lunes, noviembre 29, 2010

Microanálisis electoral

Una vez finalizadas las votaciones y hechos los recuentos, a expensas de los clásicos sacos de voto por correo, ahora vienen los análisis. En cualquier sitio les dirán que CiU ha ganado las elecciones con una mayoría suficiente. También escucharán análisis sobre los descalabros del PSC y ERC, el ascenso del PP, cómo Iniciativa ha logrado salirse más o menos airosa, la sorprendente irrupción de SI y el éxito de C’s. Parecía increíble hace unos años, pero el Parlament de Catalunya comienza a ser un arco multipartidista. Debajo de esos análisis que encontrarán por todas partes, existe un microanálisis mucho más interesante.

Comenzando con un toque siniestro. ¿Sabían Uds. que el partido de Carmen de Mairena (sic) ha sacado más votos que el partido de Rosa Díez? ¿Sabían, de hecho, quién es Carmen de Mairena? Estas dos opciones bizarras se han hecho con 6.982 y 5.293 votos respectivamente. Una derrota increíble para un partido como el de Rosa Díez, UPyD, con un Diputado en el Congreso y otro en el Parlamento Vasco, empeñado por tanto en hacerse un hueco a nivel nacional a través de la crítica política no propositiva. Sus sesudos análisis post-electorales no se han hecho esperar y, cómo no podía ser de otra manera, la autocrítica no se contempla. Si la gente no vota UPyD es porque está enferma. Visto lo visto Rosa Díez, o en su defecto el candidato de UPyD en Catalunya, ex de C’s, debería ponerse morros de silicona. Así, al menos, haría gracia.

Siguiendo con este ataque de frikismo electoral, podemos centrarnos en Escons en blanc, un partido cuya única promesa electoral consistió en que, de ser elegidos, no se presentarían nunca al Parlament. Absentismo parlamentario, como si lo hubieran inventado ellos y no Felipe González. Esta opción política se hizo con unos extraordinarios 14.000 votos en la provincia de Barcelona. Aunque su mensaje casi no caló más allá y con sólo 18.000 votos en total no obtuvieron ningún escaño del que desertar.

De los partidos extraparlamentarios, el que más revuelo ha causado durante la noche electoral es Plataforma X Catalunya (PxC). Un partido xenófobo, cuyo principal argumento político es la expulsión de los inmigrantes, apoyado por la extrema derecha europea –cuentan con un crédito de 100.000€ de los fascistas austriacos- estuvo durante gran parte del recuento ganando 4 diputados por la provincia de Barcelona. Al final, el corte del 3% de votos para poder acceder al reparto de escaños los dejó fuera y sitúa, a día de hoy, el límite que separa el fascismo de las instituciones de Catalunya en 12.733 votos. Ni una persona más ni una persona menos. Pero más allá de las cuestiones estadísticas, en mi mesa electoral ha habido 14 personas que votaron por PxC. Eso significa que, en mi calle, en un barrio barcelonés de gran porcentaje de población inmigrante y obrera, podría haber 14 vecinos que son xenófobos. El drama se cierne sobre nuestras cabezas y el debate sobre la inmigración o es omitido por los partidos de centro, o utilizado demagógicamente por la derecha o directamente omitido y sustituido por el buenismo por las izquierdas. Y así pasa, que al final dejamos que el PP lidere el mensaje sobre inmigración y que PxC se encuentre a la puerta del castillo y haya comenzado a cruzar el foso. Sólo 12.000 votos, 14 personas en mi calle.

Y las izquierdas. Existe un chiste muy viejo que dice que si juntas en una habitación cerrada a 2 miembros del Partido Comunista durante una hora, al salir tendrás dos partidos comunistas y ambos se acusarán entre sí de revisionistas. Ahora, además, tienen la costumbre de ver el vaso medio lleno cuando, en realidad, la cosa está jodida para ellos.

