lunes, mayo 25, 2009

Una de espías en Latinoamérica

Las historias de espías, revueltas y revoluciones parecieron abandonadas tras la caída del Muro y su consiguiente eliminación de los contubernios en torno al poder político en Europa. Es muy cierto que en otras latitudes –América Latina, África, Oriente Medio- las fuerzas de la Guerra Fría habían manipulado gobiernos y sociedades de tal manera que sus Historias desde mediados del siglo XX no se entienden sin ajustar el foco hacia esos actores externos que salían de las embajadas de diferentes países occidentales.

Uno de los lugartenientes del Che Guevara, el conocido como Benigno, cuenta en su muy interesante biografía Memorias de un soldado cubano, que tras la Revolución y la toma del poder por parte de Castro, él fue destinado a un campo de entrenamiento en la misma isla de Cuba. Allí acudían un sinfín de grupúsculos o camarillas comunistas y revolucionarias con la pretensión de adiestrarse en los ámbitos del guerreo y de la lucha sin cuartel frente al enemigo político nacional –generalmente de corte dictatorial y sostenido por los bienamados gringos. Benigno se encargaba de enseñar las técnicas y tácticas que hicieron que una pequeña milicia –la revolucionaria dirigida por Castro- acabara con la resistencia del ejército cubano de Batista. La lógica revolucionaria se imponía y Cuba era sólo una punta de lanza en el continente. Desde La Habana se prometía apoyo en cualquier sentido para levantar el yugo que dominaba a toda América Latina.

Pero ocurrió, cuenta Benigno, que de la noche a la mañana, y coincidiendo con una etapa de acercamiento entre los gobiernos cubano y soviético, las instrucciones que él recibía sobre sus pupilos en esta escuela de guerrillas cambiaron radicalmente. De pronto, su labor de entrenamiento cambió y recibió nuevas órdenes. Ahora tendría que entrenar en las mismas técnicas guerrilleras a esos grupos que recibía de toda América Latina, pero también debía adoctrinar políticamente a éstas y realizarlo de una manera especialmente delicada. Las nuevas clases teóricas sobre el marxismo, el socialismo y las revoluciones tenían como objetivo directo conseguir que los grupúsculos revolucionarios que acudían al campo de entrenamiento terminaran divididos. Debilitando su fuerza, Cuba cumplía así instrucciones de Moscú, impidiendo que EEUU perdiera poder en el que fue llamado su patio trasero y permitiendo que la URSS hiciera y deshiciera en sus satélites europeos. Un muy bonito reparto de tareas y de territorios que impidió el cumplimiento del programa político revolucionario cubano y que provocó la huída de Benigno de Cuba, más aún tras la muerte del Che –sobre la que aporta interesantes datos, propios de quien le acompañó sus últimos días.

Así fue cómo América Latina quedó a manos de unos EEUU que no se esforzaban en disimular su conexión directa con sucesos como los del 11 de Septiembre en Chile o el apoyo prestado al ejército uruguayo en pos de localizar agentes subversivos de izquierda cerca de Montevideo.

Tras el fin de la Guerra Fría aparentemente esta presencia yankee había acabado o se había matizado y el continente americano podía por fin hacer la política que más le interesara. Aparentemente, claro, pues lo aparente decía que en toda América Latina no existía una sola propuesta que contradijera la visión del amigo norteamericano. Hasta que apareció Chávez. Su subida democrática al poder –precedida de un intento de golpe de Estado- no traía consigo un modelo de construcción política sino un modelo de enfrentamiento al modelo establecido. Sin embargo su gobierno ha sabido establecer alianzas con fuerzas contestatarias en el resto del continente y, poco a poco, ofrecer un modelo político diferente. En su momento, el modelo chavista o bolivariano se enfrentó a la nueva construcción política de América Latina que estaban estableciendo Kirchner y Lula, con predominio de éste último, y que certificaba la presencia de tres propuestas políticas bien diferentes si pensamos que los acuerdos de EEUU con Chile y Ecuador –ahora también Perú- constituyen un modelo.

En esta construcción de un modelo bolivariano para el continente, Bolivia y la subida al poder de Evo Morales han tenido mucho que ver. La presencia de un líder como Morales, con la legitimidad de ser el segundo líder indígena de la historia de Bolivia que llega al poder político, capaz de aglutinar la voz de los más desfavorecidos del país más desfavorecido de toda América Latina confirió de una fuerza moral enorme al proyecto de Chávez. Pero además, como no sólo de la palabra vive el hombre, a esa fuerza moral y a ese movimiento de despertar latinoamericano –e indígena- se le unieron las reservas petroleras de Venezuela y las gasísticas y minerales de Bolivia. Un modelo político con fuerza moral puede ser romántico. Un modelo político con fuerza moral que además tenga capacidad productiva es romántico y realizable. Bien lo sabía Allende, el Salvador.

