martes, junio 02, 2009

Pulp, de Charles Bukowski

Inevitablemente. Las experiencias que uno tiene registrando la librería de un amigo cuando éste ha ido al baño terminan por marcar tu visión de ciertos autores. Sin duda, ver juntos en la misma estantería a Vargas-Llosa, Ruiz Zafón y –al genial- Chesterton te hace preguntarte qué clase de amigo tienes hasta el punto de caer en el ensimismamiento y no darte cuenta de que ha vuelto del lavabo, te está viendo cotillear en su colección de libros y sabe que le estás juzgando por ella.

-¿Se puede saber qué estás haciendo?- es su reacción más habitual –lo que revela que ya me ha pasado más de una vez. Y ante esta evidente falta de educación y modales no cabe la negación, así que se toma el camino más español que se conoce -la huída hacia delante- y se contraataca con un rápido y veloz -¿Cómo puedes tener tanta literatura de kiosco junto a tan buen libro? Otra vez te has librado y escuchas el clásico –Es que estos me los regalaron y…- En fin, no es excusa. Cada uno es culpable de los libros que le regalan. Dudo mucho que mis correligionarios me ofrecieran como halago un ejemplar de la tuercelíneas Etxebarría. Y si lo hicieran escucharían tras las risas un –Vale, vale… ¿dónde está el de verdad?-.

Pero obviemos lo que de clasista tiene esta anécdota y la falta de educación de esta afición tan mía por escrutar las estanterías ajenas –confieso una adicción rayana en la obsesión que consiste en diseccionar cualquier foto que alguien cuelgue en Internet, ya sean blogs o facebooks, para ver qué títulos reconozco, así como también confieso que pierdo el interés por esa fotografía en cuanto encuentro un número indeterminado pero suficiente de libros que no me gustan. Olvidemos, por tanto, los calificativos que podemos ponerle a esta afición para analizar aquella estantería que una vez encontré a mi paso. Tan importante como los títulos y autores que conoces son los títulos y autores que no conoces. Y por culpar de obviar esto último, los autores que no conozco, y centrarme en los autores que sí conocía –y con los que tenía un conflicto abierto y personal-, me perdí durante años los libros de un tal Charles Bukowski. [Leer más]