En anteriores entradas hemos hablado sobre la ausencia de propuestas desde la izquierda a un momento de crisis de legitimidad económica, social y política. En Catalunya ha surgido una nueva opción política en la candidatura Des De Baix en la que se integran partidos como Izquierda Anticapitalista, Corrent Roig y Lluita Internacionalista. Como pasa siempre que se juntan varios proyectos de izquierdas, se hace ruido en la calle y hasta en algún medio. Esta candidatura pareciera que, sin ningún tipo de aspiraciones de entrar al Parlament, cuando menos si se configuraba como un nicho de votos de izquierda indignados con los partidos grandes como ERC o Iniciativa y muy cercana a los movimientos sociales.

Al costado de Des De Baix, otras opciones de izquierdas más clásicas o tradicionales de los comicios electorales, como el Partit Comunista del Poble de Catalunya, el POSI (Partido Obrero Socialista Internacionalista) o la Unificación Comunista de España. De todas estas fuerzas de izquierdas, sólo Des De Baix tiene más votos que ese nivel crítico de ridículo que constituye el partido de Carmen de Mairena (CORI). Y no se crean que los superan por mucho. Mientras que el CORI obtiene 6.982 votos en total, Des De Baix recibió el apoyo de 7.169. Una fina barrera de 187 votos entre hacer el ridículo y salvarse por los pelos, pero muy lejos de esos 13.858 que obtuvo la siguiente fuerza política por encima de Des De Baix: el PACMA o Partido Animalista.

Grandes contrincantes para la izquierda minoritaria, como ven. Pueden o hacer el ridículo o duplicar sus fuerzas para quedar por encima de un partido cuyo único punto en el programa son los animales.

Justo por debajo de esa línea del ridículo encontramos al partido de los Piratas. Un conglomerado electoral que mezcla la libertad de empresa y el acceso a la cultura en su programa electoral ha estado a punto de alcanzar al CORI con 6.489 votos. Vemos también que hay más pensionistas que comunistas de los pueblos de Catalunya, 3.198 por 2.942, y que -¡oh, dios mío!- el Partido Aragonés cuenta con 97 votos en la provincia de Lleida. Si ya me sorprende que estén en el gobierno de Aragón…

Ya, por último, quisiera hacer una especial mención para aquellos partidos de los amigos. Aquellos Democraticaweb, Partit de Justicia i Progrès, Alternativa Liberal Social y Solidaridad y Autogestión Internacionalista, que obtienen entre 84 y 42 votos. Tener tantos amigos más allá del Facebook, hoy día, debería tener recompensa.

domingo, noviembre 21, 2010

Jernigan, de David Gates

Escoger un libro por su contraportada. Todo el mundo sabe que esa técnica tiene un riesgo muy alto. Pero, a la hora de la verdad, todos lo hacemos. Es más, los hay incluso que eligen un libro por la portada adecuada. ¡Malditos editores con gusto! En este juego, los de Libros del Asteroide se llevan la palma. Portadas como la de Calle de la Estación, 120 hacen que te lances irremediablemente a su lectura. Además, cuando la historia acompaña, como en dicho libro de Leo Malet, todo parece perfecto.

Sin embargo, sea como sea, a veces no se acierta. O al menos no del todo. Eso pasa con Jernigan de David Gates. [Seguir leyendo sobre Jernigan, de David Gates]

Jernigan, de David Gates

Escoger un libro por su contraportada. Todo el mundo sabe que esa técnica tiene un riesgo muy alto. Pero, a la hora de la verdad, todos lo hacemos. Es más, los hay incluso que eligen un libro por la portada adecuada. ¡Malditos editores con gusto! En este juego, los de Libros del Asteroide se llevan la palma. Portadas como la de Calle de la Estación, 120 hacen que te lances irremediablemente a su lectura. Además, cuando la historia acompaña, como en dicho libro de Leo Malet, todo parece perfecto.

Sin embargo, sea como sea, a veces no se acierta. O al menos no del todo. Eso pasa con Jernigan de David Gates. Este norteamericano de 67 años logró publicar a los 44 su primera novela y llegar con ella a ser finalista del Premio Pulitzer en 1991. La novela triunfó como un libro de personajes y de perdedores, dos cosas que están especialmente valoradas en la literatura norteamericana contemporánea. La manera de contar la historia de David Gates es adictiva, entretenida y de trazo ágil. Sin embargo, la historia no aguanta las expectativas que sobre él crearon.