Bolivia –Evo- nacionalizó sus reservas de gas y ha comenzado una política de devolución del negocio hacia el Estado que levantó suspicacias en los sectores tradicionales de poder boliviano. Existen ciertas provincias bolivianas –las más ricas- que reclaman su independencia del Estado boliviano y convocan referéndum para exigir a la población que se movilice contra la Bolivia de Evo. Estas provincias son de mayoría blanca frente a una Bolivia moralizada en la que el rostro del blanquito poderoso ha sido cambiado por la del indiano recién llegado de la mina.

En estas circunstancias se destapó el pasado mes de Abril un complot para asesinar a Evo Morales urdido en la ciudad de Santa Cruz. Esta trama sin duda había aprendido del fallido golpe de 2002 contra Hugo Chávez en el que se pretendió conseguir el poder y detener al presidente. Ahora lo que se intentaba en este segundo intento de atentado a Morales era directamente acabar con su vida. Descabezando el liderazgo que Morales ha venido cultivando desde sus tiempos como cocalero, se pretendía que Bolivia volviera por su buena senda.

En un principio se hablaba de la presencia de cinco mercenarios extranjeros, irlandeses y húngaros. Sin embargo las informaciones aparecidas justo una semana después indicaban la presencia de croatas entre estos miembros del complot desactivado. De ser así encontraríamos la presencia de irlandeses –seguramente ex miembros del IRA dedicados al negocio internacional- y húngaros sin aparentes intereses en Bolivia. Y también de croatas, tradicionalmente conocidos como traficantes de armas en la región pero que históricamente tienen mucha relación con los negocios de materias primas en Santa Cruz, en donde existe una comunidad importante de población de esta parte del mundo.

Todo recuerda, poco a poco, a esas historias de líderes africanos asesinados nada más regresar a sus países de visita oficial a un vecino. Triste final sería este para un modelo que, si bien ni ellos mismos saben a dónde va, merece una oportunidad. Aunque sólo sea por ver hasta qué punto se logra uno salpicar este capitalismo salvaje de encima.

miércoles, mayo 20, 2009

Esperando el voto de las fieras, de Ahmadou Kourouma

Puede que cuando se hable de las grandes literaturas no se tenga en cuenta la tradición literaria de África Subsahariana. Quizás esto pase debido a una doble cualidad de las literaturas africana. Por una parte éstas suelen estar escritas en lenguas no africanas, en francés e inglés principalmente, pero también en portugués y en castellano. Además, hay que tener en cuenta que esta tradición literaria posee la característica de no ser literatura escrita. La oralidad de las historias africanas –bellos ejemplos abundan- no hace que se pierdan las lecciones y conocimientos que ellas explican, pero impide que ese Humpty Dumpty de la modernidad literaria que constituye la crítica occidental sea capaz de abordarla y de estudiarla, al menos al mismo nivel que otro tipo de literaturas menos relevantes.

La cualidad de no escribir en lengua africana no debería impedir que se considerara la literatura africana un conjunto independiente. En lengua castellana nadie oculta las diferencias entre la literatura española, la literatura argentina o la colombiana. Cada conjunto dispone de una serie de características que permiten su estudio y su consideración, además de potenciar su edición y distribución dentro de diversos mercados. Otro tanto sucede con las literaturas en lengua inglesa. Es muy dudoso que se pudieran meter en el mismo saco las literaturas norteamericana o inglesa de finales del XIX, como también que formen un solo conjunto los relatos australianos y los jamaicanos a pesar de tener el mismo medio para comunicar su mensaje. Por tanto, habría que obviar en qué lengua se emite tal o cual relato y comenzar por anclar el mismo a un tipo de tradición literaria y no a otra. [Leer más]

sábado, mayo 16, 2009

Una tarántula sobre dos ruedas

Casi once años después de que James Dean perdiera el control de su Porche Spyder 550, apodado “The little bastard”, otro joven que conmovía por su trabajo artístico estuvo también al borde de la muerte. La pequeña frontera que cruza entre lo vivo y lo muerto fue cruzada por un segundo por Bob Dylan al lomo de una preciosa Triumph 500. Esta motocicleta británica, como la que llevara Marlon Brando en ¡Salvaje! (1953) o Steve McQueen en La gran evasión (1963), se convertía así en parte de la mitología del Rock n’ Roll.

Dylan había comenzado su carrera en 1962 con la publicación de su primer álbum y cuando para 1965 publicara Like a Rolling Stone –una de las mejores canciones de todos los tiempos- ya estaba convertido en una estrella del mundo de la música gracias a sus ritmos cercanos al folk y al country pero sobre todo gracias sus letras. Sus canciones eran capaces de describir el modo de vida norteamericano, el verdadero y alejado de los clichés. Dylan era capaz de establecer un diálogo entre su música y el oyente que se firmaba con un pacto: su público se sentaba a escuchar y Dylan les contaría historias reales.

