martes, diciembre 15, 2009

Burlando a la Parca, de Josh Bazell

Hay enfermedades que no se curan ni yéndose uno de viaje. No me gusta volar. No es que le tenga miedo, es simplemente que le he cogido manía al estarme horas esperando a unos señores que cobran lo que no está escrito por llevar un autobús con alas. Las compañías aéreas son simples enemigas de mi persona que, de una manera u otra, me persiguen y me atormentan allá a donde voy. Que si ahora hacemos los asientos más pequeños. Que si quiere un vaso de agua lo tiene que pagar como si fuera oro. Que si espera que te espera. Que si el piloto está borracho en el bar del aeropuerto. Que si ¿Quién le ha dicho a Ud. que tiene derecho a eso?. Y un largo etcétera.

Por tanto, cada vez que cojo un avión lo hago porque literalmente no tengo otra opción. Y mi resistencia a ir a esas tumbas con aire acondicionado en que se han convertido los aeropuertos sería aún mayor que la de Mister T en el Equipo A si no fuera porque es precisamente en los aeropuertos en donde puedo dar rienda suelta a mi enfermedad. Quizás Uds. se piensen que mi enfermedad es la paranoia o la manía persecutoria, pero no, están del todo equivocados. [Leer completo]

jueves, diciembre 10, 2009

Para ser un protón de primera acelera, acelera

Desde el pasado 21 de Noviembre el acelerador de partículas de Suiza, también conocido como Gran Colisionador de Hadrones o LHC, ha vuelto a entrar en correcto funcionamiento. Existen otros aceleradores, claro, pero la característica especial de éste reside en que es el más grande jamás construido, realizado en cooperación por más de 100 países y con la capacidad de detectar un bosón de Higgs, o como se le conoce llanamente, una partícula de Dios. El bosón de Higgs es una partícula elemental cuya existencia fue teorizada en 1964 por los científicos Robert Brout, François Englert y, naturalmente, Peter Higgs, de quien toma el nombre. Se le llama la “partícula de Dios” por suponer que dicho bosón explicaría cómo las partículas elementales adquieren sus propiedades, tal como la masa, y, por tanto, la existencia de nuestro universo.

El LHC de Ginebra fue puesto en funcionamiento el 10 de Septiembre de 2008, si bien se calculaba que hasta el 28 de Octubre no sería capaz de deterctar el famoso bosón. La puesta en funcionamiento del LHC no estuvo exenta de augurios apocalípticos. Se decía que un fallo en el mismo podría causar la desaparición del Universo o fallos espacio-temporales como los llamados agujeros de gusano. Durante la mañana de ese 10 de Septiembre de 2008, cientos de científicos, y algunos profetas sin nada mejor que hacer, contuvieron la respiración mientras un señor con bata blanca –siempre llevan bata blanca- le daba al botón de [ON] –todos los trabajos chulos están cogidos.

El cacharro funcionó, pero lamentablemente se estropeó al poco tiempo. La avería, se calculaba, podría ser reparada en un intervalo relativamente corto de tiempo: antes de verano de 2009 el LHC estaría otra vez presto y dispuesto a trabajar a pleno rendimiento. Los nuevos cálculos traían consigo una nueva fecha para la detección del bosón de Higgs: finales de 2010 o comienzos de 2011. Mientras tanto, el LHC seguiría trabajando a menor ritmo, ayudando a los científicos de varios países a realizar sus experimentos que confirmaran o desbarataran sus problemas teóricos.

Sin embargo, pasó el verano de 2009 y aquello seguía sin funcionar debido a sus continuas averías. Hasta que una tarde, cuando la noche ginebrina ya caía y muchos de los científicos ya se habían retirado a sus hogares llevándose consigo sus calculadoras de bolsillo, el acelerador comenzó a hacer ruidos raros y, sí, ¡por todos los dioses!, comenzó a funcionar. Aceleraba y aceleraba sin ningún problema, adquiría el máximo de sus capacidades y aquellos que se habían largado a sus casas volvieron enseguida a sus puestos de trabajo a pesar del cansancio. Una mente científica no se para porque sea de noche. El bosón de Higgs aún nos espera.

Con todo, en este intervalo de tiempo que ha pasado entre su puesta de largo oficial y su vuelta al mundo de los laboralmente explotados, el LHC ha seguido sugiriendo teorías a científicos del mundo entero. Una de ellas tiene que ver con el hito cinematográfico Terminator -chun chun chu chun.

Si se pronuncia "Terminator”, a la mente de la gran mayoría de la gente acude la imagen de un Gobernador de California cualquiera, en sus años mozos, empuñando un rifle mientras trata de proteger a un adolescente llamado John Connor. En el futuro post-apocalíptico de la saga Terminator, el tiempo es sólo una fina hoja de papel que se puede atravesar para librar las batallas necesarias. Exactamente igual que en la física. Los bailes espacio temporales que eligen los distintos bandos enfrentados en la guerra del futuro provocan un cacao mental a cualquier espectador que decida enfrentarse a ellos pero, en resumen, podría afirmarse que la cosa consiste en venir del futuro al presente para sabotear diversos acontecimientos que influirán en el devenir de los acontecimientos. En concreto: matar de muy diversas maneras a John Connor, líder de la revuelta humana en el futuro y dejar así franco el camino de la victoria para el bando de las máquinas.

Holger Bech Nielsen y Masa Nimoyima son dos físicos que han comprendido qué está pasando en este acelerador de partículas de Ginebra. Su teoría, y así la han publicado, es bien similar a Terminator y consiste en afirmar que alguien está boicoteando dicho acelerador… desde el futuro. Tal y como en la película se envían soldados para matar a John Connor y que las máquinas puedan imponerse sobre los humanos, estos dos físicos aseguran que hay quien está enviando saboteadores espacio-temporales que impiden al acelerador funcionar a pleno rendimiento. Retrasan la detección de la partícula de Higgs, que aseguran sería tan desastrosa que desde el futuro mismo se estaría generando una estrategia para boicotearlo en el pasado y que así el acelerador no pueda trabajar a pleno rendimiento. Argumentan incluso que el más longevo personaje de ficción, ese extraño conocido por el nombre de Dios, es el causante de tal sabotaje.

Veremos quién puede más. Si los científicos del presente o los saboteadores del futuro que atraviesan la concepción del tiempo, pero nadie podrá negar que pocas veces el desarrollo de un experimento científico fue tan emocionante. Deberían vender entradas y poner publicidad a esas batas blancas.