertores –como él-, de los mandos, de los soldados rasos, de los voluntarios de un año –futuros oficiales que eran aún más cobardes que los soldados rasos-, de los sargentos chusqueros, de los húngaros y de los checos. Se rió absolutamente de todo en esta novela que es ya un clásico de entreguerras y que nos dice constantemente que la vida militar es absurda y, por su misma esencia, está condenada a desaparecer.

Léanla, porque saldrán fortalecidos en sus creencias: un tonto es un tonto, pero dos lo son mucho más.

10 comentarios:

Juan Cosaco dijo...

jeje, yo veía la serie de tv hace muchos años, cuando era pequeñito.
Salud!

magaca dijo...

mmm lo apuntaré a mi lista!
(últimamente hago mucha listas) así recordaré mi viaje por esas tierras tan pecualiares... será como gila y la vaquilla a la checa?
y hubo una serie de tv? pues no me acuerdo estaría viendo la "otra cadena"

eva dijo...

Yo también lo apunto. Tengo buenas referencias de este recomendador de libros ;)

el_situacionista dijo...

Jejeje, sí, sabía que hubo una serie de TV -la novela es ampliamente televisable- pero no la llegué a ver. Lástima, habrá que poner en marcha el servidor.

Magaca, lee el libro cuando puedas -es de lectura rápida y divertida, así que no tardarás mucho- porque lo vas a pasar muy bien. No te vas a arrepentir.

Eva, me alegro de haber acertado en las recomendaciones. Espero que este tampoco te decepcione. Muchas gracias, no hay nada mejor para un lector que recomendar un libro que guste.

C.C.Buxter dijo...

Me he puesto a pensar, y un libro realmente antibelicista es "Los últimos días de la Humanidad", del austríaco Kraus. Aunque, todo hay que decirlo, no he leído más que fragmentos para una asignatura de la universidad.

Un libro que sí he leído y que, al menos en un sentido amplio, puede calificarse de antibelicista es "Adiós a las armas", de Ernest Hemingway. Como si dudaba si encajaba o no en la serie, para justificarme he pensado en la famosa frase de que "toda película sobre la guerra acaba siendo una película antibelicista": supongo que para los libros es igual de válido.

PD: ¿Juan Manuel de Prada te ha robado alguna novia? Si no, es difícil explicar la inquina que le tienes, jeje.

el_situacionista dijo...

Estupendo Buxter. Los libros que apuntas podrían encajar perfectamente. Si te animas a reseñarlos tú, estaremos encantados de recibir nuevo material tuyo. Si no, déjalo de nuestra cuenta.

Lo de Prada es por esencia, que no por presencia. Es un personaje cómico al extremo. Me parece que él y yo tenemos gustos bien diferentes en cuanto a las parejas y a otras cosas.

Un saludo.

Harry Reddish dijo...

Pues ya verás cuando te leas Las aventuras de Wesley Jackson, de Saroyan... Se merece otra entrada "antibelicista" en este bendito blog. Felicidades

Salud!!!

Øttinger dijo...

Pobre Prada.

C.C.Buxter dijo...

Mmmm... ¡de acuerdo! Me pondré manos a la obra para hacer una entrada sobre "Adiós a las armas". De hecho, hay un pasaje del libro que me impactó profundamente cuando lo leí; quién sabe si no estuve allí en una de mis vidas anteriores... Pero no adelantemos acontecimientos.

el_situacionista dijo...

Harry, estoy deseando terminar con mis obligaciones para pillar a Saroyan, descuida.

Buxter, me alegra que aceptes el reto. Ya nos dirás qué tal va.