jueves, diciembre 27, 2007

Tiempos modernos

Lo quiero para hoy. Sí, la rapidez es lo que cuenta. La eficiencia, más que la eficacia. El fast food se ha traspasado a todos los ámbitos de la vida diaria y, claro, con consecuencias previsibles. Los oficios artesanos, esos que señores que tardan más en hacer las cosas –aunque las hagan bien- ya escasean por su poca rentabilidad económica. La fabricación en serie era lo más en el pasado. Nadie quería los viejos muebles recios pero obsoletos. Los que tenían dinero se compraban los muebles fabricados por las máquinas, por esos inventos del hombre blanco que facilitan la vida. Y mientras los artesanos desapareciendo y subsistiendo a base de formar a los hijos.

Como todas las modas, el vulgo la abrazó en cuanto tuvo posibilidades. Las máquinas hacían las cosas tan bien, que el dueño de la humeante fábrica pudo bajar los precios a cambio de aumentar las ventas. El populacho pudo por fin acceder al fruto del trabajo de las maquinas y del progreso, y todo resultó muy descorazonador para las clases altas. Ellos no podían sino irse al otro mercado, al que quedaba con los precios más caros, y los muebles más buenos. Comprando el producto artesanal, ahora sí que a precio de oro –o de kilo de tomates, que son sinónimos-, el vulgo quedó sentado en los sofás en cadena y los ricos en la mecedora de toda la vida.

Pero no en todos los comercios fue todo igual. Siempre había quedado un ámbito reservado al conocimiento de la profesión y la artesanía. La selección natural de la sociedad seguía premiando a quienes defendían un sistema de vida sin prisas desde el mostrador de una librería. Sus conocimientos no se limitaban a saber qué era lo que vendían, sino a conocer en qué podían ayudar a quienes los adquirían. Medicamentos para el alma sin santera de por medio. Un lujo antiguo en tiempos modernos, amenazado por el comercio francotirador de toda la vida, es decir, por esos inmensos edificios que hacen cosquillas al cielo sin importar que no dejen ver nada.

Porque las amenazas a la profesión del librero han estado ahí desde que se inventó el concepto de gran cantidad y el yo te compro muchos y tú me los dejas más baratos, desde que la competencia desleal del imperio comercial se sentó a la misma mesa que el artesano de la lectura, y éste recibía capones a la hora de acercar la cuchara al plato, para que picara menos y respetara más a los mayores. Como antes se comía en los pueblos, todos sentados en la misma mesa y un plato grande en medio para todos. La diferencia estribaba en que las cucharas no eran las mismas. La del grande era más bien un cazo, del metal más moderno, capaz de comerse cualquier cosa con tal de llenar la gran panza. La del artesano de la página era de madera, pequeña e ideal para seleccionar con cariño y con gusto el bocado necesario. La lógica de la mesa diría que el cazo pudo con la cuchara de madera, pero no. Siempre han quedado quienes gustan de ser degustados por las explicaciones. Quienes agradecen que les ayuden a encontrar su ideología, que les enseñen a apreciar las opiniones diferentes, quienes desean que su percepción moral sea deliberadamente torpedeada por aquel caballero del mostrador.

Así se hacen grandes las pequeñas librerías. Así se logra la subsistencia de un negocio romántico, con capacidad para dar de comer a muchas bocas inteligentes no por lo rápido que trabajen sino por lo pausado de sus reflexiones. Por su querencia a perder el tiempo explicando algo a quien le quiera escuchar. Y así se hizo grande la librería Fuentetaja, sita en la matritense calle de San Bernardo. Una librería donde el primer día que se entraba uno permanecía con la boca abierta al ver tanto respeto por el libro. Todos bien colocados en sus estanterías, cada uno al lado del que le correspondía y sin voluntad de sobrevivir al otro. Siempre era un placer recorrer los esquinazos de la librería más retorcida de todo el centro de Madrid. A mediados de año los que nos enamoramos de ella teníamos el alma en vilo al saber que el edificio en el que se alojaba debía ser vaciado y reconstruido. Los que no son de Madrid quizás no sientan esa aflicción por las noticias de renovación de algún edificio, pero es que los matritenses estamos más que acostumbrados a que eso signifique que el edificio lo ha comprado Zara y que los comerciantes de antes se han ido a su casa sin trampa ni cartón.

