lunes, febrero 05, 2007

Un gitano en la corte del Jazz

“Esa guitarra que se ríe y llora, guitarra con voz humana”

Jean Cocteau sobre Django Reinhardt

No me resisto a caer en la tentación de hablar de Jazz en este blog aprovechando la ocasión que El País me ha dado con su colección de clásicos del Jazz. Colección que, sin embargo, ni siquiera he sopesado comprar; los recursos hoy día dan para más y la ingente cantidad de grabaciones que esos monstruos que salen en la colección dejaron tras de sí permiten optimizar de mejor manera [guiño, guiño, guiño, Teddy Bautista, guiño, guiño, guiño].

Hoy nos vamos a meter con una maravilla de guitarrista; Django Reinhardt. A quienes hayan visto la película de Woody Allen Acordes y Desacuerdos, el nombre de Django les sonará de algo. El protagonista de la película –perfectamente representado por Sean Penn-, músico de Jazz, es llamado el “Segundo mejor guitarrista del mundo”, delante de él sólo está Django y, cada vez que lo ve, el protagonista sufre un desmayo. No cabe duda de que la admiración que Allen tiene a Django es más que justificada.

Nacido en tierra belga en el año 1910, este gitano pronto recorrió el mundo de la mano de su familia. El espectáculo gitano de la cabra y el oso era amenizado por un niño de 9 años y su banjo. Django parecía destinado a ser recordado como un músico de banjo, pero cuando la caravana donde duerme sufre un incendio sus manos se queman y es trasladado al hospital. Allí le regalan su primera guitarra y el milagro ocurre. Django Reinhardt se hace amigo de ese nuevo instrumento, inventa una nueva manera de tocar más acorde con sus capacidades –debido a las quemaduras su movilidad era limitada- y, a través de Duke Ellington y Louis Armstrong, se acerca a la música Jazz que en esos días copaba París. En este estilo encontró la seriedad de la música clásica con el divertimento de la popular. El Jazz no volvería a ser el mismo tras su paso.

Django conoció al violinista Grapelli en una de sus funciones y, junto con un hermano y dos músicos más, formaron el Quintette du Hot Club de France, una banda de Jazz tenazmente dirigida por Django que asombraría a toda Europa.

La Segunda Guerra Mundial separó a la banda y Django vio cómo su gente, los gitanos, eran perseguidos por las tropas nazis. Sin embargo, en una de esas carambolas que sólo las guerras provocan, Django coincidió con un oficial nazi enamorado de su música, el cual lo protegió en el París alemán. Allí, prosiguió su carrera amenizando clubes y fiestas privadas. Cuenta la Historia que, en una de esas fiestas privadas organizada por las señoras ricas de París, Django tocaba tras el maestro Andrés Segovia. Allí llegó Django, tarde y sin guitarra, pues se le había olvidado en la habitación del hotel. Preguntó al maestro si le prestaría la suya para la actuación pero, ante la negativa de éste, Django tuvo que mandar a buscar en taxi la suya. Cuando llegó, Django tocó de tal manera que al acabar Andrés Segovia se le acercó rogándole que le prestara las partituras de tan brillante actuación. Django sólo pudo decirle la verdad: no había partituras, era una improvisación. Nuestro gitano no sabía leer ni escribir, así que mucho menos sabía interpretar una partitura. Todo lo hacía de memoria, con el sentimiento puesto en una guitarra que sonaba como si fueran dos o tres.

Su personalidad era la de un genio propio de una música como el Jazz. Cuentan que, en 1946 durante su gira americana, Django tenía que acudir a un concierto con el mismísimo Duke Ellington. Por el camino se toparon con unos billares, juego al que naturalmente era aficionado y partida tras partida Django olvidó que tenía una actuación. Cuando llegó al teatro, ésta ya había dado comienzo sin él. En esta gira americana sufrió alguna decepción que otra al no sentirse tan querido como le habían hecho creer. Regresó a su Paris donde retomó la Quintette du Hot Club de France y donde solía tocar con cualquier grande del Jazz que pisara sus calles.

Tras una carrera de fama, Django decidió descansar de nuevo en su localidad natal en territorio belga, pintando y disfrutando de lo conseguido. Sin embargo el Jazz lo perdió en 1953, a los 48 años de edad, por culpa de una hemorragia cerebral. Dejó tras de sí una infinidad de grabaciones, en estudio y en directo, en donde las generaciones siguientes hemos podido comprobar que la perfección con una guitarra existe.

Django Reinhardt representó la genialidad y el sentimiento del Jazz. Vivió la música como sólo los de su raza saben hacerlo, sabiéndose libres de interpretaciones y logrando que aún hoy sus conciertos revolucionen los oídos de muchos y sirvan de inspiración a los más grandes. Si no lo conocían antes, descúbranlo, se harán un favor a sí mismos. Ahí les va una primera pieza.





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4 comentarios:

Øttinger dijo...

Magnífica recuperación de Django.

Cuando lo que toca no es la persona sino el sentimiento el resultado este. Y más cuando es una desgracia personal la que le conduce a esa casualidad en forma de regalo.

PIlar M Clares dijo...

Olé este canto por Django, excepcional guitarrista y vividor extremo por fuerza y por carácter. El jazz me gusta mucho en directo, disfruté un pequeño festival en Maó durante los años que viví allí, también otros como el de San javier de Murcia, que sigo aún de vez en cuando. De los célebres, Vitoria..., que oigo algo por la 2 -de verdad, no los documentales de animales-, pero en disco me cuesta, a no ser algún que otro monstruo, como Ellington que mencionas. Un besazo.

el fantástico amante de pástico dijo...

despues de ver la película de woody allen, me bajé de la burra todo lo que encontre (lo digo sin giño)y aunque el jazz me gusta cada vez mas (el jazz pureta), lo que mas me gusta son esas canciones de swing a toda leche, las demas me cuestan un poco mas...pero el tio es un genio de la guitarra.

bluesman dijo...

Por lo que tenía entendido Django ya tocaba cuando tuvo el incidente del incendio. A partir de ahí tuvo que cambiar su estilo y reducirlo a tocar tan sólo con dos dedos. Inicialmente parecía un problema gravísimo ya que entre otras cosas un acorde necesita de al menos tres notas lo que limitaba mucho el poder hacerlo con dos únicamente. Posteriormente se pudo ver que pudo superarlo y desembocó en el fluido estilo de guitarra solista de Django.
De cualquier modo no soy un entendido en Django y hace mucho que leí su biografía, sería más apropiado contrastarlo.

Felicidades por el blog y saludos a todos y todas.