Jernigan es el nombre del protagonista de esta historia de autodestrucción. Proveniente de un ámbito social y cultural elevado, tiene una relación especial con el alcohol que domina por completo su estado vital, así como dominó el de su esposa. Con el recuerdo de la tragedia familiar vivida por él y por su hijo, Jernigan se lanza a tratar de recuperar su vida de la única manera que sabe: no haciendo nada y esperando que todo se resuelva solo. Su inapetencia por su vida y su despreocupación por la de su hijo adolescente, Danny, y todo lo que rodea a éste parece que milagrosamente le está siendo recompensada al verse, de repente, reconvertido en un nuevo cabeza de familia. Sin embargo, Jernigan es alguien capaz de destruirse muchas veces seguidas y a un ritmo aún mayor del esperado.

Como se podrá observar, Jernigan es el arquetipo del personaje moderno de la literatura norteamericana de hoy día. Algo que funciona comercialmente muchas veces pero que literariamente es mucho más complejo. Sólo es un borracho, pero con un nivel cultural muy elevado que permite al autor demostrar cuantísimo nivel cultural tiene a través de la inclusión en el relato de diversas referencias a la cultura pop o literaria. Jernigan, el personaje, es sencillamente el medio que David Gates ha utilizado para poder pavonearse de toda aquella cultura que está en los márgenes de la masificación y que a él le encanta o simplemente le hace gracia. Y por lo que parece, funciona hasta el punto de que la editorial le ha abierto un My Space propio a la novela. Todas las críticas del libro son muy buenas, pero en realidad le cuesta pasar del aprobado.

Por lo demás, Jernigan es un borracho que, como tal, no es lo suficientemente cuerdo como para entender y afrontar que sus compañeros de relato –su hijo Danniel, su nueva pareja y la hija de ésta- tienen más problemas que él. Es un tipo –perdedor por naturaleza- que puede caer simpático al comienzo, pero que no aguanta el relato largo, convirtiéndose en un tedioso insoportable.

Como decimos, es un libro divertido que está bien contado, de una manera divertida, que provoca una adicción a su lectura lo suficientemente grande como para pelearle al sueño unos minutos más cada noche.

lunes, noviembre 08, 2010

La estrategia difusa de las izquierdas

Llevamos ya varios años hablando del proceso de crisis. Tantos que la crisis que comenzó siendo económica, ha respondido con una crisis en todos los aspectos del ámbito de la vida. Generalmente, durante otras crisis, la inseguridad económica se traducía en el aumento de confianza de las personas hacia otras instituciones sociales o políticas. En este sentido, de las crisis económicas salían reforzadas las organizaciones políticas o sociales que, acompañando a las personas en la incertidumbre de la crisis, creando espacios de confianza, habían logrado asumir nuevos ámbitos de legitimación.

No se confunda el lector de este blog con la clásica dicotomía –y ya convertida en mitología social- “crisis (económica) de derechas y soluciones (sociales) de izquierda”. De las crisis del capitalismo del siglo pasado, que fueron muchas, salió fortalecido el propio sistema, adaptándose a la nueva situación surgida de la crisis y estableciendo acuerdos espaciotemporales que permitieron su transformación y adaptación, generalmente fortaleciendo electoralmente al aparato político de la derecha. La prueba histórica más clara de esto es la victoria de De Gaulle tras la crisis de Mayo del 68. Aún así, siempre ha habido espacio para la rehabilitación de la izquierda y el pensamiento transformador de la sociedad y del sistema y, en ocasiones, ha habido situaciones de crisis en donde el electorado de izquierdas se ha visto reforzado.

Sea como sea, la crisis económica que comenzó en 2007-2008 ha terminado por traspasarse a los ámbitos político y social, multiplicando las crisis hasta el punto de no dejar títere con cabeza. En España, al menos. Nuestra predisposición a participar en sociedad en algún tipo de organización, a hacernos responsables del ámbito social o político de nuestras vidas, ha caído en picado tras las pocas, nulas o fallidas respuestas que hemos encontrado durante estas crisis.