Sea como fuere, los miedos se desprendieron cuando nos enteramos de la refundación de la librería. El edificio iba a ser restaurado, pero en su lugar no habría un Zara o un Starbucks –hecho este último insólito al tratarse de un local en el centro-, habría una nueva librería Fuentetaja, una más grande, con capacidad para más libros, cafetería en donde encontrar el café de siempre, y no el más caro del mundo, y locales donde aprender a escribir y dialogar con los autores. Un centro de libros abierto al transeúnte, paseante, curioso excitado por el encuentro y por tanto que nos queda por saber. Mientras esto se convierte en realidad la librería se trasladaba a otro local, provisional y un poco más cerca de la Gran Vía, en donde las realidades de la cafetería y el aumento del espacio eran sustanciales. La experiencia piloto de comenzar una nueva fase en la librería estaba en marcha y, he de confesar, para alguien que se ha visto forzado –aunque no en contra de su voluntad- a ser librero durante casi un año esta perspectiva resultaba emocionante.

Sin embargo el primer encuentro resultó un tanto decepcionante. Uno esperaba algo parecido al primer beso de la novia regresada de ERASMUS, que no recuerdas cómo te besaba hasta un instante antes de tocar sus labios con los tuyos. Pero en realidad nos encontramos con que la novia en lugar de volver más guapa y más europea, ha vuelto más gorda, llena de acné y con un nuevo novio extranjero que jamás la querrá como tú la quisiste. Al ojo del librero aficionado que fui, las estanterías estaban vacías, con títulos imprescindibles que ya no estaban. Rincones muertos en donde bien podrían ir las recomendaciones de los libreros. Secciones absurdamente grandes para el catálogo de libros que hoy se maneja sobre esa materia. Y una cafetería desierta, a donde da miedo acercarse por el qué dirán.

Hoy nos enteramos de que estos y otros motivos más vacuos pero tremendamente importantes como son los salarios han ocasionado una huelga de libreros en Fuentetaja para la que el mundo de hoy seguro que no está preparado. Que un librero se ponga en huelga significa que alguien que vaya se podría llevar el libro equivocado. Una cosa que se paga cara con el bolsillo pero más cara aún con el alma. Porque el tiempo perdido es eso, perdido, y no se puede recuperar por más que se intente aprovechar el tiempo presente. Pluscuamperfecto obliga.

Un despido y una pancarta frente a la librería han sido hasta ahora los resultados de la huelga. Pero las consecuencias pueden ser peores, pues la realidad es que uno ya no va tan a gusto a un sitio que sabe es propiedad de un especulador inmobiliario sin alma –si tuviera alma seguro que pondría la librería a la altura que merece. Y a sus libreros también.

lunes, diciembre 17, 2007

Un Euro por Navidad

Lleva uno días haciendo cuentas para saber qué presupuesto tiene para Navidad cuando así, sin esperarlo si quiera, llega el Vicepresidente Económico y Ministro de Economía y Hacienda Pedro Solbes y te suelta por televisión que no he interiorizado el euro y –esto es lo mejor- que él ve dejando propinas de 1€ a la gente por un café –que digo yo que les estarán cobrando el café a 3€ porque si no, no lo entiendo.

Estas afirmaciones me dejaron estupefacto. No conocía yo que mis problemas con el paso de la vida adolescente a la vida adulta –escenificado sobretodo por el tamaño de las facturas- se debiera principalmente a mi interiorización del euro. De manera que me puse a echar cuentas en voz alta, porque yo cuando me pongo a contar sigo haciéndolo como en el colegio -4 en la mente y tres en la mano-, a ver si sabía lo que es un euro o no. Y me dije…

822€ - es decir, 136.769 pesetas- al mes he cobrado durante mi anterior trabajo. De los cuales 600€ - 99.831 ptas.- eran el salario base –cotizable- y el resto extraños pluses que nunca supe bien qué querían significar, pues en la nómina venían abreviados. Con ellos he pagado un alquiler de 700€ al mes o 116.470 ptas., eso sí, a medias con mi pareja de hecho, por un apartamento en mi barrio de Madrid detodalavida, el cual por cierto tiene fama de poseer una gran población inmigrante. Lo digo para que nadie se piense que estoy en un barrio de a duro, sino en un barrio obrero de siempre.