Con la publicación de The Lonesome Death of Hattie Carroll en su tercer disco allá por 1964, Dylan denunciaba los problemas raciales y de clase que se sucedían por toda Norteamérica. Hattie Carroll, camarera negra del Estado de Maryland, era madre de 11 hijos y trabajaba en el Emerson Hotel de Baltimore. La noche del 9 de Febrero de 1963 tuvo la mala suerte de cruzarse en sus quehaceres laborales con William Devereux Zantzinger, empresario del tabaco de 23 años de edad y que, completamente bebido, portaba un bastón con él. Billy no tuvo mejor idea que pasarse por el hotel a seguir bebiendo y tras insultar a Hattie exigió que le sirviera un whiskey. Impaciente por lo que según él era una tardanza injustificable en el servicio, Billy apremió a la camarera a bastonazos por todo el cuerpo mientras la llamaba “estúpida puta negra”. Horas más tarde, Hattie, aquejada de una hemorragia cerebral ocasionada por los golpes del bastón de Billy, moría en el hospital de Baltimore. En un principio Zantzinger fue acusado de asesinato pero tras alegar que estaba completamente bebido, la sentencia se redujo a asalto y por tanto su condena no pasó de los 6 meses. Un precio que su mujer consideraba muy alto pues “nadie trata a sus negros como lo hace Billy”, decía.

La canción de Dylan es capaz de arrastrarnos a esos momentos. De ponernos en la cansada piel de Hattie tras una jornada de trabajo. Del miedo de encontrarnos con Zantzinger. Pero también juzga al oyente. Juzga el sistema de valores que le cobijan y le dicen que ya es demasiado tarde para ponerse a llorar. Por este tipo de respuestas ante el camino por que el giraba la sociedad norteamericana, Dylan era considerado no sólo un excelente músico sino también un reputado poeta urbano, una persona con dotes para la creación literaria.

En 1965 la editorial Macmillan encargó a Bob Dylan la elaboración de una novela. El salto del músico al campo de la literatura estaba preparado cuando el 29 de Julio de 1966 los frenos de esa Triumph 500 no funcionaron debidamente y Dylan se fractura diversas vértebras en una carretera cercana a su casa de Woodstock, en el Estado de Nueva York. El accidente supuso un parón en la producción de la novela. Si bien ya estaba escrita, la editorial tenía ya preparadas una serie de pre-ediciones que irían destinadas a los críticos literarios y periodistas de todo el país con la comercial idea de alimentar la expectación periodística ante el probable lanzamiento de la novela en otoño de ese año.

El accidente supuso que Dylan decidiera suspender absolutamente todo los proyectos en los que andaba inmerso –musicales, literarios e incluso televisivos- para asegurarse una correcta recuperación. El parón fue de tal calibre que la editorial tuvo que buscar distintas ubicaciones para esas pre-ediciones, esperando que el autor estuviera disponible para salir de gira por el país a promocionar la novela. Sin embargo, en una de esas reubicaciones, la editorial Macmillan dejó escapar las pre-ediciones de su poder y la novela comenzó a ser distribuida bajo cuerda. Innumerables copias de esas ediciones para periodistas comenzaron a popularizarse entre los cientos de miles de seguidores de Dylan, convirtiendo la novela en una lectura obligada y fácil de conseguir y paralizando aún más el proyecto.

Tarántula, que así se llamaba la novela de Dylan, era un escrito de diálogo interior del artista muy a la moda beat del momento. Algo completamente ilegible e inentendible que chocaba con la calidad de Dylan como poeta urbano y crítico de su tiempo. Esto, junto al hecho de que Dylan estuviera seriamente agobiado por la cantidad de trabajo acumulado que tenía y las dificultades para saberse expresar en otros medios que no fueran los musicales, permitió que se abrieran las conjeturas sobre la veracidad del accidente.

Varios periodistas investigaron y encontraron que no había habido ninguna ambulancia solicitada en la fecha del accidente para la zona señalada. Al tiempo, no había ningún ingreso en el hospital ni, por supuesto, ningún parte médico salvo el proporcionado por el propio Dylan a la prensa. Las especulaciones, que aún hoy continúan, versan sobre la posibilidad de que un Dylan sobrepasado por el volumen de su trabajo y abrumado por la mala calidad de su novela, fingiera un grave accidente de tráfico para ocultarse durante un tiempo y comenzar casi desde cero.

Finalmente la novela vio la luz en 1971 –en castellano hay una edición de Global Rhythm de verano de 2007-, pero sin la promoción del autor y con la conciencia por parte de la editorial de que el éxito comercial de la misma estaba más que descartado.

Un accidente, un mito, que no hizo sino colocar un aura de misterio y prestigio a la ya conocida motocicleta británica que hoy día ha vuelto a sembrar nuestras calles de romanticismo.

[Foto en formato grande en barcelona situacionista]