La Huelga General del 29 de Septiembre de 2010 no fue, en absoluto, un éxito. Los medios de comunicación cercanos al gobierno, por supuesto, no apoyaron los mensajes de la huelga. Los medios de la derecha y oposición, lógicamente, tampoco. Pero más allá del mensaje político de las portadas de los periódicos, la huelga no tuvo una repercusión real en la vida laboral de las personas porque los sindicatos oficiales (CCOO y UGT) no supieron cómo ocupar el espacio de incertidumbre que la crisis económica había creado. Los trabajadores y trabajadoras que decían representar llevaban esperando contestaciones de las centrales sindicales a los problemas de la crisis desde que esta comenzó hará ya tres años. La respuesta no llegó ni en tiempo ni en forma y esta deslegitimación de la representación sindical ha sido aprovechada por gobiernos de la derecha ultraliberal para cuestionar el sistema a favor suyo, tal como aprovechó en su día la huelga de metro para cuestionar el derecho a la huelga en los servicios públicos.

Las centrales sindicales se han mantenido dormidas durante estos tres años, impidiendo que la población canalizara a través de ellos el enfado y la frustración que la multiplicación de ERE’s y demás tretas de los grandes empresarios estaban desarrollando en los peores momentos de la crisis económica. Su deslegitimación se acentúa más cuando uno se para a comprobar que no han sabido adaptar su activismo sindical a un sistema capitalista que, desde hace ya más de veinte años, viene generando beneficios con la destrucción de empleo y ha convertido el salario en un gasto deslocalizable más. Su reflexión, ausente de los centros de trabajo y donde no se escucha ninguna voz discordante, ha caído en saco roto.

Tampoco la izquierda política de proyecto más transformador ha sabido hacerse con este espacio. Desde las protestas mayoritarias contra la Guerra de Iraq, Izquierda Unida y otros proyectos de izquierdas no parlamentarios, han pretendido canalizar este esfuerzo colectivo por intervenir en la vida política. Pero no lo han conseguido. Y principalmente no han sabido hacerse con esta legitimación por haber actuado como catch-all party o partidos atrapalotodo, intentándose sumar a cualquier iniciativa social que supusiera un mínimo cambio en la sociedad sin pararse a reflexionar cómo se integraría esta reivindicación dentro de un programa político global de transformación social, económica y política. Con la suma de tantos lazos de colores, la izquierda formal ha camuflado su identidad de las identidades de quienes no quisieron o no tuvieron el espacio para reivindicarse dentro de la formación política. Así podemos observar paradojas políticas como la reivindicación del internacionalismo junto con la de nacionalismos periféricos.

Casos como el del viaje del eurodiputado Willy Meyer al Sahara Occidental, donde pretendía realizar labores de testigo de la represión marroquí ponen de relieve la urgente necesidad de repensar la izquierda oficial. Es bien sencillo, hoy, ponerse el lazo solidario con la población del Sahara. Allí existen claramente dos bandos definidos y la alineación con el bando más débil y la reivindicación aparentemente más justa es un mensaje político sencillo y fácil de realizar en tanto no requiere ni de una posición política fuerte ni de una reflexión colectiva. Sin embargo, ya no es tan sencillo ser capaces, como izquierda formal, de realizar tareas de apoyo a los trabajadores y trabajadoras que se ven afectados por un ERE, donde la compañía multinacional, además, negocia contratos de permanencia en el territorio con las instituciones públicas, y donde tus votos se ven en juego en tanto en cuanto la mesa de negociación del ERE la forman también trabajadores cualificados que no se ven afectados por dicho ERE y que constituyen una bolsa de votos urbanos de izquierda muy apetecible. Ante esta dicotomía, tenemos una izquierda formal congelada, la parlamentaria y la extraparlamentaria.

Es más sencillo obtener una carta de apoyo firmada por Noam Chomsky y demás intelectuales de izquierda global, indignarse con cualquier problema internacional, admirar las huelgas y resistencias francesas o perseguir la paz mundial que la que lograr paralizar un ERE. Y en esas estamos. Sin política, sin organización y con la crisis debajo del brazo.