Bien, restando a mi sueldo mi parte del alquiler, me quedan 472€ ó 78.534 ptas. con las que tengo que pagarme la comida, la luz, el agua, el gas y el internet. Este último a precio de oro, pero se paga muy a gusto para que no nos llamen e-analfabetos y la estadística de España dentro de la Unión Europea sobre hogares familiares con alta velocidad no se joda. Que al fin y al cabo todos tenemos que aportar y además esto de los blogs me mola mucho. Para todas estas facturas, mi chica y yo pensamos que con poner el equivalente a 33.277 ptas. en euros nos valdría. De manera que a esos 472€ le restamos 200€ y ya tenemos 272€ o 45.257 ptas. restantes.

No está mal, dirán Uds., pues me quedan casi 300€ para pagar los caprichos, la ropa, el móvil… Pero no. Resulta que uno que me sé yo le dio por estudiar un Master de lo suyo el año pasado. No es que le entusiasmaran los cursos de postgrado que dan –o regalan- en las Universidades españolas, pero puestos a pensar en el futuro, el que suscribe esto pensó que quizás con un Master podría llegar a cobrar al menos 1.000€ -166.386 ptas.- por un trabajo en el que sintiera útil y que le permitiera levantarse por las mañanas. Así, además, podría sentirme representado por esa defensora del joven español como es la millonaria y planetaria Espido Freire, y llamarme a mi mismo mileurista, y comprar en las tiendas de la calle de Fuencarral para sentirme más guay, y pensar que cuando cumpliera 35 todo iría a cambiar. A mejor, claro. El caso es que para estudiar el Master este señor que soy yo tuvo que pedir un crédito blando a la BBK. Y menos mal que fue blando, vamos blando, blando, blando, que leyendo las condiciones del préstamo los de la caja vizcaína parecían mis abuelos dándome un dinero que saben que no les voy a devolver nunca. Unas condiciones sin igual, oigan. Con todo, este año pago al mes 114, 50€, o lo que es lo mismo, 19.051 ptas. Nos quedan entonces 157,50€ ó 26.205 ptas. para poder llegar a fin de mes, ahorrar, tomarse unas cañas, comprarse algún libro, irse de viaje al estupendo casino de los Monegros y, no nos olvidemos, pagar a Hacienda lo que les corresponde.

¿Pagar a Hacienda? Quizás se piensen que el_situacionista se ha vuelto loco y que no sepa que las rentas de su calibre están exentas de declarar ¿verdad? Pues el_situacionista bien lo sabe, pero también es consciente de que habiendo dos pagadores, Hacienda mete el cuezo porque le da la gana. Y así resultó que la chica de el_situacionista tuvo que pagar en Junio de este año un total de 150€ a la Señora Hacienda, que es de todos. 24.958 ptas. de las de antes, el 21% de su nómina mensual por culpa de haber querido cambiar de empleo buscando un jefe que la respetase algo y no le pusiese pegas por tener que ir a un examen. Es decir, que con un sueldo base de 700€ -116.470 ptas.- y un alquiler de 400€ -66.554 ptas.-, amén de una imaginativa contabilidad hogareña que la permitió llegar a fin de mes -que ya la querría para su central nuclear el Sr. Burns-, la chica de el_situacionista no pudo sino que pedir prestado para saldar sus cuentas con la justicia económica. Y es que el contrato basura y el cambio de empresa sale caro, se lo digo yo.

Luego me dirán que la economía española va mal, que es que no consumimos lo suficiente, que además como soy joven debo de tener paciencia porque en el futuro todo irá mejor. Que es mejor alquilar que comprar, aunque debo de hacer un esfuerzo y comprar, comprar y comprar vivienda aunque se sepa que los tipos van a seguir subiendo porque así los constructores no pierden dinero y por tanto todo va mejor. En definitiva, que me joda y baile si no me gusta la vida laboral, porque no todo va ser jauja.

Tampoco es que pida que esto sea jauja, o que el monte se cubra de orégano. La verdad es que ver cómo la sociedad es menos receptiva a las necesidades de sus miembros resulta frustrante para un científico social en formación. Pero lo que más frustra a cualquiera es el observar cómo se lo ponen más y más difícil a todos aquellos que tratan de prosperar, cómo el beneficio de unos pocos prima sobre las dificultades de unos muchos. Cómo los sueldos altos crecen y los bajos se estancan. Cómo, en definitiva, la gente lo tiene más y más complicado para salir adelante y desde los poderes públicos nadie hace nada, o lo que hace viene motivado más por el interés electoralista que por la voluntad de ayudar. O vienen encima con cachondeitos.

En fin, Feliz Navidad Señor Vicepresidente Económico y Ministro de Economía y Hacienda. Y váyase a la mierda.