jueves, febrero 11, 2010

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

Existen novelas que, por haber sido llevadas al cine con basante éxito, desaparecen con el tiempo de las estanterías de obras imprescindibles. El mundo editorial las camufla como vetustas novelas de quisco y las termina arrinconando en aborrecibles ediciones de bolsillo con baratas portadas que hacen referencia a la película. Son productos pensados más para la nostalgia del cinéfilo que para el avezado lector. Así es como se abandonó Matar a un ruiseñor, de Harper Lee.

La novela, ganadora del Pullitzer en 1961, es la única obra de su autora. Haper Lee pertenecía al círculo de Truman Capote y, en parte, éste tuvo que ver con el desarrollo de la novela. Pero de eso hablaremos más adelante. Lee, como otros grandes escritores, optó por desaparecer de la vida pública tras el éxito de Matar a un ruiseñor. Sin entrevistas ni nuevos textos de ella, la obra se ha convertido en un clásico de lectura obligada en Estados Unidos. Magistralmente llevada al cine por Robert Mulligan –con Oscar para Gregory Peck como protagonista-, la fuerza del medio cinematográfico ha hecho que se le reconozca al director la valentía por plantear los temas de la película en un momento como el que vivía los Estados Unidos en la década de los 60, olvidándose de la propia autora. En parte, es una novela fagocitada injustamente por la película. Porque si es cierto que en el cine la historia está extraordinariamente llevada, tampoco nos faltará razón si decimos que el libro es uno de los más impresionantes que hemos leído. [Leer completo]

miércoles, febrero 03, 2010

Cuatro patas bueno, dos patas malo

Parece que el Gobernador del Banco de España tenía razón y que la reforma de la edad de jubilación era imprescindible. Eso sí, no para todos claro. Siempre hay animales más iguales que otros. Los animales trabajadores españoles deberán olvidarse de un derecho laboral más y confiar en estos animales políticos que convierten todo en una cuestión técnica y ejemplarizante.

Técnica porque se presupone que sin ese aumento de la edad de jubilación, la Seguridad Social se vendría abajo cuando en realidad se viene abajo porque quienes más tienen pagan menos. Y ejemplarizante porque, mira, ¿no queríamos ser europeos? Pues en Francia, Austria y Alemania están haciendo lo mismo. La lástima es que en España no cobramos como ellos, ni tenemos los servicios públicos que tienen ellos, ni contamos con sindicatos que luchen por otras cosas además de la subvención para sus cursos.

En España existe un problema de política, no de cuestiones técnicas. Sin un modelo de Estado, de servicio público, sin un sentido de lo que nos pertenece a todos no se puede convertir la estrutura de gobierno en algo que beneficie y proteja a los más desfavorecidos. Seguiremos contando las mentiras de los gobernantes, y nos faltarán dedos en las manos.

Ya no hay hambre en España, lo que hay son mileruristas -veinteañeros, pero también cincuentones y sesenteros- que lo más que pueden hacer es subsistir y maldecir la mala suerte de no haberle cantado las cuarenta a aquel jefe en aquel momento. Que lamentan las decisiones tomadas y las que están por tomar, cuando en realidad deberían conquistar el reino de la política. Cuando, sin miedo a equivocarse, deberían plantear un modelo nuevo y diferente en lugar de estancarse en la ONG global de turno y en el mirar y depués juzgar. En lugar de automarginarse en movimientos solidarios y cooperativistas, plagados de buenas intenciones y tradicionalismo, que lo único que hacen es aprovecharse de las grietas de un sistema que permite a unos cuantos freeriders o gorrones vivir sosteniblemente en paz con la naturaleza y comer huevos de granjas ecológicas.